Viaje en moto por Islandia: Donde la hierba brota al lado del hielo
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Viaje en moto por Islandia: Donde la hierba brota al lado del hielo

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En el aeropuerto de Reikia­vik me encuentro con mi compañero de viaje, Víctor Rider, que ha llegado en un vuelo unas horas antes. Tomamos el autobús, que en unos 50 minutos nos dejará en la capital y, desde allí, a la tienda de nuestros ami­gos de Biking Viking, que nos tienen las motos perfectas para comenzar nuestra aventura.

Enseguida comenzamos a disfrutar de esas carreteras únicas, rodeadas de paisajes soberbios y con una tempera­tura de unos seis grados. Thingvellir o Þingvellir se encuentra a unos 44 km de Reikiavik, en la región de Suðurland. Es un valle y parque nacional situado en el suroeste de Islandia, cercano a la península de Reykjanes y a la zona volcánica de Hengill.

Merece la pena su visita para posteriormente dirigirse a uno de los platos fuertes del día. El Gran Geysir es el géiser más antigua­mente conocido y uno de los ejemplos más impresionantes de este fenóme­no en todo el mundo. Está situado en el valle Haukadalur, Islandia. La palabra “géiser”, que sirve para describir un tipo de fuente de aguas termales, deriva de “geysir” (que a su vez deriva del verbo islandés “gjósa”, que significa ‘erupcionar’). El “geysir” se sitúa en la colina Laugarfjall, donde también podemos encontrar, 400 metros más al sur, el géiser Strokkur.

Actualmente, la mayor atracción turística es el Strokkur, otro géiser que arroja aguas cada cinco minutos y que pueden llegar a los veinte metros de altura. Lo que más nos llamó la atención en nuestro primer día de viaje fue la doble e impresionante cascada de Gullfoss, uno de los monumentos naturales más visitados de Islandia. Se trata de una cascada creada por la ruptura de las placas que crean el paisaje islandés. Un inmenso bloque de roca roto y quebrado ha creado el salto de agua al desplazarse. La falla ha sido horadada y ampliada a través de las eras por el río Hvítá, que signifi­ca río blanco.

Junto con Þingvellir y los géiseres de Haukadalur, Gullfoss forma parte del Círculo Dorado, una ruta turística de un día de duración muy popular en Islandia.

Hacia las cascadas
 

Pero nosotros continuamos camino hacia Skógafoss, una cascada situada en el recorrido del río Skógá, al sur de Islandia, en los acantilados del anterior litoral. El litoral ha retrocedido hacia el mar, hoy está a una distancia de alre­dedor de 5 km desde Skógar. Los an­teriores acantilados marinos permane­cieron paralelos a la costa a lo largo de cientos de kilómetros, y crearon, junto con algunas montañas, una frontera clara entre las tierras bajas costeras y las Tierras Altas de Islandia.

La Skógafoss es una de las casca­das más grande del país, con una anchura de 25 metros y una caída de 60 metros. Debido a la cantidad de espuma que produce constantemente la cascada, un arcoíris simple o doble es normalmente visible en los días soleados.

En el lado oriental de la cascada, un sendero para excursionismo lleva hasta el paso Fimmvörðuháls, entre los glaciares Eyjafjallajökull y Mýrdals­jökull. Baja a Þórsmörk en el otro lado y sigue como la famosa Laugavegur a Landmannalaugar.

Para nosotros, estar allí y poder con­templar in situ esta maravilla ya era uno de los tesoros más preciados que quedaría para siempre guardado entre nuestros mejores recuerdos. Se nos hace de noche y debemos buscar sitio para plantar las tiendas de campaña.

Seguimos avanzando y encontramos un lugar idílico al lado de una sober­bia cascada, y allí, rodeados de una naturaleza sobrecogedora, dormimos plácidamente, ya que llevamos prác­ticamente 48 horas sin dormir, y nos despertamos al día siguiente siendo conscientes de que no había sido un sueño.

Amanece y proseguimos nuestro viaje como no podía ser de otra forma, envueltos en unos parajes que pare­cen irreales. Solo por contemplar las playas de arena negra y los Reynis­drangur de Vík merece la pena viajar a Islandia. Arena volcánica negra y los Reynisdrangur, tres supuestos trolls gigantes de roca, que se han con­vertido en una de las imágenes más célebres de Islandia.

Estas tres rocas monolíticas, de hasta 66 metros de altura, fueron originadas por la erosión del fuerte oleaje del mar del Norte. Junto con el acantilado y la arena negra, conforman un paisaje realmente insólito. Una vez más, los islandeses recurren a la mitología escandinava para explicar el origen de los Reynisdrangur. Por eso os dirán que son trolls convertidos en piedra tras ver la luz del sol.

Continuamos nuestro viaje dirección Hofn, acompañados del Parque Nacio­nal Skaftafell, que contiene algunas de las perlas naturales más valiosas del país. Los paisajes escarpados, mon­tañas y glaciares, la flora y la fauna tienen una influencia magnética sobre los visitantes.

En el cañón
 

La intuición nos lleva a desviarnos por una carretera catalogada F, para diri­girnos al cañón Fjaðrárgljúfur, un sitio alejado del turismo de masas. El cañón llega hasta los 100 m de profundidad y dos kilómetros de largo, y está situado en el sureste de Islandia, no tan lejos de la aldea Kirkjubæjarklaustur. El río Fjaðrá atraviesa Fjadrargljufur, que fue creado por la erosión progresiva por corrientes de agua de los glaciares a través de las rocas durante un largo período de tiempo; algunos dicen que hace 9.000 años.

No es difícil llegar allí porque no está muy lejos de la principal carretera de circunvalación, y la carretera de grava que conduce hasta allí está en buenas condiciones. Una vez allí se puede aparcar la moto y caminar a lo largo del cañón por todo el camino hasta llegar a la cima, para poder disfrutar de la majestuosa vista en todas las direcciones, con el impresionante sonido del agua… por instantes creerás que estás en el País de Nunca Jamás de Peter Pan.

Proseguimos camino y al atardecer llegamos a otro lugar mágico, Jökul­sárlón, el mayor y más conocido lago glaciar de Islandia. Está situado en el extremo sur del glaciar Vatnajökull, entre el Parque Nacional Skaftafell y la ciudad de Höfn.

Hofn es el único núcleo urbano que se puede encontrar tras pasar Kirkjubae­jarklaustur. Es un pueblo gris y con no demasiado atractivo, pero que sirve para pernoctar por su cercanía a la la­guna glaciar de Jokulsarlon (78 km) y al gran Vatnajokull. Hofn está situada en una península en el sureste de Islandia y rodeada por varias islas pequeñas, la mayor de las cuales es Mikley, seguida de Krókalátur y Hellir, al este de la ciudad.

Recogimos las tiendas y sacos y, tras pasar una noche fría, emprendimos un nuevo días decidiendo llegar hasta Re­yhalding, al lado del lago Mývant, para dormir en un albergue y de esta forma tomar una buena ducha, afeitarnos y dormir calentitos.

Por el camino seguimos disfrutando de los paisajes y durante todo el día se sucedieron las cascadas, a cuál más espectacular. En el trayecto, continuamos nues­tro camino por las tierras altas o Highlands. El hecho de que el paisa­je sea tan cambiante hace que sea totalmente increíble, ahora parece que estamos en África, pero con tierra volcánica y enfrente un volcán que en la distancia se asemeja al Kilimanjaro, con sus nieves perpetuas… Es sencilla­mente un recorrido fantástico e idílico, aunque en algunos tramos vamos envueltos en una densa niebla.

Cerca de nuestro destino vimos desde la carretera unas fumarolas; Hverir es su nombre, por lo que paramos a verlas. Es la mayor solfatara de Islandia; un conjunto de pozos de barro hirviendo y fisuras por donde emanan vapores de agua con sulfuros, donde darse una ducha caliente con el agua oliendo a huevos podridos, por la cantidad de azufre que tiene, y cocinar unos buenos espaguetis carbonara es una experiencia única e irrepetible.

Ahora nos toca disfrutar de Flateyjars­kagi, una península montañosa que se encuentra en el norte de Islandia, entre Akureyri y Húsavík. En su parte baja encontramos el bosque más antiguo y el segundo más grande de Islandia: Vaglaskógur. Aquí podemos hallar una amplia gama de especies de árboles, así como el puente de piedra más antiguo del país. Este bosque es un lugar muy apropiado para acampar.

La región más salvaje
 

De camino a Husavik, un pueblo pesquero situado en la costa norte de Islandia, al borde de la bahía de Skjalfandi, conocido como la capital de las ballenas, teníamos pensado parar a ver dos de las grandes cascadas. La primera que encontramos en el camino fue la cascada de Dettifoss, que es realmente espectacular y lleva muchísima agua, con un ruido real­ mente estremecedor; es la cascada más caudalosa de Europa, y con una caída de 44 metros hasta el cañón y una anchura de 100 metros, uno se siente realmente pequeño.

Nos acercamos también a la cascada de Selfoss, que está un poco más arriba, como a unos 700 metros de Dettifoss, y ambas llevan el agua del río Jökulsá á Fjöllum, que proviene del deshielo del glaciar Vatnajökull. Esta cascada es diferente, ya que tiene una gran extensión, y el río se precipita los 11 metros por diferentes zonas, lo que hace que haya muchos saltos de agua que conforman la cascada.

No muy lejos de Husavik hay otra de las cascadas de visita obligada, Goda­foss o la cascada de los dioses. Con 12 m de altura y 30 m de ancho, es una de las más espectaculares de la isla.

Continuamos nuestro viaje, ahora dirección al extremo norte de Islandia, dónde se encuentran los Fiordos del Oeste (Westfjords), la región más salvaje y auténtica para mi gusto de Islandia. Creo que fue una de las regiones más espectaculares; poca gente, unos cuantos pueblos y pistas espectaculares de tierra hacen de estos Westfjords un terreno apto para almas inquietas y para aventureros solitarios. Además, en esta zona se avanza más lento por el estado de las pistas y principalmente porque la contemplación de los paisajes nos llevará a detener nuestras monturas con paradas continuas.

Carreteras peligorsas
 

Nuestro objetivo era llegar al norte del norte, más allá de Isafjördu, una de las ciudades más bonitas que hemos visto en Islandia. Una preciosidad con casitas de colores, muchas de ellas del siglo xviii, encajadas entre el fiordo, montañas de flores con picos blancos y un bosque verde.

Al día siguiente nos esperaba Bolun­garvík, un pueblo de pescadores y un municipio en el noroeste de Islandia, situado en la península de Westfjords, aproximadamente a 14 kilómetros de la ciudad de Ísafjörður.

El motivo de llegar hasta allí era por­que, además de recorrer la carretera 630, que dicen que es una de las más peligrosas del mundo, lo mejor es que la costa este de Groenlandia se puede ver desde la cima del monte Bolafjall; la sensación que tenemos los dos es que sin duda estamos muy lejos de casa y estamos viviendo un momento mágico.

Proseguimos camino disfrutando de un auténtico paraíso para motos trail y con la sensación de estar conduciendo por las mejores pistas del mundo, con bastantes kilómetros por carreteras de gravilla y con muchas curvas, para volver a pararnos en otra cascada im­presionante, Dynjandi, que se encuen­tra a orillas del fiordo Dynjandisvogur.

Mi viaje estaba llegando a su fin y había cumplido otro gran sueño. Mien­tras tanto, mi compañero Víctor Rider se quedaría una semana más perdién­dose a su manera, buscando aquello que para muchos pasa inadvertido y teniendo como recompensa una expe­riencia que le marcaría para siempre: pasar la noche con su moto y su tien­da rodeado de auroras boreales.

Para finalizar os diré que Islandia es uno de los países donde la tierra deja de ser una superficie inerte y se convierte en un ente vivo, capaz de destruir y de crearse a sí mismo de forma impredecible, como igual de impredecible es viajar en moto. Hasta la próxima y, como dice el que fue mi gran compañero de viaje, “nos encon­tramos en el camino”.

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