Triumph Bonneville T 120-Black/Thruxton/Thruxton R: Familia ilustre
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Triumph Bonneville T 120-Black/Thruxton/Thruxton R: Familia ilustre

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Hablar de motos de estilo retro es, hoy en día, hablar de Triumph. La firma británica es la que más cuida su producto y nos ofrece moto­cicletas con un estilo muy purista, con unos acabados de primera y un diseño que enamora desde el primer golpe de vista. Nombres como Bonneville o Thruxton forman parte de la memoria colectiva del mundo del motor, dos estirpes que han sido y son sinónimos de calidad y prestigio.

Este es un gran año para los de Hinckley, la cantidad de novedades pre­sentada últimamente es enorme, pero seguro que ninguna ha sido tan es­pecial como las que hoy nos atañen, y es que la gama Modern Classic, como ellos la denominan, la forman sus niñas mimadas, que son el orgullo de la marca y la historia viviente de una marca legendaria como es Triumph.

Calidad impresionante
 

La verdad es que la calidad de las nuevas Bonneville T 120/Black y las Thruxton y Thruxton R es espectacular. Las dos familias siguen fielmente el diseño y el estilo de sus antepasadas de las décadas de los 50 y 60, aunque obviamente con una actualización tecnológica que no tiene parangón. Es sor­prendente cómo los creativos de la marca logran combinar con tanta maestría un diseño clásico con la tecnología más reciente, algo en lo que los británicos se han convertido en unos auténticos maestros a la vista de los resultados.

Sea cual sea nuestra preferida, la calidad de acabados es brutal. Si las miramos con calma encontraremos un montón de detalles realizados con un buen gusto exquisito, el nuevo motor, que ahora ha tenido que encon­trar espacio para colocar un circuito completo de refrigeración líquida, un sistema de escape más capaz y un cuerpo de inyección doble, respeta de todas formas a rajatabla el estilo original. Y es que sorprendentemente detalles como el radiador o el enorme catalizador se han logrado ocultar a la vista de forma magnífica, hasta el punto que pueden pasar prácticamente desapercibidos si no nos fijamos con un poco de atención.

Como en todas las Bonnies y Thruxton de nueva generación, las recién presentadas son motos a medio camino entre el futuro y el pasado, o al menos eso nos inspira elementos como el faro circular con el espectacular sistema de luz diurna DLR formado por leds –como en el caso del piloto posterior– o la integración de dos pantallas digitales con gran cantidad de información insertadas en un cuadro de instrumentos compuesto por dos esferas de estilo muy tradicional. Se mire por donde se mire, tanto las Bonneville como las Thruxton conservan la autenticidad de sus familias en detalles como las formas de los depósitos, las llantas de radios, los planos y anchos asientos; en todo nos recuerdan que forman parte de unas sagas cuyas antepasadas llevan décadas recorriendo las carreteras de medio mundo.

Uno para todos
 

Una vez más, Triumph nos propone dos opciones de uso claramente diferenciadas. Separando la jornada de pruebas por las preciosas ca­rreteras portuguesas de Cascáis en dos turnos, la gente de Hinckley nos volvió a demostrar que si lo que nos gustan son las motos de estilo clásico, Triumph es nuestra marca. Ya seamos conductores maduros que disfrutan del placer de conducir como jóvenes es busca de emociones, ellos tienen lo que necesitamos en sus Bonneville T 120 o Thruxton. La base de ambas y lo que da verdaderamente vida a esta nueva generación es un excelentísimo propulsor 4T LC bicilíndrico en paralelo de 1.200 cc con culata DOHC y cuatro válvulas por cilindro realizado sobre la base del anterior 865 cc.

Aparentemente conserva el aspecto familiar, pero interiormente y en cuanto a resultados está generacionalmente muy por encima. Lo que más nos gustó fue su exquisita suavidad de funciona­miento y su tremendo empuje debido a su impresionante par motor de 105 Nm a 3.100 rpm en el caso de la Bonnie y 112 Nm a 4.950 rpm en las Thruxton. Lógicamente, la potencia también asciende en ambos modelos, concretamente hasta los 80 CV en la Bonneville y 97 en las Thruxton. Esto representa, en el caso de la T 120, un incremento del 54 % en el par y un 18 % en la potencia respecto a los motores 900, aunque no solo eso mejora, pues con la nueva inyección, sistema de escapes y refrigeración, se reducen los consumos en un 13 %, se convierten en modelos Euro 4 y se gana en fiabilidad hasta tal punto que las revisiones se amplían a intervalos de 16.000 km o un año.

¡A disfrutar!
 

De los dos modelos presentados –con dos versiones cada uno–, la prensa únicamente tuvo acceso a la T 120 Black y a la Thruxton R. Si las Bonneville tan solo se diferencian por colores y acabados, las Thruxton/ R son dos Café Racer en toda regla, en la que la R está equipada con suspensiones y frenos de altísimo nivel.

La gente de Triumph tuvo a bien que comenzáramos la jornada de pruebas rodando sobre la T 120 Black, una naked con una posición de conducción comodísima y muy natural sobre la que te podrías pasar horas; todo se encuentra en su sitio y en un lugar muy accesible, por lo que no es difícil quedarse enamorado desde el primer vistazo. Como buena Classic, pesa un poco en parado, echarla marcha atrás tirando de piernas cuesta un poco, pero la altura del asiento es tan baja que podemos hacer mucha fuerza si es necesario. La puesta en marcha es la de siempre y el sonido que surge al ralentí de los escapes peas shooter de acero cepillado es espectacular…

Ya se nos cae la baba pensando en el sonido que hará al reducir…

Los primeros kilómetros son una pasada, todo en la Bonnie tiene un tacto superdulce, el acelerador (ride by wire) y embrague son mantequilla pura, el cambio no comete ni un fallo –reduciendo es una maravilla gracias al embrague antirrebote– y el motor… ¡el motor es una pasada! Desde solo las tres mil vueltas de marcador ya notas cómo empuja, esto nos permite acelerar de forma rápida y lineal, sin balanceos raros ni tirones extraños.

El par, como ya hemos comentado, es magnífico, no solo nos permite acelerar y recuperar con mucha fuerza, sino también simplifica muchísimo la conduc­ción, ya que en tercera o cuarta podemos circular por carretera de curvas a ritmo ligero sin el agobio de ir cambiando de marcha. Lo único que no gustó demasiado es la coz que en ocasiones nos da la Bonneville al cortar y abrir gas rápidamente en marchas cortas, le resta precisión cuando la velocidad de circulación está entre los 20 y 60 km/h, aunque el preciso tacto del embrague nos puede ayudar a suavizar bastante la situación.

Vieja escuela
 

Por nueva y moderna que sea, la T 120 es una moto de la vieja escuela, y es que su posición de conducción, pero sobre todo su parte ciclo, la hacen comportarse como tal. En cuanto al chasis –doble cuna de acero–, se siente muy sólido, noble, por lo que no tendremos ningún problema. En lo que respecta a suspensiones, tanto la horquilla como los amortiguado­res posteriores, ambos de Kayaba y con 120 mm de recorrido, tienen un comportamiento muy directo y un poco bronco atrás. Su tarado de serie se decanta hacia la dureza y el mal estado de la mayoría de las carreteras que nos encontramos no ayudaba demasiado a hacernos una buena opinión sobre ellos en estas circunstancias.

Pero sobre asfalto bueno rinden a la perfección; en conjunto con el chasis, las llantas de radios de 17 y 18 pul­gadas, y los neumáticos de buen grosor que las acompañan, nos ofrecen un pack muy bien equilibrado y conjuntado, lo que se aprecia en la precisión de las trazadas –toca estriberas bastante fácil al inclinar–, en estabilidad en el paso por curva y en consistencia en las frenadas. Precisamente en este punto tenemos muy poco de qué preocuparnos, ya que las T120 llegan con un buen sistema de frenada firmado por Nissin. Obviamente no tiene un tacto ni comportamiento muy deportivo, pero los dos discos delanteros de 310 mm y el trasero de 255 mm cumplen sobradamente con su cometido.

Además, por si fuera poco, también dispone de ABS, que podemos dar fe de su rápida y efectiva respuesta en los múltiples tramos con humedades y deslizantes que nos encontramos. En estos tramos también pudimos apre­ciar las excelencias de la grandísima electrónica que trae la T120; como en las modernas motos deportivas, nos da a elegir entre dos modos de conducción y, en el caso del control de tracción que equipa (Rain y Road), la posibilidad de desconectarlo.

Tanto la T120 estándar como la T120 Black tienen un precio idéntico de 11.900 euros, obviamente no son unas motos económicas, pero su diseño, calidad de acabados, exclusividad y tecnología tiene un precio. Ahora solo tú decides si merece la pena pagarlo.

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