Yamaha N-Max 125: Max Urbano
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Yamaha N-Max 125: Max Urbano

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La familia Max es un auténtico filón para Yamaha, indistintamente de la letra que preceda a tan ilustre nombre, la firma ja­ponesa parece haber dado con la clave del éxi­to para que el scooter en cuestión triunfe. Esta gran aceptación se basa principalmente en su carácter deportivo. Sea cual sea la cilindrada, los Max siempre disfrutan de ese toque sport que tanto gusta a la gente y que es hoy en día una de sus principales señas de identidad. La oferta existente dentro de la familia Max es ya bastante extensa (abarca desde los 125 has­ta los 530 cc), aunque con el nuevo N-Max 125, Yamaha ha querido completarla con un modelo más urbano, económico y asequible (su precio será de 2.799 euros), que, al mismo tiempo, enriquezca su gama por la parte baja, amplificando y diversificando la oferta actual del fabricante compuesta por modelos como el Majesty S, el X-Enter o el D’elight.

Urbano ideal
 

El N-Max 125 es un X-Max en miniatura. En su diseño se reconocen la fisionomía de la fa­milia, aunque es obviamente mucho más com­pacto, manejable, ágil y fácil de conducir. Está fabricado en Indonesia y, aunque evolutivamen­te está un paso por debajo de sus hermanos mayores, su calidad de acabados y fabricación son buenas.

Los responsables de la marca escogieron la preciosa Lisboa para darnos a conocer las bondades del nuevo N-Max, un escenario que resultó ideal para poner a prueba su potencial dentro de una gran urbe como es la capital portuguesa. Lo primero a tener en cuenta es el tamaño, se trata de un scooter pequeño pero que disfruta de una excelente habitabilidad gracias a una plataforma que, a pesar de es­tar divida por el característico túnel central (en él se encuentra el depósito de 6,6 litros), ofrece espacio de sobra para incluso estirar las piernas. Ser tan compacto le aporta una magnifica capacidad de movimientos; entre el tráfico se desenvuelve con una facilidad pasmosa; tiene una radio de giro adecuado, es ligero y el exquisito tacto de sus frenos nos ayuda a maniobrar fácilmente.

El punto más discutible en este aspecto son las sus­pensiones; sobre el bacheado asfalto lisboe­ta los amortiguadores posteriores de 90 mm se mostraron demasiado bruscos por culpa de la dureza de los muelles. Por el contrario, cuando el pavimento presentaba unas me­jores condiciones, estas, junto con el rígido chasis concebido en exclusiva para el N-Max, se aliaban para proporcionarnos la excelen­te estabilidad general tan habitual entre los Max.

La frenada es uno de sus puntos desta­cables. Con un disco de 230 mm en cada eje tendremos potencial más que suficiente para detener al N-Max en el mínimo espacio y tiempo, pero además, con la ayuda del ABS que equipa de serie, podremos hacerlo con la máxima seguridad, algo que, de momento, es muy poco habitual entre los de su cilin­drada y, más aún, entre los de su categoría. Sin duda, es un signo de exclusividad. 

Motor Blue Core
 

Una de las principales novedades pre­sentadas por N-Max es su nuevo mo­tor denominado Blue Core. Decimos nuevo, aunque se trata de una revisión del propulsor que ya pudimos ver en modelos como el Majesty S 125, con el que comparte medidas internas y en cierto modo hasta apariencia. A pesar de ello, las modificaciones realizadas sobre este monocilín­drico 4T LC SOHC 4V han sido tantas y tan profundas que de hecho podemos estar hablando de una nueva evolución.

Esta se basa en una nueva filoso­fía centrada en tres puntos muy claros; una combustión eficiente, optimización de la refrigeración y la reducción al máximo de las pérdidas de potencia. Para ello, se han tomado numerosas medidas, como la de proporcionarle una mayor capacidad pulmonar con un filtro de aire de gran tamaño, mejoras en la inyección, una cámara de combustión más eficiente con el sistema Tumble Flow, un circuito de refrigeración revisado y más capaz, o un diseño interno creado empleando tecno­logía de baja fricción (cilindro offset, apoyos de los balancines con rodamientos, alternador ACM con menos inercias, etc.).

En definitiva, las soluciones más propicias para garantizar­nos unos consumos que rondarán los dos litros a los cien kilómetros, unas emisiones muy bajas y, sobre todo, una mejor respuesta. Para esto último, Yamaha además ha ideado el sistema VVA (Variable Valve Actuation) de distribución variable, que, dependiendo del rango de funcionamiento del motor (sobre las 6.000 rpm), adapta su distribución a las ne­cesidades de la conducción con una entrega de par significativa para su cilindrada, que se traduce en una respuesta muy lineal y aprove­chable en todo momento.

Yamaha tiene pues­tas unas altas expectativas en el N-Max, de ahí que esté equipado con elementos esenciales como hueco para un casco integral, un cuadro de instrumentos totalmente digital con buena visibilidad e información (hasta un extraño in­dicador de consumo instantáneo) o, cómo no, detalles más exclusivos, como la iluminación 100 % led (con triple óptica en el caso del faro) o el ABS de serie.

Y es que casi con toda seguridad, tal y como está el mercado, el N-Max va a ser el Max al que le toque competir en el segmento más complicado y con mayor volumen de ventas, donde tendrá que verse las caras con contrin­cantes tan duros como el PCX 125 de Honda, sin duda, su rival a batir, una de las principales razones de su nacimiento y con el que com­parte un precio exacto de 2.799 euros. Más claro…

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