Yamaha Majesty S 125: Regreso esperado
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Yamaha Majesty S 125: Regreso esperado

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Yamaha se lo está tomando en serio a la hora de reforzar la cilindrada del octavo de litro en lo que respecta al mercado del scooter. Con el X-Enter y el veterano Cygnus X ya posicionados en los segmen­tos de ruedas altas y económicos, respectivamente; el D’elight como un atractivo neoclásico que busca las simpatías del público femenino y el revolucionario Tricity a las puertas de ser comercializado, sólo le faltaba un GT que cumplimentara su oferta. Pues bien, a falta de futuras sor­presas, la firma de los diapasones ya está comercializando el compacto Majesty S, nada más y nada menos que el rival directo de un auténtico recordman de ventas como es el Honda PCX 125.

Y es que el heredero de la saga Majesty utiliza una fórmula muy similar a la del scooter de Honda. Grosso modo, se podría decir de él que es un GT metido en la piel de un scooter urbano, con unas cotas que van desde los 2.030 mm de largo a los 715 mm de ancho. Esto lo convierte en un scooter urbano al 100%, con una altura de asiento de 795 mm para llegar bien al suelo y, siempre importante desde el punto de vista de la funcionalidad, una am­plia plataforma plana en su zona central. Estéticamente sigue la línea de un scooter naked, tan valorados en los mercados asiáticos de donde proviene, con el manillar completamente desnudo y el faro y el cuadro de instrumentos situados en el escudo.

Como muchos de los top ventas de nuestro país, el Ma­jesty S está fabricando en Taiwán, y se nota en algunos puntos, como, por ejemplo, en la forma algo despreo­cupada de sujetar todo el cableado que acompaña el manillar, en el diseño de la enorme óptica frontal con leds para las luces de posición (el piloto trasero es full led), la guantera descubierta o en el aspecto del cuadro de instrumentos. Éste, dada la gran can­tidad de apartados que lo forman, en ocasiones puede resultar algo confuso, sobre todo con luz posterior, aunque hay que reconocer que es bas­tante original en la forma de integrar la pantalla multifunción de cristal líquido en negativo que posee.

A pesar de su pequeño tamaño, la faceta funcional la tiene muy bien trabajada, al go­zar de una muy buena capacidad de carga conseguida a través de un gancho retrác­til, la susodicha guantera abierta y, en es­pecial, gracias a un cofre muy espacioso, aunque en lo referente a cascos sólo entre un integral. Por último, y para dar por terminado el apartado del equi­pamiento, el Majesty S también dispone de un parabrisas de mediana altura, dos tipos de caballetes y una piña de contacto multifunción con bloqueo magnético de seguridad.

El diseño y tamaño del Majesty S responden a la necesidad de ofrecer al público un scooter con el diseño y equipamiento de un GT, pero con el tamaño propicio para poderse mover sin limitaciones por ciudad. Por otro lado, esta re­ducción del espacio le resta un poco de habi­tabilidad en el puesto de mandos; puede que la plataforma tenga espacio de sobras para llevar objetos y dar cabida a nuestras piernas al mis­mo tiempo, pero el asiento, al ser un dos niveles con apoyo lumbar, limita un poco las proporcio­nes de la banqueta del conductor. No sucede lo mismo con la plaza del pasajero, pues aun no siendo especialmente grande, gracias a las buenas asas que lo flanquean y a las estriberas escamoteables para los pies, circulará sentado bastante cómodo.

En lo que respecta a su comportamiento, Yamaha ha conseguido su objetivo: crear un scooter ágil entre el trafico y con una parte ciclo solvente por carretera. Para dar vida a todo el conjunto se ha escogido el mismo motor que el X-Enter, conocido por su radiador lateral, aunque con una ligera rebaja de potencia hasta los 11,9 CV. Al contrario que en su hermano de ruedas altas, vibra un poco más y su tacto es un poco más tosco. A pesar de ello, acelera con fluidez y tiene un desarrollo lo bastante largo como para superar los 110 km/h sin excesivos problemas.

En marcha se muestra muy estable, tanto en recta como en el paso por curva se comporta de forma noble y segura, lo que se debe a un apartado de suspensión –en el que destaca el amortiguador posterior anclado horizontalmen­te– muy bien equilibrado entre ambos ejes y a un conjunto de llantas y neumáticos de buena altura y sección.

Para terminar, se le ha dotado con un buen sistema de frenos, con las prestaciones sufi­ciente para detener sus 148 kilos con determi­nación. Puede que en lo que respecta al tacto no sea especialmente sedoso, y que el mordien­te no sea muy intenso en los metros iniciales de frenada, pero si ejercemos una buena presión sobre las levas, saldrá a relucir la considerable potencia que esconden sus discretas pinzas (2 pistones delanteros y uno trasero).

Quizás sea cierto que el nuevo Majesty S 125 no es el modelo más avanzado de la fa­milia, pero tampoco lo pretende. El pequeño GT de Iwata llega para ser una alternativa a los scooters urbanos convencionales, al exhibir un atractivo diseño y proponiéndonos un conjunto muy funcional, práctico, bien dotado y con un comportamiento en ciudad muy eficaz al que sacarle el máximo partido en un uso cotidiano. Además, como su principal rival, sale a la venta a un precio final de 2.999 euros -ya está dispo­nible-, que lo sitúa por muy poco, pero aun así por debajo, de la temible barrera psicológica de los 3.000 euros.

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