Victory Magnum Ness: Música maestro
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Victory Magnum Ness: Música maestro

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“Qué bagger más pintona”, “una bagger estelar”… ¿Sabes qué es una bagger? ¿No? Pues que no te dé ningún apuro porque a veces manejamos vocablos como bagger, ape hanger y pitican­demor como si tal cosa y no tiene por qué. Ba­gger viene de la palabra inglesa bag que quiere decir ‘bolsa’ y en estas motos hace referencia a las maletas, que junto con otros detalles como la parte trasera baja y el parabrisas recortado forman parte de los rasgos más característicos de las bagger. Cierra los ojos y piensa en mo­tos así… Harley-Davidson Street Glide, Kawa­saki VN1700 Custom, Indian Chieftain… Y la Victory Magnum, cómo no.

Si ya sabías lo que era una bagger, ruego dis­culpes la explicación anterior, pero así todos ya estamos puestos en materia. La Magnum nace a partir de la Cross Country y aporta sus pro­pios rasgos de identidad respecto a su herma­na, como la llanta delantera de 21 pulgadas, el equipo de audio con seis altavoces (la Cross Country lleva dos) y toda una serie de detalles estéticos, como los escapes, culatas y la ale­tas del motor y defensas cromadas, en lugar de negro mate como la Cross. Y en este caso, la Ness cuenta con una pintura muy especial respecto a la Magnum normal.

Pon la radio…
 

No vamos a negar que cuando la recogimos del garaje de Solo Moto pensamos: “Madre mía, dónde voy con esto”. Pues al fin del mun­do y la mar de cómodo. Porque la ergonomía es un detalle para destacar. Los brazos van es­tirados de forma natural hacia un manillar que viene hacia nosotros, pues se trata de un ape hanger (cuelgamonos), pero en una disposi­ción más horizontal y no tan exagerado ni verti­cal como la moto del Capitán América en Easy rider.

Los mandos están a mano, incluso los del equipo de audio y del control de crucero. Tal vez la palanca del cambio y del freno estén un poco elevadas, pero sin más. Eso sí, en este tipo de motos siempre se echa de menos una palanca de cambio doble (punta-tacón) para poder subir marchas pisando y no estropear­nos el calzado. También llama la atención que las plataformas reposapiés están más elevadas que en la competencia y aporta un plus en zo­nas viradas.

Escuchar música o la radio siempre tendrá sus defensores y sus detractores. Pero si eres de los que te gusta, con la Magnum alucinarás con un equipo de seis altavoces integrados en el carenado y sus 100 vatios de potencia, que en tiradas largas hacen compañía. Porque con la Magnum Ness muy probablemente viajarás solo. Las baggers, con la trasera baja, reducen el espacio para el pasajero a favor de una esté­tica más resultona.

Si le sumamos que depen­diendo de la talla el acompañante irá con las piernas un pelo encogidas e igual nos damos con sus pies en nuestra pierna al hacer noso­tros pie al parar para aguantar la moto, pues queda claro que se disfrutará más en solitario, pero llegado el caso, no hace falta renunciar a la compañía sabiendo lo que hay.

Con la emisora de radio favorita sintonizada, en mi caso Radio Flaixback, pero a un volumen más que discreto, pusimos primera (clonk) y maniobramos para salir de la plaza de parking. En parado, y con la ayuda del motor, no es di­fícil a pesar de sus 345 kilos de peso. La altu­ra de asiento, de 654 mm, nos permite hacer pie con facilidad y el generoso ángulo de giro mitiga tanto la longitud de la moto como su vo­lumen a la hora de maniobrar. Aunque cuando giremos a tope el brazo contrario lo estiraremos a tope para no ‘perder’ el manillar de ese lado.

Impresionante
 

La Magnum ofrece unos bajos impresionantes que nos facilitarán su conducción, pues empuja ya poco allá de ralentí. El manillar nos permite tener todo bajo control desde el primer momen­to. El largo recorrido y blando tarado de la hor­quilla invertida nos obligará a acostumbrarnos a la transferencia de pesos cuando la deten­gamos en los semáforos. Si eres vergonzoso, olvídate de ella porque no pasas desapercibi­do, más todavía con esta decoración exclusiva Ness.

El embrague, aunque la extensión de la ma­neta no es regulable, funciona con suavidad, como todo el motor Freedom de 106 pulgadas (1.731 cc). Si lo abres con decisión, la Mag­num empuja. No en vano el bicilíndrico entrega esos buenos 98 CV a solo 5.000 rpm capaz de llevarla a rozar los 200 km/h, aunque os ase­guramos que no ha sido construida para eso.

Por ciudad no nos podremos dar muchas alegrías, prácticamente circularemos como un coche y solo podremos aprovechar un hueco claro para hacer un rápido cambio de carril. A la hora de aparcar, como hemos apuntado, se maniobra bien, pero cuando lo hagamos, habrá que estacionar pensando a la hora de salir, es decir, bien encarada como el caballo del malo.

La protección aerodinámica del parabrisas recortado, otro canon de las baggers, es más que suficiente para rodar por las vías rápidas sin problemas, siempre a velocidades legales. Con los brazos y las piernas estiradas, una bue­na música y el control de velocidad de crucero podremos hacer largas tiradas sin enterarnos porque no se filtra ni una sola vibración. Fijaos que a 90 km/h, el motor gira a 2.000 rpm y a 120 km/h no va más allá de 2.900 rpm.

El consumo medio de la Magnum en la prueba se situó en unos 5,5 litros cada 100 kilómetros, que si lo combinamos con un depósito de 22 litros de capacidad, nos da una autonomía cer­cana a los 400 kilómetros. Y ya no es solo una cuestión de economía alargar al máximo las vi­sitas a las gasolineras, sino también de confort y calidad de uso en el día a día.

A disfrutar
 

Será por carretera donde disfrutemos de la Magnum Ness, sin prisas pero sin pausas. Es­tamos ante una moto para disfrutar de la ca­rretera, pero también del paisaje. Sorprende gratamente la agilidad a la hora de cambiar de dirección a pesar de esos 357 kilos de peso, en seco, y la llanta de 21 delante. Por otro lado le confieren un aplomo encomiable. Otro de­talle a tener en cuenta es que las plataformas están algo más elevadas que en los modelos de la competencia y la moto inclina algo más antes de rozar. No es que vayamos a hacer curvas como locos, sino que si se da la casualidad de que entramos un poco rápido o un viraje se cierra inesperadamente, nos quedará un mar­gen de seguridad para inclinar más, seguir la trazada y no salirnos rectos.

El tarado de la suspensión prima el confort con una soberbia horquilla invertida presidien­do el tren delantero. Aunque en el caso del tra­sero adolece de un recorrido algo corto y puede resultar seca en tramos bacheados. Y es que la parte trasera de la Magnum ha sido bajada 25 mm para acentuar esa silueta bagger.

La frenada también ayuda. Puede que el ABS sea algo intrusivo, pero antes tenemos mucho margen. Acordaos de que con una custom, dada la distribución de pesos, tenderemos a apoyarnos más en el freno trasero que en otros modelos. De aquí que la Magnum monte un dis­co trasero de 300 mm con una pinza de dos pistones y delante dos discos de 300 mm y cua­tro pistones. Porque llena estaremos moviendo alrededor de 370 kilos, más los nuestros.

Como no podía ser de otra manera, la capa­cidad de carga es un valor añadido con esas maletas estilizadas que le dan una personalidad propia. El acceso es sencillo y el volumen más que suficiente. De hecho, dentro de la lista de accesorios, Victory ofrece un par de altavoces más que se instalan en las maletas para mejo­rar, si cabe, la calidad del equipo de sonido.

Respecto a la Magnum, la pintura Ness hace incrementar el precio en 500 euros, pero tam­bién su exclusividad. Porque quien tiene una bagger en su garaje, no le vale una moto cual­quiera y la Victory aporta un soplo de aire fres­co, y diferente, a un segmento que dominan con mano de hierro los chicos de Milwaukee.

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