Una piedra en el camino
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Una piedra en el camino

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La noche era cerrada. Me dirigía a un vivac bajo las estrellas. Delante de mí rodaba Alessio, un fotógrafo italiano, con su KTM. Unos centenares de metros más atrás iba yo con mi Africa Twin. Al pasar por un poblado unos niños nos tiraron piedras y Alessio hizo el gesto divertido de cruzar la moto para ir a por ellos a regañarles. No rodábamos muy deprisa, ya que estábamos a la salida de un poblado. Por lo visto salí volando. Sencillamente, no vi aquellas piedras. Ni las recuerdo.

Recuperé el conocimiento cuando, en el suelo de aquella negra noche, me atendieron los servicios médicos del Africa Race solo diez minutos después del leñazo. Aturdido pero consciente. Asustado y muy dolorido. Alessio estaba a mi lado. “¿Qué ha sucedido Alessio?”, pregunté… ”Unos niños han colocado un montón de piedras en medio de la carretera. Yo casi me caigo pero las he logrado esquivar, tu no”.

Esto es algo habitual en África. Los niños lo hacen, al igual que lanzar las malditas piedras a tu paso, para que pares y les des un “cadeaux”, un regalo. No les culpo por ello pues en muchos casos viven en situación de pobreza extrema, pero maldita sea, acabaron con mi aventura y casi acaban con mi vida. Es la primera de las cuatro veces que me he liado en el seguimiento del Dakar, en este caso del Africa Race, que no consigo mi objetivo.

Me trasladaron a un solitario hospital de Assa donde no había ni un alma. Pasé una noche inolvidable y, al día siguiente, un médico y su anestesista insistieron en llevarme a Goulumine para poder ser explorado en un hospital militar.  Me dolían hasta las entrañas pero me negué y pude convencerles, a pesar de que se sintieron ofendidos por trasladarme en taxi hasta Agadir, a unos 300 kilómetros, para desde allí volar a Barcelona haciendo escala en Casablanca. Sólo pensaba en regresar a casa. Tengo la clavícula rota, seis o siete costillas fracturadas y varios hematomas, pero estoy en casa y todo parece estar bajo control.

Al margen de aquella maldita piedra en el camino, me ha encantado volver a África y hacerlo sobre una África Twin.

La CRF 1000 L me ha demostrado muy buenas maneras y que es una moto fantástica para los amantes de la aventura. Es capaz de transmitir buenas sensaciones en carretera abierta y defenderse en Off-Road a un altísimo nivel. Una moto que analizaré más profundamente en otro momento, pero que abre un nuevo capítulo entre las grandes trail.

Ahora es el momento de descansar, de recuperarme y de sentirme un tipo con suerte. No puedo dejar de agradecer Honda Motor Europe, Garmin y, por supuesto, a Solo Moto, por acompañarme en mis aventuras.

Todos ellos apuestan por un periodismo desde las trincheras y eso, amigos, os aseguro que no tiene precio en unos tiempos en los que la mayoría de los medios de comunicación se conforman -o no les queda más remedio que hacerlo- con el “cortar y pegar” de los comunicados de prensa.

Una piedra me ha apartado del camino, pero volveré a Africa, ya que sigue siendo un continente fascinante en el que me queda mucho por descubrir y dudas por resolver. Y por supuesto, lo haré de la mejor forma posible, es decir, encima de una moto.

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