XXIX Impalada: Como el primer día
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XXIX Impalada: Como el primer día

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Un enorme inflable en forma de depósito de Impala daba la bienvenida a las 320 motos y 366 impaleros que se habían inscrito, superando por poco la cifra de 2012, la del cincuentenario de la Impala.

La larguísima hilera mecánica arrancaba poco después de las nueve, dejaba Montjuïc atrás y llenaba de humo las rondas de circunvalación de Barcelona. Pronto se estiraría la comitiva al encontrar las primeras curvas de la subida en Vallvidrera. Dejando atrás Molins de Rei, una primera parada en Ullastrell permitía reponer fuerzas con un buen bocadillo de butifarra.

Los preciosos paisajes del entorno de Montserrat nos acompañaban hasta la siguiente parada, la gasolinera que hay poco antes de Manresa. Luego, las carreteras estrechas y reviradas de Pont de Vilomara, Rocafort y Mura, permitían a las Impala moverse con facilidad y sin tráfico. Por si hubiera pocas curvas, la ruta seguía hasta Gallifa y Sant Feliu de Codines, donde ya empezábamos a encontrar carreteras más anchas.

El buen ambiente siguió durante la comida en el Restaurante Imperial de Terrassa, con los habituales corrillos sobre la ruta, las motos y los amigos; se rindió homenaje a la Escudería Blitz, a la que se entregó una placa a sus integrantes Gregorio García y Miguel Escobosa, en reconocimiento a la calidad de sus creaciones, una representación de las cuales presidía el comedor.

Dos intrépidos impaleros, Julián de Cabo y José María Domínguez, que habían venido desde Madrid por carreteras secundarias sobre sus motos, se llevaron el segundo trofeo.

Y también hubo un reconocimiento para Nobuo Nakamura, un impalero japonés que utiliza habitualmente su Impala por Nagoya. Nobuo se había desplazado desde Múnich, donde trabaja ahora, le dejamos una moto y siguió la Impalada con todo el mundo ¡No había visto nunca tanta Impala junta! Como fin de fiesta, nos desplazarnos al Museu de la Ciència i la Tècnica de Terrassa, donde pudimos admirar la colección Permanyer, una buena muestra de las Montesa de todas las épocas. Fue un digno colofón a una jornada cien por cien impalera, y hasta el año que viene.

Deseamos una pronta recuperación a nuestro amigo Sergio del Val, que, al salirse la cadena de su emplazamiento, se fue al suelo. Habrá que dar tiempo para que esas costillas vuelvan a estar como antes.

Gracias a todos por volver a hacer de la Impalada un día mágico y quizás uno de los eventos más grandes de motos, y no estático, de un solo modelo.

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