Viaje al cabo norte en tres... ¡Honda CB250!
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Viaje al cabo norte en tres… ¡Honda CB250!

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Lo primero era encontrar las tres Honda CB250 en buen estado. Al menos, su­ficiente buen estado como para llegar a Cabo Norte y traernos de vuelta a casa. Con 1.650 euros, compramos las tres.

Llega enero de 2015. Tenemos todavía unos cuatro meses por delante para preparar las motos y ponerlas a punto. Santi y Rubén trabajan en las tres. Puesta a punto más montar manoplas, puños calefactables, gas automático, conexiones USB y de 12 V, pantallas más grandes y unos reposapiés adelantados.

Llega el 7 de mayo. Quedamos en Parets del Vallès –provincia de Bar­celona– a las seis de la mañana para reunirnos, tomar un café y dar el pistoletazo de salida. Hasta Nürburgring nos acompaña Bernat y su R 1200 GS Adventure, que no se ha podido resistir a la tentación de rodar en el infierno verde.

El primer día es un poco de transición. Hay que cruzar Francia. No nos estamos de rodeos y lo hacemos todo por autopista. Muchos kilómetros, dolor en las cervicales, los brazos y las posaderas. Hacemos noche en Nancy, muy cerca de la frontera con Alemania.

El segundo día tocan pocos kilómetros. Apenas 250 hasta la llegada a Nürburgring. Sabemos que no abren la pista hasta las 17.30 h, así que creemos que después de rodar, haremos noche allí mismo. Pasamos por Luxemburgo, pero ni lo pisamos. Entramos en Alemania y… ¡¡sorpresa!! Autopistas sin límite de velocidad. Coches bestiales nos adelantan a ve­locidades estratosféricas. Al llegar al circuito, alucinamos. Dentro de la tribuna principal del nuevo Nürburgring hay un gran complejo, como un centro comercial, pero todo enfocado de cara al motor y las carreras. Al disponernos a subir a las motos para acercarnos a la entrada del green hell, empieza a llover un poco. Por suerte solo fueron cuatro gotas al inicio de la vuelta. ¡¡El circuito es brutal!! 21 kilómetros exactamente iguales a los que hemos jugado miles de veces en la videoconsola… Evidentemente nos adelantan todos.

Hemos acabado tarde y estamos muy a gusto en la terraza de un bar, al lado del circuito. Enfrente del bar hay un hotel muy acogedor, con ci­güeñales, bielas, pistones y monos de piloto ambientando los pasillos y habitaciones. ¡Nos quedamos! Mientras nos instalamos, desde la habitación, se oyen rugir los motores que aún siguen rodando en el circuito. Nos encanta.

Uno se va, los tres siguen
 

El tercer día de viaje es triste para la expedición. Hoy Bernat y su GS vuelven a Barcelona. Después de desayunar, nos despedimos, y las tres CB siguen la anda­dura dirección Dinamarca. Se nos cargan las cervicales más rápido. Hay que ir parando a menudo. La ruta es aburrida. Todo autopista, como el primer día.

Nos ha llovido un poco antes de llegar a la frontera, pero no ha hecho falta ni ponernos los chubasqueros. Nos quedaremos en Kolding. Es tarde y han bajado bastante las tempe­raturas. Entramos en un hostel, y solo les queda una habitación con dos camas individuales. ¡Nos la quedamos! Nos han puesto un colchón en el suelo, por suerte. Cenamos sushi. Es buffet libre. No saben lo que se hacen…

El cuarto día nos levantamos a las 7.30 con un día muy feo. Ha llovido por la noche y hace bastante frío. Engrasamos las cadenas y seguimos la ruta. El trayecto sigue siendo autopista, como ayer, que nos carga las cervi­cales. Llegando a Copenhague, ha empezado a soplar un aire gélido, que hacía tambalear bastante las motos. Nos desviamos unos minutos para ver la capital danesa. Fotos de rigor, y muy buena impresión de la ciudad. Se­guimos dirección Suecia. Pasamos por el puente de Malmö. Una obra de ingeniería brutal.

En Suecia empieza el buen tiempo. Paramos a unos 140 km de Göteborg en un área de servicio. Comemos algo y, al volver a las motos, ¡¡sorpresa!! Dos chicos se acercan y nos pre­guntan si somos los que rodamos en Nürburgring hace dos días… Ellos rodaron ese día también, pero con un Porsche Carrera GT3… ¡Es­pectacular! Nos hacemos unas fotos, y Sebastián nos dice que le podrá decir a sus hijos que conoció a los ¡tres locos gringos! Ha sido un rato muy divertido.

Problemas…
 

Llegamos a Göteborg con un sol de justicia y ni una nube en el cielo. Tenemos ganas de que se acaben las autopistas y empezar con las carreteras secundarias noruegas. Nos despertamos el quinto día de viaje con sorpresa. Santi se da cuenta de que el plato de la transmisión de su CB tiene un juego excesivo. Vamos a una ferretería industrial, donde alucinan con Santi y Rubén jugando a ser mecánicos. Desmontan la rueda trasera en 10 segundos, sin quitarle ni las maletas a la moto… Le explicamos un poco nuestra historia al hombre, y se niega a cobrarnos las arandelas que hemos necesitado.

Emprendemos ruta a las 14.30 dirección Oslo. Hasta el momento, el día es bastante bueno y hace un calor considerable. Cruzamos la frontera y, al entrar en Noruega, aparecen los nubarrones y empieza a llover. Llegamos a Oslo y vamos directos a ver la ópera y la fortaleza. Hacemos unas fotos y seguimos, intentando recuperar algo del tiempo perdido por la mañana.

A partir de Oslo, empieza una carretera de curvas con unos paisajes preciosos. Creemos que el verdadero viaje a Nordkapp empieza ahora. Avanzamos hasta Gvrav, a unos 140 km pasado Oslo. Estamos en un pequeño paraíso… A partir de aquí, vamos rumbo a los fiordos. Una vez allí, hacia el norte, hasta que se acabe la tierra.

El sexto día de viaje amanece nublado y, cuando solo llevamos 40 km, empieza a nevar bastante fuerte. Al salir del nubarrón, paramos a repostar. Bajamos de las motos y… ¡pam! La moto de Rubén al suelo. Está claro que las CB no están pre­paradas para cargarlas así…

Parada en Odda a comer y seguimos. Los paisajes son impresionantes. Pararíamos cada cinco minutos a hacer fotos, pero es imposible. Hemos cruzado enormes montañas por unos túneles de hasta ¡25 km! Hacemos noche en un camping.

Y al séptimo día
 

El séptimo día de viaje, intentamos madrugar un poco, y a las 8 las CB ya rugían. Día nublado pero sin agua. Poco a poco se ha abierto claro y el sol era intenso, pero con el frío que hacía, no podía calentar demasiado.

Dirección a Fläm, ha empezado la gran nevada. Por un puerto de mon­taña, con niebla y sin ver apenas a 10 metros. Velocidad media de 15-20 km/h. Cuando ha parado de nevar, todo estaba muy nublado y seguía lloviendo. Hoy hemos puesto a prueba el material de moto, y a nosotros mismos. La ruta de hoy ha incluido tomar dos ferrys, algo habitual por aquí. La anécdota de hoy es que hemos pasado por la carretera de los trolls, donde podemos encontrar la única señal de tráfico legal del mundo con un troll logotipado.

Vamos dirección noroeste. Hoy las motos no han dado problemas, aunque si sigue este tiempo, igual cogen un catarro… Y ya nos hemos plantado en Molde. Sin duda, ha sido el día más duro hasta la fecha. El octavo día, sobre las motos desde las 8.30 hasta las 21.30 h. Comemos en el ferry y en una gasoli­nera, aprovechando la parada. Unos 750 km de curvas y más curvas. Nos ha llovido de todas las maneras posibles. Comentamos que el trabajo más fácil aquí es el de meteorólogo: lluvia siempre. Todo esto acompa­ñado de un buen frío, por supuesto.

A primera hora, vamos a la carretera del Atlántico. Sopla el viento y el olor es a océano intenso. Creemos que hoy es festivo en Noruega, porque está todo cerrado. Sin embargo, nos sorprende que no haya nadie por las calles de los pueblos por donde pasamos. ¿Dónde se meten los noruegos cuando tienen fiesta?

Hace mucho frío. Hemos visto dos rebaños de renos y hemos tenido que parar las dos veces porque se pasean por la carretera. Hay que ir con mucho cuidado. Hacemos noche en Mo i Rana.

El noveno día ya nos hemos equipado con todo desde el principio (mono de agua incluido). Hemos aprendido que por estas tierras, aunque salgas con un sol de justicia, acabará lloviendo. Les quitamos las legañas a las motos y seguimos subiendo por la ca­rretera E6 que, por cierto, es muy divertida… ¡y lo sería más con 20 CV extra en cada CB!

Cómo no, ha empezado a llover. Hemos dejado los bosques y entrado en grandes parajes nevados. Y de pronto, ¡bienvenidos al Círculo Polar Ártico! Fotos de rigor, unas risas jugando con la nieve y a seguir subiendo.

Perdemos unas tres horas esperando un ferry, lo que nos hace re­trasarnos en nuestro timing. Finalmente llegamos a las islas Lofoten. Sencillamente increíble. Nos ha costado un poco encontrar un camping libre, pero lo hemos encontrado. 

La próxima semana publicaremos la segunda parte del viaje.

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