Yamaha V-Max de 1985, una bestia V4 de la aceleración
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Prueba moto histórica: Yamaha V-Max de 1985, una bestia V4 de la aceleración

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YAMAHA V-MAX DE 1985
Santi Díaz

La Yamaha V-Max de 1985 es una moto difícil de clasificar, nacida para ser la reina de la aceleración es, sin ninguna duda, toda una leyenda.

Cuenta la leyenda que la historia de la V-Max comenzó en un puente del río Mississipi, en Lousiana. Allí estaba un grupo de ingenieros japoneses en 1980 que viajaron a USA en busca de ideas, observando a la fauna local: los típicos chicos duros con cazadoras de cuero negro, que hacían carreras de aceleración.

De esta forma trataban de contrarrestar lo “duro” que era para ellos no poder sobrepasar la limitación de las 55 millas por hora, es decir 88 km/h. El viaje hasta Louisiana lo planificó Ed Burke, considerado el padre de la V-Max que entre otros trabajos había desarrollado la XS 650 Special.

La Yamaha V-Max de 1985 fue una muscle bike que rompió esquemas

Burke explicaba en una ocasión que antes de viajar a Louisiana tenía una idea de lo que quería, que no era más que una versión de un V8 automovilístico traspasado a una motocicleta. Para fabricar una moto sobre las que según sus propias palabras se “cabalgara sobre un motor” la solución pasaba inevitablemente por un V4.

YAMAHA V-MAX DE 1985

La estampa de la V-Max es brutal.

Lo que no imaginaron los responsables del proyecto, es que a pesar de que originalmente se diseñó para el mercado americano, a la larga la V-Max sería una moto aceptada por todo el mundo y que llegó a Europa gracias al inquieto Jean Claude Olivier, entonces presidente de Yamaha Motor France.

A mitad de los años 80 en un viaje a Japón, Olivier vio un prototipo de la V-Max y se quedó impresionado. A pesar de que entonces era un modelo exclusivo para los USA, importó unas pocas unidades para sus amigos: así nació el imparable fenómeno de la V-Max.

La V-Max pasó a ser un icono no sólo en USA, sino también en Europa y Japón. Francia y Alemania a pesar de la limitación de potencia de sus mercados, la idolatraron de forma especial. Y hasta hoy en día sigue habiendo preparaciones especiales sobre este V4, aunque más d elaúltima versión, ya descatalogada.

YAMAHA V-MAX DE 1985

En marcha es algo cabezona en curvas.

En el año 86 en Francia se vendieron casi 600 unidades y en 1990 más de 1.300. A España llegó en el año 90 y se comercializó la versión que ilustra este reportaje, originalmente limitada a 100 CV.

Nacida para el mercado estadounidense, importada a Europa por la presión de Yamaha Franca

El resultado del concepto de Burke, cabalgar sobre un motor como premisa, es posiblemente el motivo de la elección del espectacular motor V4 que, sin duda, condiciona la estética de esta moto de leyenda. Un propulsor heredado de la Venture Royal que era una gran Tourer de Yamaha, al que entre otras cosas se trataron cigüeñal bielas y pistones para disminuir inercias.

Su motor cuatro cilindros en V a 70º, DOHC y de 1.198 c.c. llegó a España en versión limitada, lo cual supuso toda una contradicción para los apasionados. ¿Por qué capar una moto que nació para llegar lo más rápidamente posible de un semáforo a otro?

YAMAHA V-MAX DE 1985

Si aceleras fuerte, ¡agárrate!

Pero como casi siempre sucede en estos casos la mayoría de los propietarios de este modelo la liberaban subiendo la potencia hasta los 125 CV al embrague, simplemente cambiando los surtidores de alta y eliminando los topes de 13 mm de las membranas de los carburadores. Con esta modificación no se alcanzaban los 145 CV de la versión “full” pero sin ninguna duda la V-Max cobraba más sentido y ganaba en prestaciones puras.

En cualquier caso, seguía quedando lejos de la versión “full power” con 145 CV que se conseguían con el sistema denominado “V Boost”, por el que con una válvula de mariposa accionada por su servomotor, intercomunicaba los conductos de admisión delanteros y traseros. La versión de 125 CV como la que ilustra este reportaje aceleraba de 0 a 1.000 metros en 21,6 segundos.

La potencia de su motor V4 se incrementaba bruscamente con el sistema V-Boost

La V-Max es una sorprendente combinación de espectaculares componentes que no te dejan indiferente. Con un aire diabólico y su vez elegante, destacan y brillan con luz propia, desde las llantas semi lenticulares con discos ventilados, hasta las tomas de aire del falso depósito, único elemento de plástico pues todos los cromados son auténticos, pasando por los escapes o las tapas laterales.

YAMAHA V-MAX DE 1985

El motor V4 domina la estética.

El pequeño depósito de combustible está situado debajo del asiento y para acceder al tapón, se tiene que activar una curiosa trampilla abatible situada bajo el asiento del pasajero. El consumo es uno de los problemas de la V-Max y su autonomía es de poco más de 160 km con un depósito en el que caben 15 litros.

Un detalle curioso es que la reserva se activa eléctricamente a través de un interruptor situado bajo el puño de gas. En esta versión la tapa del depósito cromada es opcional.

En el motor V4 los contrastes entre el negro y los pulidos ganan protagonismo y su estructura en V de generosas dimensiones tiene un fuerte impacto visual y también impacta (¡mucho!) cuando abres el puño del acelerador con las manos en alto y los pies adelantados.

YAMAHA V-MAX DE 1985

Por ella no pasan los años…

Sentir la aceleración de esta V-Max sentado con los pies por delante y las manos elevadas, es una sensación brutal

El chasis es un doble cuna de acero con unas geometrías de 28º de lanzamiento en la pipa de dirección con 119 mm de avance y, la verdad, es que todo ello es una curiosa y exclusiva combinación en la que no falta una rueda de 18” delante en combinación con la trasera de 15” y su impresionante neumático de 150”.

Las suspensiones son un conjunto formado por una horquilla telescópica de solo 40 mm de diámetro y dos amortiguadores traseros regulables en hidráulico y precarga de muelle.

Con su instrumentación casi minimalista sentado en el asiento de piel con muy poco espacio para el pasajero, llama la atención lo bajita que es de asiento, su larga distancia entre ejes, o la posición de las manos en alto.

YAMAHA V-MAX DE 1985

La instrumentación tiene esferas de fondo blanco.

El cuadro de instrumentos sobre el depósito de combustible con dos relojes muy pequeños para el cuentavueltas y un indicador de temperatura del agua, además de seis chivatos muy básicos, contrastan con la esfera de fondo blanco del velocímetro situada en el centro del manillar, que en cierto modo le da un punto elegante.

El que sea bajita de asiento facilita maniobrar en parado y la verdad es que sus 275 kg se notan a la hora de moverla y lógicamente, también en marcha.

La V-Max es una muscle bike con pinta de custom, una curiosa mezcla de dos mundos

La posición de conducción es muy original pues sin ser la de una custom al uso, los pies quedan adelantados y ligeramente levantados lo que, con el manillar elevado y el asiento bajito, uno se siente un poco extraño al principio.

Pese a todo y a su geometría de dirección propia de una chopper, pero no radical, la V-Max en marcha sorprende por su relativa facilidad de conducción, incluso entre curvas. Eso a pesar de que monta una rueda de 18” delante y un neumático súper ancho de 150” detrás, lo cual no es desde luego, además de su larga distancia entre ejes, una combinación muy académica…

Algo pesada en las curvas lentas, a un ritmo más o menos alegre en una carretera de curvas rápidas mantiene bien la compostura. En zonas bacheadas las suspensiones son demasiado blandas y la frenada yo diría que es más que digna por ser una moto de hace casi 30 años.

YAMAHA V-MAX DE 1985

El grueso neumático trasero parece el de un automóvil muscle bike americano.

A nivel de motor la verdad es que es toda una explosión de buenas sensaciones. No tuve la oportunidad de probar la versión “full” de 145 CV, pero esta versión con sus 125 CV, además de tener una aceleración muy brillante, el tacto del motor en V es súper agradable y tiene un punto diabólico…

Por debajo de las 5.000 rpm el V4 no es muy contundente sino más bien se muestra suave y agradable, vibra poco (muy poco) puesto que monta un eje de balance. Tiene una buena recuperación; a partir de las 5.000 sube de vueltas vigorosamente, pero conservando la suavidad. Su aceleración es realmente brillante, aunque lógicamente no consigue las cifras de la versión “full power” que dicen que cuando entra en acción el V-Boost, parece que se conecte el turbo

La llanta trasera de menor diámetro que la delantera, el depósito bajo el asiento, la transmisión por cardán… Está repleta de peculiaridades

Algo lenta de reacciones pues cuesta un poco hacerla entrar entre esquinas de un boulevard, en curvas más rápidas de carretera abierta parece encontrarse más cómoda y me sorprendió que una moto que nació para sorprender por su aceleración guardara la compostura en tramos revirados con buen piso.

Las suspensiones están pensadas para que sea esta una moto confortable. No le gustan las zonas rizadas pero su horquilla con las barras de solo 40 mm de diámetro y los amortiguadores poco sensibles a los reglajes, te permiten viajar con relativo confort.

YAMAHA V-MAX DE 1985

La transmisión final es por cardán.

Eso sí: si aceleras con decisión agárrate fuerte porque este diabólico aparato convertido en leyenda te empujará con una agradable sensación de violencia. Son las sensaciones únicas de una moto convertida en leyenda.

El propietario, Santiago Mondelo

“La tenía en la cabeza”

Santiago Mondelo tiene 48 años, vive en Terrassa es Ingeniero de Ventas (electrónica) y además de esta preciosa V-Max tiene alguna clásica más como una Yamaha RD 350 o una BMW K75.

Es un hombre tranquilo al que le gusta hacer mecánica, restaurar y meter mano en las tripas de las motos que posee. Ha sido propietario de varias motos desde que con 16 años adquirió una Vespino. Recuerda especialmente una Honda NSR 125 o una CBR 600.

Esta V-Max la adquirió a través de un cambio. “La cambié por un Jeep Wrangler. La V-Max hacía mucho tiempo que la tenía en la cabeza. Estaba muy entera y original, pero le hice una revisión. Entre otras cosas cambiamos algunos retenes y reparé con Carlos, un amigo experto en restauraciones, el eje del cardán.

Fue una reparación artesanal, pero funciona. Una avería bastante común en las V-Max por la que en un concesionario te pueden llegar a pedir 1.700 euros. A mí me costó unos 200 euros”, recuerda. “Hace relativamente poco me hablaron de Siscu, un apasionado de la V-Max que además es mecánico en BCMotos, concesionario oficial de Yamaha en Barcelona. La llevé para que le hiciese un repaso a la mecánica y tengo que decir que la moto ahora es otra; suave, enérgica y con mucho carácter. Estoy encantado con el resultado, funciona como debía hacerlo cuando era nueva. Hace que tenga ganas de que llegue el fin de semana para dar una vuelta con ella”.

Ficha Técnica

Motor: V4 70º, 4T, LC, DOHC, 16V
Cilindrada: 1.198 c.c.
Diámetro x carrera: 76 x 66 mm
Potencia máxima: 125 CV a 8.250 rpm
Alimentación: 4 carburadores Mikuni a depresión
Cambio: Cinco velocidades
Embrague: Multidisco en aceite
Transmisión: Por cardán
Chasis: Doble cuna de acero
Basculante: Doble brazo con cardán
Suspensión delantera: Horquilla telescópica 40/140 mm
Suspensión trasera: Dos amortiguadores 140 mm
Freno delantero: Doble disco 280 mm, pinzas de dos pistones
Freno trasero: Disco 280 mm con pinza de un pistón
Neumáticos: 110/90-18” y 150/70-15”
Longitud: 2.300 mm
Distancia entre ejes: 1.590 mm
Altura asiento: 765 mm
Capacidad depósito: 15 l

 

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