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Si no sabes ir en moto, necesitas un curso del Honda Instituto de Seguridad

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Cuando éramos chavales, la única manera de poder catar una moto antes de sacarte el carné era cogiendo la de un amigo o la de tu abuelo. Poca cosa aprendías, salvo que darte de bruces de la manera más tonta hacía más daño de lo que te pensabas… Vamos, que aprendías a ir en moto de la manera más dura, a base de tortazos.

Luego en la autoescuela te enseñaban a sortear unos conos, a pasar entre unas planchas y a frenar donde ellos te decían, y con eso ya sabías ir en moto. Lo aprendías como un mono de circo, a fuerza de repetir las maniobras una y otra vez… Y no sabías hacer nada más. Pero lo peor es que nadie te enseñaba que si un asfalto brilla, es que patina; si el asfalto cambia de color, es que puede que haya aceite o agua; qué es lo que debes revisar en una moto antes de emprender la marcha, o qué precauciones debes tomar circulando en ciudad. No. Por suerte, todo esto es cosa del pasado, porque ahora sí existe una escuela de verdad, una escuela en la que te enseñan a ir en moto desde la base, no a hacer vueltas en un circuito de velocidad, sino a aprender a cómo desenvolverte en el día a día; te enseñan lo básico que nadie enseña. Y esa escuela es el Honda Instituto de Seguridad.

Desde cero
En un reportaje anterior habíamos hablado de lo útil que es este centro para que los convalidados pasen del coche al scooter de 125 cc con todas las garantías o para que los más pequeños puedan comenzar a ir en moto desde los seis años sobre las pequeñas Honda CRF de off-road. Además de éstas, existe otra utilidad importante, y es la de formar a los adolescentes que desean comprarse un ciclomotor y que nunca han ido en moto.

La primera vez en cualquier experiencia se recuerda toda la vida; ¿no es así? Para un adolescente que nunca ha ido en moto –ciclomotor en este caso-, la primera vez que experimente la sensación de pilotar un ciclomotor quedará grabada en su mente para toda la vida. Y si esa experiencia es enriquecedora y formativa, grabará a fuego en su mente las buenas prácticas sobre una moto, y se evitará que se adquieran vicios indeseables. Entonces, ¿qué hay mejor que la primera vez que se suba a un ciclomotor lo haga de la mano de gente verdaderamente experta sobre dos ruedas? Por ello es altamente recomendable que estos adolescentes con ansias de ser moteros comiencen su instrucción de la mano de moteros expertos, y no con amigotes pseudomoteros sin experiencia o profesores de autoescuela que sólo les enseñarán a cumplir unas normas de tráfico y a aprobar un examen –labor muy loable y que cumplen de manera excelente, pero que se antoja insuficiente para la complejidad de la circulación en moto.

Completo y didáctico
Si la primera vez que te subes a la moto te dicen que hay que ponerse el casco y los guantes, y que “ir en moto es peligroso y que si no prestas atención, te juegas la vida”, la cosa marca. Ya no te olvidas de esas primeras palabras el resto de tu vida. Y más si te lo dice un monitor motero experto y veterano, sin pelos en la lengua: ir en moto mata si no lo haces bien. Y ésta es la realidad. Así que toca aplicarse.

En el HIS, el curso para novatos comienza a las nueve de la mañana. La primera parte es la más tediosa, pero necesaria. Presentación de los alumnos, una pequeña charla de teórica sobre trazadas en carretera, posición sobre la moto, cómo comportarse según las situaciones del tráfico, cómo frenar, hacia dónde debe dirigirse nuestra mirada… Tras ello llega la primera parte divertida, la simulación práctica de situaciones que se dan en el tráfico del día a día: en la sala de simuladores –un ordenador con un programa informático que reproduce un escenario virtual-, los alumnos comienzan a pilotar en un videojuego, que les enseña qué situaciones de peligro se pueden producir llevando una moto. Y son simulaciones de lo que todos nosotros como moteros hemos vivido y experimentado, y que revivimos cada día entre el tráfico urbano. El simulador es tremendamente real: peatones que cruzan inesperadamente tras un autobús, coches que salen de detrás de un camión y cruzan la carretera, vehículos que invaden nuestro carril sin previo aviso… El programa informático nos enseña a experimentar situaciones de peligro con total seguridad, y nos enseña a pensar mal en todo momento, intentando que aprendamos a prever situaciones de peligro. Genial.

Tras el juego, llega la hora de la realidad: a montar en moto, ciclomotor en este caso, unos Honda Vision 50.

A jugar
La parte práctica es interesante porque todo se enseña desde cero. El monitor muestra a los alumnos qué deben revisar en un scooter, cómo tienen que sentarse, cuáles son los mandos y peculiaridades, y, a continuación, se les enseña el equipamiento y cómo equiparse. Tras una breve charla vuelven de nuevo a los scooters y comienzan a enseñarles cómo se mueve un scooter en parado, a girarlo, a colocarlo y bajarlo del caballete –casi nadie lo sabe hacer- y, a continuación, ya comienza el movimiento. Frenar, acelerar, frenar, mantener el equilibrio, dar gas en una recta, pasar entre unas líneas paralelas pintadas en el asfalto… Todo se sucede con naturalidad para no empachar a los novatos. Alguno tiene más problemas que otros, pero todos van evolucionando más o menos.

Luego ya se les enseña a cómo tomar una curva, anticipando la mirada e inclinando ligeramente. Los más atrevidos quieren imitar al monitor y alguno roza ya con el caballete en el asfalto… ¡Los hay que aprenden rápido! A otros les cuesta inclinar y trazan la curva a saltos, pero bueno, es sólo el principio.

Los novatos tampoco se libran de hacer el slalom entre conos, de realizar ochos y de hacer giros cerrados constantes de 360°. Van tomando soltura. Con el paso de las horas ya ves que aquellos reclutas van convirtiéndose en soldados veteranos y que ya no tienen tanto miedo, y es que las chicas de treinta y pico que nunca han ido en moto muestran un tremendo respecto y miedo, que poco a poco van perdiendo.

La jornada finaliza a las tres de la tarde, momento en el que los asistentes reciben su merecido diploma de asistencia y aprovechamiento del cursillo, así como un librito de Honda sobre conducción segura –de lectura altamente recomendable y casi obligada-. Cansados, pero con caras sonrientes, todos coinciden en que el curso de seis horas, por 80 euros, vale mucho la pena –una hora de autoescuela te cuesta 35 euros-. Aprender a ir en moto es una asignatura pendiente para todos y, sobre todo, para los más jóvenes, los que nunca han ido en moto y quieren hacerlo. Apúntate, no te arrepentirás. Tú también puedes empezar desde cero en el mundo de la moto, y con el buen pie puesto en el HIS.

 

Reportaje publicado en la revisto SoloMoto número 1878

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