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Yamaha R1M: De videojuego

La estética, los materiales y los acabados de la nueva R1M suben cien peldaños de golpe en la escalera directa hacia las mo­tos del futuro. Yamaha ha dado un golpe maes­tro sobre la mesa de juego y rompe la baraja abriendo el camino de cómo serán las motos su­perdeportivas a partir de ahora. Hasta la fecha, la electrónica se manifestaba en las motos es­tándar de manera intrusiva, notando sus efectos. Sobre la Yamaha, la cosa cambia, ya que toda la gestión y sus efectos pasan desapercibidos para el piloto.

Esta es una de las bazas más importantes y que destaco más de este modelo, más que sus otras virtudes, como excepcional potencia, ex­traordinaria estabilidad y manejabilidad y esté­tica superior. La versión M es la que lleva todo el equipa­miento posible en cuanto a suspensiones y electrónica. Es lo más cercano a una moto de MotoGP que un usuario cualquiera de calle puede llegar a experimentar, ya que todos sus componentes son de alta tecnología y provienen de la competición.

Recordemos que esta moto equipa sistema ERS –Electronic Racing Suspension– de con­trol electrónico de la suspensión Öhlins que per­mite almacenar y gestionar datos de lo que ocu­rre en pista, así como un sistema IMU –Inertial Measurement Unit, unidad de control inercial– de 6 ejes, con sensores giroscópicos y de fuer­za G, y análisis de datos 3D que controlan todos los movimientos, derrapes y wheelies. Además, el nuevo motor tetracilíndrico en línea transver­sal con cigüeñal Crossplane entrega 200 CV, no falta el ABS deportivo con freno combinado, y su chasis Deltabox es más corto entre ejes, equipa un basculante de aleación de magnesio, carenados de fibra de carbono y una pantalla totalmente digital estilo carreras.

Con este conjunto se ha reducido el peso has­ta unos 180 kg en vacío, una cota nada despre­ciable que seguro que el piloto más racing agra­dece y que permite una mayor manejabilidad en cualquier situación, pero sobre todo en las maniobras de frenada y cambios de dirección.

Viaje a la Meca
 

Aprovechando la visita al circuito Le Caste­llet Paul Ricard, circuito con la recta más larga donde jamás haya rodado (1,8 km), y dentro del comparativo que organizamos conjuntamente con la revista Moto Revue, pude pilotar los con­trolados caballos de esta extraordinaria unidad de equipamiento full equip.

Los detalles que me sorprendieron en un pri­mer momento fueron la exquisitez de las fibras y acabados y la pantalla digital que te da toda la información de la gestión de la moto y del rendi­miento en marcha con una magnífica claridad y eficacia. Es una pantalla totalmente digital que se lee siempre con claridad y contraste y que te acerca al más alto nivel de gestión sobre una moto.

Después de este primer vistazo, me fijé en otro detalle destacable: los conductos que conec­tan la parte superior de las regulaciones de la espectacular horquilla Öhlins. Estas están co­nectadas con las unidades de control y actividad electrónica para su autogestión. La posición de conducción es la mejor y más cómoda que he experimentado sobre cualquier otra moto de si­milares prestaciones. Tienes un espacio óptimo entre el carenado, semimanillares y posición de las piernas al depósito. No quedas especialmente inclinado hacia delante, sin cargar demasiado el peso sobre la dirección, parece que el cuerpo quede neutro sobre el asiento.

Menos estrés
 

Al contrario de algunas opiniones que defien­den el puro pilotaje sin asistencia electrónica, me decanto hacia la posición contraria, que todas las motos funcionen con la misma preci­sión y control para solo centrase en pilotar sin riesgos de salir por los aires. Cuando uno sabe pilotar, sea como sea, reconoce que con una electrónica tan poco intrusiva y precisa como la de la R1M se puede disfrutar y correr muchí­simo, elevando el nivel de pilotaje a otra dimen­sión y, lo más importante, reduciendo los errores a la mínima expresión.

Estamos hablando de una moto destinada a usuarios deportivos amateur que no tengan la misma posibilidad de entre­namiento que un profesional: en esta tesitura, la electrónica juega un papel importantísimo. También los profesionales de nueva generación están adaptados a este tipo de gestión y lo que probablemente suceda es que los tiempos sean más rápidos y el riesgo disminuya, gestionando la electrónica en el límite de la física y dejan­do que la moto deslice o avance como el piloto decida.

Cuando el motor de la R1M se puso en mar­cha, la secuencia irregular del Crossplane trans­formó mis instintos. Este sonido es tremenda­mente peculiar, es lo más similar a un motor V4. Detectas que algo se cuece en su interior que desatará una fuerza original distinta a lo habitual.

Entré a la pista con la confianza de que su equipamiento me asistiría en todo momento. Durante los primeros giros solo la dejé rodar a ¾ de rendimiento y correr en las curvas sin apu­rar el motor para hacerme al volumen. En estas vueltas me di cuenta de la dulzura e intensidad de la aceleración sin importar el régimen ni la marcha que tuviese. En las curvas más cerradas, donde la moto se para más de velocidad y las aceleraciones se convierten en más agresivas, con la R1 no ocurría nada más que un empuje descomunal en el momento preciso. No puedo describir con palabras lo rápido que avanzaba en cada aceleración sin que el neumático y el culo de la moto se desestabilizasen.

Modo avión
 

Esta función que nos suena de los smartphones es la que podríamos apli­car, pero en el sentido contrario, en la R1M. Cuando estaba en plena recta, con el velocímetro durante bastantes segundos a 299 (está limitado a esta velocidad), con la mirada enfocada a lo lejos y máxima concentración, me dio la sensación de que en cualquier momento podía despegar, no porque la moto fuera inestable, todo lo contrario, sino por la tremenda patada controlada que durante media recta percibía. ¡Qué impresión tan fuerte!

El régimen de vueltas, que llegaba fá­cilmente a los 15.000 rpm (aunque su máxima esté en las 13.500), trepaba de una manera suave, como la anestesia antes de que te duermas dentro del qui­rófano. Simplemente, excitante.

Lo cierto es que después de la tercera vuelta ya estaba rodando como un reloj, entre relajado y en tensión, concentrado solo en las trazadas y las referencias de frenada sin importarme las reacciones. El neumático trasero estaba ya en las últi­mas, pero me tomaba la libertad de ace­lerar con cierta contundencia y la única respuesta del tren trasero era un cierto deslizamiento, por supuesto avanzando menos, pero llegando a la posición más vertical del neumático para seguir acele­rando con la misma seguridad.

Una vez hecho con la moto, me dio la sensación de estar conduciendo en modo On/Off, con pocas medias tintas pero sin que el cuerpo sufriera demasia­do. Iba de curva a curva en un plis. Hay dos frenadas fuertes en Le Castellet, una al final de la recta de meta, y después del zigzag. El tacto y potencia del freno combinada con la intensidad de la hor­quilla me permitía una desaceleración suprema. Fui paulatinamente retrasando la referencia, hasta que llegué a un punto que me pasé de frenada, pero creo que lo hice porque no estaba muy entrenado, estoy seguro de que si lo hubiese inten­tado de nuevo, la moto habría entrado sin problemas, pero lo dejé para otra oca­sión, ya que el sobresalto, aunque segu­ro, pues las escapatorias son asfaltadas, no valía la pena. Uno ya tiene una edad.

Game over
 

Si habéis conducido una de las últimas versiones de la PlayStation con el juego de MotoGP, os habréis dado cuenta, a parte del realismo, que se puede hacer todo con cierta precisión y sin padecer ningún riesgo de daños y lesiones, vuel­ves al principio del juego y a darle otra vez. Con la Yamaha R1M uno siente un poco esa sensación de tener controladas la precisión de poder ir rodando por la misma trazada, memorizar sin asustarse, y la sensación de seguridad para cen­trarse solo en pilotar un aparato preciso y que desarrolla durante las vueltas que tú quieras el mismo rendimiento y com­portamiento. Salvando las diferencias so­bre el juego, en la realidad, además de todo eso, sientes unas aceleraciones y frenadas que elevan tu emoción a lo más alto.

El sonido directo, el puño de gas inmediato, continuo, la estabilidad en el ángulo, la inclinación extrema, los giros rápidos y la eficacia son los puntos más destacados de la moto más eficiente que te lleva a la vuelta más eficaz de tu vida y menos arriesgada.

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