Viaje en moto por el Cañón del Pato: Belleza y peligro en Perú
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Viaje en moto por el Cañón del Pato: Belleza y peligro en Perú

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En nuestro recorrido por Perú destacó esta carretera por ser única. Lo normal es llegar al país vía Lima. Desde allí, para acceder a esta carretera, hay que tomar la Panamericana norte (norte o sur lo define la capital Lima), en su tramo de autopista y, posteriormente, la nacional hasta llegar a Chimbote. El cañón se sitúa en la carretera que une Chimbote con Caraz, que es a su vez el extremo norte del Callejón de Huaylas.

La carretera sigue el curso del río Santa, ascendiendo desde prácticamente el nivel del mar hasta los 3.500 metros. El río es muy hermoso y depende del deshielo en la época seca, y en época de lluvias se desborda de tal manera que todos los caminos se anegan y desaparecen. Eso da una idea de su estado en seco: trocha que parece un pedregal de cantos rodados.

La ruta tiene tres tramos bien diferenciados: el primero, 98 km de asfalto desde la nacional en el pueblo de Santa; el segundo, de trocha, y un tercero de afirmado en el tramo que aprovecha una antigua vía de tren. El cañón se asienta en los dos últimos, con unos 75 km antes de llegar a la central hidroeléctrica del Pato o de Santiago Antúnez. Este ingeniero acabó la construcción ahora hace justo un siglo, en 1915, aunque por diversos motivos no entró en funcionamiento hasta 40 años después.

La carretera y las vías de mantenimiento de las líneas forman el denominado corredor andino o de Tocanca, que asciende hasta 4.700 m de altura. Está considerada una de las carreteras más peligrosas del mundo y ha sido objeto de diversos documentales de televisión. Además, algunos medios especializados la catalogan como la “carretera más bella del mundo”.

En el cañón todo es trocha. La ruta va ascendiendo lentamente y al mismo tiempo se va estrechando siempre al borde del precipicio, que, lógicamente, no tiene protecciones de ningún tipo. A la derecha se sitúa la Cordillera Negra, ramal andino que recibe este nombre por el color de su piedra. A la izquierda, la Cordillera Blanca, por las nieves perpetuas, glaciares y nevados, los más altos del Perú, en el Parque Nacional de Huascarán Patrimonio de la Humanidad.

El tramo más excitante son tres angostos kilómetros en los que la anchura máxima entre las paredes de las dos cordilleras no supera los 60 m, entre los que se coloca la exigente y siempre ascendente carretera y el bravo río, que hay que atravesar en diversas ocasiones por puentes de madera. En el punto más estrecho hay escasos 12 m, con la sensación óptica de tocar extendiendo los brazos, y las paredes verticales que superan los 100 metros. Un espectáculo soberbio.

El trayecto es duro y se para con frecuencia, ya sea para descansar o absortos por tanta belleza. Os podemos asegurar que el acompañante disfrutaba más que el conductor, siempre pendiente del suelo. A medida que te adentras en la zona, desaparecen conceptos como el tiempo y la distancia. Si preguntas algún detalle de la ruta a los escasos nativos con los que te cruzas, se encogen de hombros y responden: “Solo siga recto, amigo”.

En algún punto de este camino, la rueda trasera empezó a perder aire sin que fuésemos capaces de encontrar una grieta o pinchazo. Se nos olvidó comer, fascinados por el entorno y preocupados por la rueda.

Tras los difíciles 40 km llegó el afirmado, siguiendo una antigua vía de tren de un solo raíl, y donde pasamos 35 de los 46 túneles del recorrido. A veces son largos, totalmente negros y virados, con lo que te ves obligado a pitar desde que entras hasta que sales. No caben dos coches en esta vía única ahora de doble sentido y el suelo es muy peligroso y resbaladizo si has de frenar. Si coincides con otro vehículo, hay que decidir como buenos hermanos a quién le toca retroceder marcha atrás. Nos tocó en una ocasión en que un coche no cedió, y tuvimos que hacer malabarismos para no rozarnos con él o con la pared.

Este tramo está a una altura de 3.000 metros. A continuación viene la central hidroeléctrica y después se sigue subiendo hasta los 3.500 m de Caraz. Como era de esperar, ni en un sitio ni en otro había aire, y tuvimos que seguir el relleno con la bomba de pie. Renunciamos a la visita de las lagunas, ya que eran 50 km de trocha, y seguimos hasta Huaraz, capital del Callejón de Huaylas, adonde llegó la rueda tocando el suelo. Allí, recorrimos todos los talleres, incluido el que asiste a la policía. Ninguno se atrevió a tocar la moto. En esas condiciones cenamos y nos acostamos.

Por suerte, al día siguiente, un mecánico aceptó ir a ver la moto al hotel, y dijo que se atrevía a desmontar la rueda. En el patio, usando los troncos de madera de la chimenea de nuestra habitación a modo de gato, levantamos la moto, desmontó la rueda con nuestras herramientas y se la llevó en su motoneta atada con el cordón que se quitó del zapato. Aún recordamos esa imagen.

Arreglado
 

Encontró dos agujeros de enclavamiento de las piedras de la trocha y la reparó rápido y por un precio razonable.
En Huaraz, a 3.091 m de altura, teníamos previsto permanecer al menos un día para realizar visitas al Parque Huascarán y a restos arqueológicos, pero nos pareció más prudente, y ya que todos los caminos son de trocha, salir hacia Lima, punto oficial de asistencia a más de 400 km de allí, por si la reparación no aguantaba.

La carretera sigue subiendo en un espectáculo extraordinario de montañas y verdes praderas. Pasamos por Catac a 4.000 m para ver las puyas de Raimondi y ascendimos hasta 4.160 m. Paramos a hacer preciosas fotos y a abrigarnos, ya que baja la temperatura. La carretera, una gozada: muy virada, con bastantes paellas, buen asfalto y pocos pueblos, aunque muy auténticos. El paisaje, extraordinario.

Ya abajo se ha de ir a buscar la Panamericana y el último trozo de autopista hasta volver a Lima.

No sabemos si el Cañón del Pato es la carretera más peligrosa del mundo, pero sí una de las más. Tampoco si es la más bella, pero seguro que una de las más. Si pasáis cerca, no os la perdáis, así como tampoco el Callejón de Huaylas y el vertiginoso descenso a Lima. Nos atreveríamos a decir que, excluyendo el tramo de autopista, este trayecto Lima–Cañón–Callejón–Lima, es un círculo perfecto y una experiencia única en las carreteras andinas.

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