Ruta Embajada a Samarcanda, con Miquel Silvestre
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Ruta Embajada a Samarcanda, con Miquel Silvestre

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Francia suele verse como un obstáculo, algo así como un jueves que está siempre en medio. Quienes pensamos así, buscamos opciones alternativas. Cuando planeé mi Ruta Embajada a Samarcanda, decidí que saldría desde la Ciudad Condal hasta Civitavecchia en el ferry de Grimaldi.

Yo debía acudir al evento y acompañar a la trouppe unos kilómetros. Esto no es una imposición sino un favor que me pedía alguien a quien ya considero un amigo y no un mero representante de una empresa. Si David quería que fuera y convenciera a alguno de mis amigos de acudir, no me iba a negar porque sé que estos eventos internacionales son importantes y dicen mucho de la organización local en la sede central de Múnich. Me resigné, pues, a ejercer de figurante de un anuncio y a chuparme esa atroz, congestionada y ventosa autovía A8 que recorre el litoral mediterráneo francés.

La fiesta en BMW Barcelona
La salida fue multitudinaria. Muchas motos nos acompañaron. El viaje fue por autovía hasta cerca de Camprodon, donde almorzamos y nos dirigimos a Francia recorriendo los Pirineos. Durante la comida conocí a los miembros del equipo. El jefe del asunto es Eric Massiet du Biest, un francés de mediana edad que lleva desde los ochenta organizando viajes de aventura en moto. Le acompañan un joven cámara también francés, Romain, que habla español, ya que pasó una larga temporada en Suramérica. Luego está Ulla, la fotógrafa, alemana, menuda y simpática. Su novio, Bastian, es técnico para todo y conductor del BMW X5 de apoyo. El grupo lo cierra Klaus, noruego. Conduce el Popeye, el camión remolque que llevaría las motos en caso de avería.

En Francia
Hicimos sin contratiempos la larga distancia hasta Cascatel des Corbiers, un pueblecito dedicado al vino, no sin antes hacer una maravillosa pista pirenaica que subía hasta una altísima cota desde donde se divisaba un panorama fantástico. Durante esta primera etapa pude darme cuenta de que Stephani Rowe es una buena conductora en carretera, pero sobre todo fuera de ella. Cuando la vi trepar pedregal arriba como alma que lleva el diablo, comprendí que no era sólo una cara bonita elegida para dar color femenino al anuncio. Cuando tuvimos ocasión de charlar, me contó que es competidora de enduro en su país. Sin titubeos ni miedos, entre piedras y barro, domó la nueva BMW que recién había empezado a conducir.

El comienzo de mi viaje esta vez fue diferente. Acompañaría a la expedición de BMWpara promocionar la nueva GS… y fue maravilloso

Otra de las cosas que comprobé fue la extraordinaria profesionalidad del equipo, especialmente del cámara y de la fotógrafa. Sin embargo, lo que de verdad me llamó la atención fue el comportamiento de Eric. Su forma de pilotar es la de un maestro. También me admiró su sentido del humor y el carisma que emana de él. Resulta sorprendente que alguien a quien BMW Motorrad ha elegido para desarrollar un proyecto tan importante se comportara a veces como un payaso, en el buen sentido de la palabra. Sin tomarse en serio a sí mismo pero sin dejar de ejercer el control absoluto del asunto. Se le veía disfrutar con su trabajo y tener en cuenta a su equipo.

Tiene entre manos una expedición a Pekín pero, sin embargo, se fija en todo. No se le escapa un detalle. Toma la información que necesita, la procesa a toda velocidad, se hace una idea de lo que supone y clasifica a las personas. Todavía siente pasión por esto y en el modo en que todos le tratan se aprecia que es un líder natural.

Y luego, qué conocimiento del país. Los lugares por donde estábamos pasando eran absolutamente maravillosos. Carreteras desiertas de alta montaña, pueblecitos perdidos, parajes primigenios. Y cuando ya tarde llegamos a nuestro destino y vi el tremendo encanto del coqueto alojamiento rural donde dormiríamos, me di cuenta de que había disfrutado de verdad del viaje y de la compañía. Así que decidí que tal vez no fuera mala idea acompañarles una jornada más y ver en qué paraba todo aquello. Y en lo que paró, por lo menos aquella noche, fue en una magnífica cena extraordinariamente regada con vinos locales y hasta con un brindis del aquavit, ese poderoso aguardiente nórdico que guarda celosamente Klaus como un auténtico tesoro.

Beziers
El día siguiente nos regaló lluvia en cantidades industriales mientras recorríamos el país cátaro. Como la jornada se arruinaba, decidí hacer un viaje en solitario hasta Beziers. Quería visitar la ciudad que fuera capital de la herejía cátara. Lo que se disfrazó de cruzada religiosa contra la desviación albigense fue en realidad una guerra política contra la independencia del condado de Tolosa. El rey Felipe Augusto buscaba la unidad de su reino aliándose con el Papa, quien le dio carta blanca para acabar con los cátaros. Ante la gótica Catedral de San Nazario recordé la frase brutal que barbotara el enviado del Papa, el abad Arnoldo, cuando el capitán de las tropas reales le preguntó cómo distinguir a los católicos de los herejes. “Matadlos a todos, que Dios distinguirá a los suyos”.

Día de playa en La Camargue
La mañana se levantó radiante. Salimos pronto y recorrimos las montañas camino de Nimes. Allí nos esperaban en el concesionario local de BMW Motorrad con un magnífico catering. Pero lo mejor no fue la comida, sino que ese día visitaríamos la región de la Camargue, famosa por sus planas playas de arena y por sus toros de lidia. Es la zona de la tauromaquia francesa.

Las carreteras costeras eran estrechas y divertidas, pero la diversión empezó cuando se terminó el asfalto. La pista bacheada y empedrada estaba llena de profundos charcos repletos de barro y agua. Los locales iban a toda velocidad y los demás les seguimos a su ritmo. Acabamos de barro hasta las cejas. Primer bautismo real para Victoria. Volábamos sobre una estrecha senda como agua a ambos lados. Íbamos a la playa. Y llegamos, y la arena estaba dura, y el sol alto, y el humor eufórico y nos lanzamos en manada hasta el agua y yo llegué más allá y me mojé entero y la espuma de mar saltó en todas direcciones y yo reía y me sentía feliz por estar allí al comienzo de mi viaje y tener por delante todavía cinco meses de completa libertad. Y así, en las playas de La Camargue, empapado de agua de mar y sucio de barro, me di cuenta de que por fin había salido de viaje y sonreí.

El teatro romano de Orange

Al despertar, más agua. Le pregunté a Eric dónde dormiríamos esa noche. “En Orange”, respondió. Se me iluminó la cara. “No estaréis pensando en lo que creo que estáis pensando”, comenté. Él me guiñó pícaro y asintió con la cabeza. Y así fue, lo pensaron y lo hicieron. BMW Motorrad Francia consiguió permiso para meter más de cien motos en el Teatro Romano de Orange, construido en el siglo I por Julio César. Dentro de uno de los teatros romanos más antiguos y mejor conservados del mundo, con su fachada de 160 metros sobre nosotros y rodeado por las gradas para diez mil personas, la emoción que sentí fue tan fuerte e intensa como el aquavit de Klaus.

La Costa Azul y despedida
La siguiente etapa nos llevó a través de los Alpes marítimos, los que protegen la Costa Azul. Hubo dos partes: la alpina y la marítima. La primera fue deliciosa mientras recorríamos unos parajes montunos y agrestes, casi vacíos. Según fuimos descendiendo, la carretera mejoraba y en las curvas de amplios giros y peraltes fui pegado a la rueda de Eric, quien más que conducir dibujaba. Ese tramo fue nuestro y dejamos a todo el grupo atrás. Al llegar a la Costa Azul se puso a llover y el tráfico enloqueció. Sobre todo en Mónaco. Allí nos recibieron en el concesionario de BMW para ofrecernos canapés y champán. Resultaba un poco surrealista estar allí, en el templo del lujo, con las motos sucias y la ropa mugrienta. Pero así es el estilo del aventurero BMW.

Creo que he sabido ganarme el respeto de este equipo gracias a no entrometerme en su trabajo, a ayudar en la medida de lo posible, a hacer lo que me han pedido y a mis ganas de aprender. Estoy contento de haber entrado de este modo en la historia del proyecto One World One GS 1200 y de salir en uno de sus documentales hablando de la magia del viaje de aventura. Era tentadora la idea de acompañarles hasta la fiesta final en Munich, pero sé que ése no es mi lugar. Mi sitio es sobre mi moto y realmente tengo ganas de empezar mi propio viaje y ser el único jefe de mi expedición.

Como le grité a Romain mientras aceleraba para alejarme: “Hoy es el primer día del resto de mi vida”.

Ahora volaría solo, como es costumbre en mí, hacia Samarcanda, mi meta.

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