Ruta motera desde Madrid a Aranjuez
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Ruta motera desde Madrid a Aranjuez

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Desde la A2 y antes de lle­gar a Alcalá de Henares, tomamos la salida 23 que nos conducirá a la carretera M-300. En breve llega­mos a la minúscula población de Nuevo Baztán, que sorprende al viajero con su palacio e iglesia de principios del siglo XVIII, justo al lado izquierdo de la carretera.

A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de las ciudades españolas, fundadas bastantes siglos atrás, Nuevo Baztán tiene un origen más reciente: allá por el año 1709, un navarro de nom­bre Juan de Goyeneche y bazta­nés de nacimiento, de Baztán, Navarra, fijó su atención en una meseta muy cerca de Madrid, poblada de acebos. Allí decidió construir una gran fábrica de vidrios –los acebos son árboles idóneos para servir de combus­tible a los grandes hornos de fundición– y, en torno a ella, uno de los primeros pueblos indus­triales.

De esta manera se funda Nuevo Baztán, como proyecto industrial de Juan de Goyeneche, editor, periodista y político espa­ñol, que adquirió los derechos de “La Gaceta de Madrid”, el periódico de interés general más antiguo de España y antecesor del Boletín Oficial del Estado, y encargó la construcción del palacio de Goyeneche en la calle Alcalá de Madrid, sede actual de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Actualmente el pueblo ha que­dado atrapado en un pasado cuya gloria parece que no regre­sará. Con el paso del tiempo, las fábricas cerraron o se traslada­ron, los acebos desaparecieron y con ellos las oportunidades económicas. Pero todavía se aprecia cierto encanto al caminar por este conjunto de edificios barrocos, ejemplo de una arqui­tectura industrial que podríamos considerar antesala de la revolu­ción industrial que comenzaba a llegar a España.

Chinchón
 

La carretera continúa por la ribera del Tajuña, un afluente del Jarama que aparece y desapa­rece a cada curva. Siguiendo el segundo río más largo de la cuenca del Tajo, llegamos hasta la A3, que esquivamos con deci­sión para continuar nuestro reco­rrido en dirección a Chinchón.

Si algo tiene Chinchón es una buena ubicación. Y una precio­sa plaza, todo sea dicho. Este pueblo, uno de los más visitados de la Comunidad de Madrid, se construyó sobre una elevación que permitía otear las fértiles vegas del Tajuña, además de facilitar su defensa. Las vistas desde el castillo son impresio­nantes y justifican la elección de semejante otero.

Lo más llamativo de Chinchón, aparte de su magnífico anís, es la plaza Mayor. Este ejemplo de plaza medieval sorprende por su estructura circular, la regu­laridad de sus 234 balcones y el ambiente que la rodea día y noche. Como en tantas otras plazas españolas, aquí tuvieron lugar desde corridas de toros hasta autos sacramentales, actos políticos, religiosos, ejecucio­nes y obras de teatro, incluso ha llegado a aparecer en algunas producciones cinematográficas, como en la escena taurina de “La vuelta al mundo en 80 días”.

Desde Chinchón tomamos la M-404 en dirección a Titulcia, donde teníamos pensado parar a comer en el famoso restaurante El Rincón de Luis, pero antes de llegar, nos desviamos para acer­carnos a la laguna de San Juan: una excusa como otra cualquiera para disfrutar de la polivalencia de la GS y poner un poco de off-road en la ruta y, de paso, parar a tomar alguna que otra fotografía en plena naturaleza.

Titulcia
 

El Rincón de Luis hace las deli­cias de los habitantes de Titulcia, así como de cualquier viajero que aproveche las mesas que están en la acera para tomar un aperitivo al sol o los salones para degustar un buen cordero salco­chado.

Después de comer, salimos en dirección a Aranjuez, con la inten­ción de circular por la ribera del Jarama. Para nuestra desgracia, la pista que pretendíamos coger era una vía pecuaria de esas tan frecuentes en Madrid, con su cartel indicando que estaba prohibido el acceso de vehículos a motor no autorizados. Nuestro gozo en un pozo. Improvisando sobre la marcha, tomamos la carretera que lleva a Villaconejos y, desde allí, la M-305 hasta que nos topamos con el Tajo, que sería el encargado de mecernos suavemente hasta Aranjuez.

Es recomendable la visita al Real Cortijo de San Isidro, una pedanía de Aranjuez cuyo origen se encuentra en la explotación agrícola mandada construir por Carlos III sobre los terrenos de la antigua Villafranca, siglo XII. De nuevo asistimos a la creación de pequeños núcleos urbanos en pleno siglo XVIII, con finalidad industrial o agrícola. Dentro de los pocos edificios que contiene esta entidad local menor se halla la Real Bodega de Carlos III.

El Real Sitio de Aranjuez es monumental, como corresponde a una villa donde se encuentra una de las residencias de la Familia Real. Su gastronomía es de primer nivel, basada en las verduras y hortalizas que las vegas de los ríos cercanos pro­ducen en abundancia y calidad. Acabada la visita, recogimos la moto y volvimos a Madrid evi­tando en la medida de lo posible la A4. La carretera M-307 nos llevó hasta San Martín de la Vega y desde allí la M-301 hasta la capital. Apenas escuché el tráfico que me engullía, pues en mi cabeza sólo sonaba el mara­villoso adagio del Concierto de Aranjuez del Maestro Joaquín Rodrigo, en el brillante timbre de la guitarra de Andrés Segovia. 

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