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Triumph Street Twin: ¡Esta es tu Bonnie!

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Justo un par de semanas antes de que el Salón de Milán de este año abriese sus puertas, Triumph dio a conocer su pequeña revolución en Londres. A un reducido grupo de periodistas, entre los que se hallaba Solo Moto, mostró su nueva familia Bonneville, compuesta por cinco modelos, entre los que se hallaba esta pequeña Street Twin, la puerta de entrada a la familia retro por excelencia de bicilíndricas twin británicas.

Sí, es una Bonneville, de eso no cabe duda, aunque este nombre no aparece en su denominación… Pero, bueno, eso no importa porque externamente conserva los rasgos de familia, y nadie duda de que no sea una Bonneville. En Hinckley pensaron que les faltaba una moto de iniciación a la marca, y nada mejor que crear una Bonnie entry level, la familia con más carisma de la marca británica. Y aquí entra en escena esta Street Twin.

En Triumph se han decidido a darle un nuevo aire a medio camino entre lo clásico y moderno, que da como resultado un aspecto extremadamente sencillo, minimalista y fran­camente seductor. La nueva Street es una moto con un estilo más sobrio y elegante, nada recargado, que no precisa de cromados para llamar la atención. De hecho, resulta llamativo observar el bajísimo número de componentes que se han cromado; en su lugar, se utilizan piezas de aluminio mate o pulido y en consonancia con las modas actuales.

Pero los cambios no solo se han limitado al área estética, sino que también se ha aprove­chado para crear una moto con un carácter más fácil y versátil, y mejor dotada en cuanto a componentes. Para ello, se ha partido de cero estética y técnicamente a pesar de mantener, a simple vista, un enorme parecido con las versio­nes precedentes.

La Street es una moto notablemente más com­pacta, es más baja, estrecha, ligera y con una distancia entre ejes más corta que la Bonneville estándar. En la Street se ha buscado principal­mente recolocar al conductor en una posición que permita un mejor control sobre la moto, acercándolo hacia la rueda anterior, bajando el manillar y retrasando un poco las estriberas. Con ello, al mismo tiempo que se le imprime un talante un poco más deportivo, se consigue una posición de conducción más natural y un poco inclinada hacia delante, que sigue estando ba­sada en un asiento que, como mandan los cáno­nes, es igual de plano y tacaño en su relleno que antes, por lo que el confort de marcha de cara a largos desplazamientos tampoco se ha mejora­do ostensiblemente. De hecho, es una moto más pensada para un entorno urbano, con breves es­capadas de fin de semana por la provincia.

Fácil, sencilla, dinámica…
 

Dinámicamente sí que se aprecia un carácter renovado, la Street se siente como una moto más neutra y equilibrada, agilísima en trazados muy re­virados y con un paso por curva rápido y asombro­samente estable, como de costumbre.

Esto se debe a una parte ciclo que en princi­pio no llama mucho la intención, pero que al estar formada por elementos aparentemente sencillos pero de buena calidad ofrecen unos muy buenos resultados. En suspensiones, por ejemplo, se con­fía en la horquilla Kayaba de 41/120 mm de antes, mientras que detrás ganamos algo más de recorri­do con dos amortiguadores de 120 mm también fabricados por Kayaba. Junto con el típico chasis doble cuna forman un matrimonio excelente; nos dio la sensación de que en esta ocasión gozan de un tarado más sólido, aunque lo suficientemente progresivo tanto en extensión como en compre­sión para no ser catalogados de bruscos.

La frenada no recibe cambios, así que llegará al mercado con el mismo conjunto de discos y pinzas Nissin de siempre. A las buenas sensaciones de siempre hay que sumarle el incremento en la segu­ridad aportada por ABS, desarrollado en conjunto con Continental, que demostró ser realmente muy poco intrusivo, lo que nos permite conducir con total tranquilidad y sin molestia alguna.

Por último se varía la altura de la llanta anterior, que ahora alcanza las 18 pulgadas y, al mismo tiempo, se monta detrás un neumático más an­cho, en concreto de 150/70 x 17”, lo que mejora la capacidad de inclinación y el comportamiento en curva.

Uno de los puntos más importantes de esta re­novación ha sido la creación de un nuevo motor de aspecto realmente muy parecido al anterior, pero que interiormente no tiene prácticamente nada que ver. Una vez más, Triumph confía en la tradicional configuración bicilíndrico twin paralelo de siempre, pero ahora con una cilindrada de 900 cc –84,6 x 80 mm–, la culata es SOHC en lugar de DOHC y, también muy importante, por primera vez en su historia dispondrá de refrigeración líquida.

Es un pequeño propulsor con mucha perso­nalidad debido al calado del cigüeñal a 270º, que, al mismo tiempo, le aporta carácter tanto en el aspecto del sonido como del tacto y el comportamiento.

55 CV llenos de par
 

Verdaderamente, para ser un 900, no es que sea muy exigente; de hecho, sorprende su considerable reducción de potencia hasta los 55 CV a 5.900 rpm. Pero la marca británica no basa la experiencia de su Street Twin en la potencia, sino en el par, este sí que es mucho más generoso –80 Nm a solo 3.230 rpm, lo que supone un 18 % más que antes– y, lo que es más importante todavía, se encuentra en un rango importantísimo de revoluciones que va desde las 2.750 hasta las 4.750 vueltas. Gracias a ello, disfrutaremos de una respuesta muy aprovechable y eficiente, al mismo tiempo que resultará aún más fácil de conducir que sus predecesoras.

Y es que la Street es una moto para ser conducida a diario, con un tacto extremadamente agradable, un embrague que, además de ser antirrebote, es pura mantequilla y un nivel de vibraciones casi inexistente. Una peculiaridad de este propulsor es que se estira un poco menos que el anterior, a alto régimen es comparativamente más ineficaz, aunque no es una característica muy reprochable para una motocicleta de su categoría, que no in­vita precisamente a ir excesivamente alto de vueltas.

Esta mecánica supera la Euro 4 y consume un 36 % menos que una de las Bonnies ac­tuales –3,2 l a los 100 km–, lo que no afecta a su autonomía, pues el depósito de la Street tiene dos litros menos.

La casa de Hinckley ha logrado un gran producto que mantiene intacto el espíritu Bonneville a pesar de modernizarlo hasta lí­mites jamás vistos. Este es sin duda el modelo más avanzado, ya que, aparte de su preciosa estética, una parte ciclo solvente y un motor eficiente, la Street Twin es, por el momento, el modelo con la electrónica más avanzada. Elementos como el puño de gas electrónico o ride by wire, el sofisticado sistema de in­yección y sobre todo un sencillo pero efectivo control de tracción le aportan un alto grado de sofisticación.

En general, la Street es una de las nuevas retro más seguras del momen­to, tanto a la hora de frenar como acelerando sobre asfalto mojado o deslizante, que nos salvaguarda de un gran número de complica­ciones. El ABS y el control de tracción com­parten muchísimas cosas, además de los sen­sores colocados en ambas ruedas, también se parecen en su bajísimo nivel de intrusión y en una rapidísima respuesta que es funda­mental, ya no solo para mantenernos sanos y salvos, sino también para que podamos dis­frutar al máximo de su excelente conducción.

La valoración final es que por 8.800 euros te llevas una moto muy completa, con electróni­ca moderna, con un elevado nivel de calidad y con la innegable personalidad de las Bon­neville. Yo no me lo pensaría…

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