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Triumph Speed Triple 94 R: Eternamente joven

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Su mirada con un doble faro redondo fue y sigue siendo todo un signo de identidad, a pesar de que pasó a ser trapezoidal en su última revisión, lo que causó un intenso debate entre los amantes de la marca.

Esta versión R recupera los tonos, líneas y grafismos de la primera versión. El chasis de doble viga de tubos redondos, basculante monobrazo y su escape 3-2-1-2 que marcaron la diferencia siguen siendo un punto de referencia para la brit más famosa de los últimos tiempos.

La primera versión asomó hace ahora 21 años y en 1998 se presentó en el Salón de Birmingham la versión T 509 con chasis tubular de aluminio heredado de la Daytona y su doble faro redondo. Nació entonces, sin ninguna duda, uno de los modelos más carismáticos de la renacida fábrica del Reino Unido. Sin parar de evolucionar, en 2005, los silenciosos asomaron por debajo del asiento y el motor cubicaba 1.050 cc.

Actualmente se sirven dos versiones: Speed Triple 94 y 94 R, que es la que nos ocupa y que cuesta 200 e más que la versión básica. Una moto espectacular con su característico frontal y, en la popa, el enorme neumático de 190 al desnudo, por obra y gracia del no menos vistoso basculante monobrazo en fundición de aluminio. La Speed Triple tiene un concepto que otros muchos fabricantes han imitado desde su aparición. Tras una apariencia de café racer se esconde una moto de talante deportivo que, en las últimas ediciones, como en esta versión especial, ha llegado a rendir 138 CV. Una potencia bien distribuida y que, gracias a los avances de la electrónica en la que Triumph fue pionera, hacen de la Speed una moto de marcada personalidad en cuanto a respuesta.

Fieles a sus principios, los british mantienen la configuración de su tricilíndrico en línea transversal, DOHC, de 12 válvulas, en este caso con una cilindrada de 1050 cc. Un estilo de propulsor que a lo largo del tiempo se ha conservado y que curiosamente también ha sido adoptado por otros fabricantes, incluso japoneses.

Si bien es cierto que a la espera de las nuevas versiones 2016 los de Hinckley no han montado en esta 94 R diferentes modos de conducción o el control de tracción –que para muchos ya es imprescindible–, la verdad es que la entrega de potencia de esta Speed es sencillamente fantástica gracias a una generosa dosis de par y al buen trabajo de la electrónica. No exagero al afirmar que en la Speed conviven dos mundos diferentes. Suave, lineal, fluida y agradable a bajas vueltas y enérgica, excitante, potente y divertida cuando enroscas el puño de gas.

Y si el motor marca la diferencia, lo mismo sucede en la parte ciclo. El bas­tidor está inspirado en el doble viga del modelo de 1998, pero desde 2011 utiliza el motor como elemento portante para ganar rigidez y perder peso y ha­cerla más neutra y deportiva. Esta versión, en cuanto a suspensiones y frenos es todo un lujo. Incorpora una horquilla Öhlins NIX30 de 43 mm totalmente ajustable y el acabado exterior en negro anodizado, y detrás, un amortiguador Öhlins TTX36 fácilmente regulable. En lo referente a los frenos, el equipo de Brembo monta pinzas monobloque de anclaje radial, pinza de freno delantera también Brembo radial y ABS de serie (desconectable). Y para acabar de con­seguir buenas sensaciones, no faltan unos neumáticos Pirelli Supercorsa SP.

Vieja escuela

La verdad es que he tenido oportunidad de probar muchos modelos de Triumph en los últimos tiempos y no dejan de sorprenderme. Con esta Speed 94 R me ha sucedido lo mismo. Últimamente no dejamos de hablar maravillas del famoso ride by wire y de lo que su incorporación aporta. Pues bien, esta 94 R no monta este sistema sino que el acelerador es por cable, a la vieja usanza. Tampoco tenemos diferentes modos de conducción y ni siquiera control de tracción.

Pero el hecho de que lleve un cable del acelerador de toda la vida no signi­fica que este no funcione, y la verdad es que el carácter del tricilíndrico y su primer contacto con el puño de gas es una delicia. El tricilíndrico responde desde apenas 1.500 rpm, se muestra más consistente a partir de las 3.000 rpm y entre las 5.000 y las 10.000 vueltas es un festival de sensaciones. Un motor con un tacto muy especial pero muy fluido, dócil y fácil de conducir. No exagero al asegurar que es manso y preciso a bajas vueltas y con carácter en toda su gama de utilización, además de que su sonido (¡silba!) es inimitable.

Tan cierto como que la primera velocidad cuesta un poco de engranar, pero en el resto de las marchas (no lleva indicador de la marcha engranada), el tacto es suave y preciso. La posición de conducción me gusta con su manillar plano y ancho y las pun­tas ligeramente cerradas. El asiento es un poco duro pero confortable y ancho en la parte trasera, para quedar bien asentado. Las piernas están ligeramente flexionadas, pero sin exagerar.

Por ciudad se desenvuelve con relativa soltura, aunque es un poco alta de asiento, pero esta Speed Racing Yellow, con los paneles laterales a juego, silencioso negro y su chapa identificativa con aires de café racer de Joe Bar, parece reclamar carretera abierta… A unos 130 kilómetros/hora, el motor gira a 5.000 rpm y, lógicamente, no tiene mucha protección aerodinámica, pero la pequeña cúpula desvía ligera­mente el viento frontal y en las largas distancias es menos cansada que otras motos de su especie.

Entre curvas es un placer porque es fácil de conducir, de entrar en las cur­vas, y su manillar ancho facilita las cosas, pues pide poco esfuerzo y transmite información. No me acabó de gustar el efecto freno motor en las reducciones y este aspecto se mejoraría con un embrague antirrebote, pero al abrir el puño de gas la respuesta es inmediata y en toda su amplia gama de utilización este silbante tricilíndrico permite tanto una conducción deportiva como ir de paseo de forma relajada mirando el paisaje.

El tacto de las suspensiones es excepcional, tanto delante como detrás, y en combinación con su equipo de frenos pata negra, la verdad es que se con­sigue un conjunto de primera división. La horquilla tiene un tacto exquisito y transmite mucha confianza sobre cualquier superficie y el amortiguador trase­ro trabaja bien, siendo un lujo la facilidad con la que se accede a los reglajes. Los cambios de dirección se pueden hacer con velocidad y precisión inclu­so con el puño de gas abierto, y la sensación es casi propia de una deportiva a pesar de su posición de conducción.

Para puristas
 

Es sorprendente cómo esta Speed Triple, cuyo diseño no parece pasar nunca de moda, con una apariencia de streetfighter, es capaz de desenvolver­se con soltura en diferentes ambientes sin descartar la posibilidad de rodar en circuito con su enorme neumático trasero de 190, suspensiones de lujo completamente regulables y frenos Brembo potentes y a su vez dosificables en carretera abierta.

Una moto para puristas y para quien quiera disfrutar del valor añadido que supone montar un juego de suspensiones y frenos de altísimo nivel, además de una serie de detalles exclusivos. Una versión inspirada en el pasado, para sentirse eternamente joven.

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