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Victory Octane: 103… octanos

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Cierto que la Victory Octane es una moto custom, y que dentro de las cus­tom estaríamos hablando de una cruiser, y que incluso dentro de las cruiser podríamos decir que encajaría en la definición de una muscle bike. Y es precisamente esta amplia definición lo que hace que se abra el abanico de potenciales clientes, sin limitarse únicamente a los amantes del mundo custom puro y duro.

Es una moto que sitúa todos los elementos que la componen a muy baja altura, que hacen que parezca muy larga, cuando en realidad no lo es, y juega muy bien con las aristas, vértices afilado y con los planos para ofrecer una imagen muy musculada.

Asimismo, el motor, que al revés de lo habitual en este tipo de motos está refrigerado por agua, proyecta una imagen de sofisticación y con ello par­ticipa muy activamente en ofrecer un concepto estético muy moderno. De hecho, se ha querido dejar los costados limpios de cualquier entramado del bastidor para que este luzca de manera muy protagonista en la vista lateral de la Octane.

El hecho de que disponga tan solo de un asiento para el conductor –el del pasajero y las estriberas para el mismo están disponibles opcional­mente a un precio aproximado de 500 euros– hace que resalte de manera muy acertada el voluminoso guardabarros posterior. Y también juega un papel importante en la imagen general de la Octane el hecho de que la llanta delantera sea algo más alta que la posterior, de 18 y 17 pulgadas, respectivamente, puesto que hace que los cuartos delanteros se eleven lo justo para que el conjunto adquiera una línea descendente desde la cúpula, de tipo bullet, hasta el portamatrículas posterior.

Hay algún detalle de equipamiento y acabados que nos sorprendió posi­tivamente en la Octane, como que los intermitentes son autocancelables o que el tapón de gasolina tiene una bisagra. Sin embargo, el hecho de que no disponga de ráfagas (el pulsador que acostumbra a servir para ello, en la Octane sirve para cambiar los parámetros que se muestran en la pantalla digital del cuadro de mandos) o que ni la maneta de freno ni la de embrague sean regulables en distancia, incluso el que no disponga de bloqueo de dirección (aunque nos aseguraron que la versión para Europa sí llegará con este gadget) fueron detalles que nos sorprendieron por su ausencia en una moto de esta categoría.

El placer de conducir
 

Siempre que viajo a Estados Unidos lo hago para conducir alguna moto, y todas las veces que la moto ha sido una custom, he disfrutado de lo lin­do, lo reconozco. Y es que conduciendo a 50 mph (80 km/h) he compren­dido perfectamente la filosofía que envuelve este mundo. Sin embargo, con la Octane es difícil circular todo el rato a la velocidad que marca en cada ocasión la vía, porque se trata de un motor alegre, que a 4.500 rpm da una patada que te lanza sin poderte resistir a lo más alto del cuenta­vueltas, que sitúa la zona roja en las 8.000 rpm.

El motor bicilíndrico en V-twin a 60° –DOHC, LC, 8V y 1.179 cc– es totalmente nuevo; es el primer motor Victory refrigerado por líquido, con unas cotas de diámetro por carrera diferentes de una custom convencio­nal –tiene una carrera más corta–, por lo que su carácter es más brioso. Puedes conducir tranquilo, cierto, porque gracias al gran par motor del que hace gala, es posible hacerlo en sexta a tan solo 1.500 rpm y abrir gas sin notar traqueteos, pero no es fácil ir despacio si no hay tráfico en la carretera.

En sexta y a 3.500 vueltas, la Octane se pone a 100 km/h, y si subimos a las 4.500, entonces la velocidad hará lo propio hasta llegar casi a 130 km/h; no está mal para ir a medio régimen. No se lo digáis al sheriff del condado de Volussia, Florida, pero en un momento dado le retorcimos la oreja a la Octane y pudimos ver la aguja señalando las 120 mph (193 km/h), y el régimen de giro estaba en torno a las 7.100 rpm, así que aún le quedaba un poco más que ofrecer…

Evidentemente, la protección aerodinámica de su pequeña cúpula no es lo mejor que tiene esta moto, y aunque el amplio asiento nos permite dos posiciones, una más retrasada que la otra y con las piernas más estiradas, lo cierto es que a velocidades por encima de los 100 km/h deberemos curvar un poco la espalda para tratar de buscar cobertura aerodinámica sobre el depósito, así que lo mejor es buscar una velocidad de crucero de unos 100-120 km/h y dejar los caballos para las aceleraciones.

Vale, no es una deportiva
 

Si bien todo lo que hemos dicho hasta ahora es que además de tratarse de una cruiser también hace gala de un cierto espíritu deportivo, lo cierto es que en cuanto a parte ciclo, sí hemos detectado ciertas carencias en ese sentido. En maniobrabilidad no hay queja, pero en carretera y con una cierta velocidad, tanto los frenos como las suspensiones se quedan algo cortos para poder hablar de una conducción puramente sport. 

Sí, vale, llegar hasta rozar con la estribera en el asfalto no es excesivamente difícil, a poco que le cojas confianza y la calidad del asfalto te acompañe… Sin embargo, para hacer un buen paso por curva, será necesario que anticipemos la frenada, que nos apoyemos mucho en el freno posterior, un freno que, como en todas las custom, hace gala de un buen tacto y de una excelente efectividad (pese a que su pinza es de un solo pistón). 

Es decir que antes de hacer el ingreso en la curva deberemos tenerlo todo hecho, porque tanto la horquilla como los amortiguadores buscan más el confort que la efectividad, y rectificar en mitad de la curva es algo que los 243 kilos que pesa nos lo complicarán un poco; pero que nadie entienda por ello que son blandas, porque la crítica que hago es teniendo en cuenta que estamos hablando de una custom.

Normalmente, en motos de este segmento, el muelle es casi lo único que notamos, mientras que en la Oc­tane, tanto el muelle como el paso de hidráulico trabajan mejor que en la mayoría de las custom que he probado, pero no se puede decir que sean deportivas; además, no hay posibilidad de reglaje en la horquilla y solo en los amortiguadores se puede variar la precarga del muelle (4 posiciones).

Por tanto, y a modo de resumen, se podría decir que la Octane es una custom de espíritu deportivo, con la que nos podremos divertir de lo lindo ya sea circulando tranquilamente en carretera y vías rápidas o exprimien­do las prestaciones que brinda su V-twin, sin duda lo mejor de la moto (junto con la estética), a las que le dará cumplida réplica una parte ciclo relativamente solvente.

Si a todo ello le añadimos que el precio de partida para esta nueva incorporación al catálogo de Victory es de 13.200 euros, ¿qué más se puede pedir?

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