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Rutas

puntApunta Marruecos 2018: Tierra de contrastes

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Fotografías de BMW

La segunda edición del puntApunta Marruecos 2018 Espíritu GS concluyó dejándonos un muy buen sabor de boca por lo vivido. Esta es la primera parte del relato de un evento en que hemos conocido dos países en uno, con dos climas casi opuestos.

Seguro que habrás oído muchas veces ese tópico que reza que Marruecos es un país de contrastes, y seguro que, si no has estado aún allí, todo aquel que ha vuelto de viajar en moto por el país vecino te ha dicho que es cierto, que es un país de lo más variado y… ¡que debes visitarlo!

Pues bien, pese a que ya lo conocía de dos estancias previas, en las que pude comprobar de primera mano que sí, que todo eso es cierto, me quedó aún más claro que se trata de uno de los destinos más maravillosos que puedas tener en mente para recorrer sobre dos ruedas.

La primera vez que lo visitas te queda claro que a cada hora que avanzas el paisaje y el clima cambian como si se tratase de muchos países en uno, con un ambiente que va desde lo más mediterráneo hasta lo desértico, pasando por la alta montaña en la zona del Atlas.

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Pero nunca imaginas que puedas acabar conduciendo tres días con el termómetro entrando por los pelos en la escala positiva del termómetro y llegando a ver a ratos la barrita que indica que estamos bajo cero, mientras la nieve y la lluvia torrencial cae sobre ti a lo largo de la mayor parte de las horas del día…

Vamos, que las primeras etapas del PuntApunta Marruecos de este año han tenido un elevado componente épico.

Reunión en Motril para el puntApunta Marruecos

Todo comenzó el 26 de octubre en Motril, lugar donde la organización había dispuesto el hotel de reunión y donde pasar verificaciones administrativas y técnicas, además de instalar los neumáticos de tacos, servicio que ofreció Metzeler con sus Karoo 3.

Algunos participantes llegaban ya con centenares de kilómetros acumulados, puesto que llegaban desde todas partes de la Península, si bien otros confiaron el transporte de sus GS a Almarza, una de las compañías patrocinadoras del evento.

Tras pasar los trámites pertinentes, recibir el “welcome pack” y los dorsales adhesivos, se entregaba a cada participante una baliza de auxilio para casos de emergencia, con las que el staff mantuvo monitorizada en todo momento la posición exacta de cada participante.

Tras las verificaciones, Toni, el alma mater de la organización, ofició de maestro de ceremonias advirtiendo de las normas básicas de seguridad a la hora de conducir por Marruecos.

Por parte de BMW intervinieron Jaime Girón, responsable de eventos de la firma, y el mismísimo Alexander von Scheidt, director de BMW Motorrad España.

A partir de ese momento, además de trabajar y mucho junto al staff de la organización para que todos los participantes del evento no tuviesen que preocuparse de nada más que de echar gasolina en sus motos, navegar correctamente y disfrutar de cada instante y cada kilómetro, fueron dos amigos más en ruta.

El sábado comenzó pronto, dado que lo primero sería embarcar en el ferry que nos llevaría a Alhucemas, lugar de desembarco. Durante el trayecto vimos una jugada maestra por parte del staff: dos policías de aduanas a bordo se encargaron de realizar todos los farragosos trámites de entrada al país con vehículo.

Así consiguieron ahorrar al grupo, compuesto de 54 motos, un camión de asistencia, dos furgones y varios 4×4, al menos entre 3 y 4 horas de espera una vez desembarcados.

De ahí al hotel, donde se cambiarían euros por dirhams, se facilitarían tarjetas telefónicas marroquíes a quienes lo necesitaran, los mecánicos realizarían los últimos ajustes a las motos que lo necesitaron y, a última hora de la tarde, se llevó a cabo el primer briefing específico sobre una etapa y se entregó el road-book a cada participante.

Allí se avisó del temporal que nos empezaba a acechar…

Alhucemas-Meknès

Partíamos pronto tras desayunar viendo cómo la lluvia llevaba media noche haciendo acto de presencia y sin intención de aflojar. Los 336 km previstos se recorrieron totalmente por carretera, a una velocidad media prevista en seco de unos 55 km/h.

Pero, tras partir a nivel del mar con lluvia y unos 9 grados Celsius, al acercarnos a la zona montañosa del primer tercio de la etapa, con una cota máxima de 1.625 m, vimos que el agua que caía se tornaba en aguanieve primero y en una intensísima nevada después.

Las pantallas de los cascos o las máscaras de off-road se fueron cubriendo de hielo y dejaron de permitir la visión directa, así que tocó bajar mucho el ritmo y sufrir un par de horas esas condiciones, reponiendo temperatura a base de paradas en las que tomar un té cuando se podía…

Y ni siquiera estábamos cerca de la cordillera del Atlas, que era donde podíamos prever que nos podríamos encontrar algo de nieve en los márgenes de las carreteras…

Los Karoo 3 iban adaptándose sorprendentemente bien a los cambios de asfalto encharcado, cuando no a la nieve que se amontonaba a ratos, y los bajos de la flamante y recién estrenada R 1250 GS que BMW nos había cedido para recorrer Marruecos nos sacaban de todos los problemas imaginables con un modo Rain que funciona a la perfección.

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Los puños calefactables resultaron impagables en una larga jornada de las de mono de agua durante todas las horas del día, con los guantes chorreando permanentemente. Una etapa que, aparentemente, debía ser la más sencilla del programa, con un plácido recorrido por asfalto hacia el interior del país. Pero es que Marruecos es todo aventura y una sorpresa tras otra…

Los participantes fuimos llegando al hotel poco a poco, a disfrutar de una ducha caliente que valoramos como pocas cosas… Allí todos pudimos contrastar la fidelidad del road-book, que contaba con las indicaciones justas, pero siempre precisas, ya que muy pocos fueron los errores de navegación que acabaron en rodeos por parte de los participantes, y cuando los hubo, fue por despiste tras muchas horas aguantando agua, frío y nieve.

¡Muy bien por sus diseñadores! Una vez recuperados, briefing, entrega del rutómetro de la siguiente etapa y a descansar.

Meknès-Midelt

Partíamos dirección a Midelt con unos 350 km previstos, también de asfalto, pero ya por trazados montañosos del medio Atlas y sus famosos bosques de cedros.

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Es un escenario precioso, pero que también se vio afectado por la intensa y basta tormenta que cubrió todo el país, desde su costa norte hasta las mismísimas dunas de Merzouga, de modo que nos encontramos cruzando pueblos de adobe durante horas bajo frío o una lluvia que a ratos arreciaba y a ratos era pasable, pero que no daba tregua.

Aquí empezamos a ver que muchos de los “oueds” que cruzábamos, los famosos cauces de los ríos secos que se encuentran por todo el país, contaban con un caudal de agua bajando con fuerza que era capaz de romper el asfalto o el hormigón de los pasos en cualquier momento.

Algunos bajaban con muchísima fuerza, arrastrando mucho lodo, cañas, piedras y sedimentos de todo tipo, así que nunca, pero nunca, hay que creer que un aparentemente inofensivo paso de agua que a la vista tiene apenas un par de palmos de profundidad puede pasarse sin problemas.

El caso es que, hacia última hora de la mañana, tras sellar en un control de paso nuestro pasaporte de ruta, el cielo nos dio un rato de tregua y pudimos hacer las primeras fotos con algo de luz.

Seguimos tirando y, más adelante, veríamos cómo nos tocaba subir a un puerto que acababa en una cota cercana a los 2.000 metros de altitud, lo que hicimos David, Juan (dos compañeros de otros medios, ahora amigos, con quienes compartimos muchos kilómetros y risas, a bordo de nuestras 1250) y yo mismo, tras repostar y tomar un té y unas galletas para retomar la temperatura.

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En la gasolinera encontramos un 4×4 de la organización, el del simpático Nomah, que estaba junto al doctor, disfrutando de un paquete de embutido ibérico envasado al vacío, algo que no puedes comprar en Marruecos, desde luego…

Allí iba avisando a la gente de lo que nos esperaba al comenzar a subir, y aconsejando que parásemos lo mínimo posible dado el riesgo de que nos cortasen carreteras por el temporal.

Empezamos a escalar y, en apenas unos pocos kilómetros, nos fue cayendo una nevada propia de los Pirineos o de Sierra Nevada en pleno mes de enero, hasta dejarlo todo completamente blanco a un lado y otro de la carretera una vez que llegamos a lo alto.

Seguimos adelante y, tras la bajada, que comienza unos 3 km más adelante, la nieve fue desapareciendo hasta que llegamos a una población en la que debíamos, según las indicaciones del road-book, seguir recto y seguir cruzando la cordillera.

Pero la policía había cortado la ruta por la que estaba cayendo, ya que por allí las máquinas no habían pasado aún a limpiar. Nos orientamos preguntando y vimos que para llegar a Midelt había que bordear las montañas sin cruzarlas, lo que acababa añadiendo a la jornada unos 150 km extra de carretera y lluvia.

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¡Quién dijo que esto iba a ser fácil! Llegamos al hotel Tardat, en las inmediaciones de Midelt, con la luz baja, y muchos compañeros lo hicieron ya en plena noche: todo se había alargado mucho, pero la organización había ido escoltando a todo el mundo y nadie se perdió, ni hubo incidente alguno. ¡Genial!

Midelt-Boulmane Dadès

Tras la rutina consistente en llegar al hotel, descargar la moto, que nos asignen las habitaciones y subir a quitarnos la ropa de agua y convertirlo todo en una especie de tendedero improvisado, con la calefacción al máximo, nos destinamos a bajar para briefing, entrega de road-book y cena.

A la mañana siguiente el día empezó con nubes y claros, además de con escarcha en asientos y parabrisas, pero ya no llovía, y a partir de ese momento solo encontramos algunos chispeos esporádicos.

Lo que no nos abandonó fue el frío intenso: salíamos por la mañana con no más de seis grados, con un viento racheado cambiante y con una majestuosa vista del medio Atlas a nuestra derecha, en la lejanía, completamente blanco.

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A los pocos kilómetros el paisaje empezó a volverse árido, ese rápido cambio de escenario que se vive al cruzar Marruecos de norte a sur y que impacta la primera vez que lo vives.

De golpe pasas a no ver más bosque, y solo olivos presiden algunos campos. Pero es que un poco más adelante ya empiezas a ver acacias y arbustos de secano extremo…

El paisaje es cada vez más pedregoso, y empezamos, camino de Boulmane Dadès, a encontrarnos con pequeñas aldeas bereberes de las que salen niños por todas partes a saludar. Y si, ya fuera de las aldeas, paras con la moto donde crees que no hay nada ni nada alrededor, también aparecerán más niños corriendo, ¡no sabrás nunca de dónde han salido!

En una de las ocasiones en las que nos rodearon muchos de ellos apareció un señor ahuyentándolos para que nos dejasen arrancar de nuevo. Le preguntamos el porqué de que hubiese tantos en un lunes o un martes, a lo que nos respondió que era festivo allí, el equivalente a nuestro día de difuntos, que se celebraba dos días después.

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Con el paso de las horas mejoró la temperatura, pero el caso es que los 374 km previstos discurrían a una altitud promedio de 1.935 m, y debíamos ascender hasta una pista con cima situada a 2.898…

Las GS querían que subiéramos, pero la organización, conocedora de las enormes posibilidades de encontrar un lodazal helado alternado con hielo y nieve debido a lo acumulado a lo largo de las jornadas previas en la zona, decidió anular ese paso, que nos habría llevado hacia el área cercana a las legendarias Gorges du Dadès.

Finalmente, tras unos 40 km seguidos por una espectacular carretera que discurría por cañones y ríos, llegamos a un café donde sellar el pasaporte y recibir instrucciones de la ruta alternativa por parte de Laura, la simpática y polifacética integrante del staff que lo mismo ejercía de enfermera, su principal función, como oficiaba de control de paso.

En el interior servían una hirviente y deliciosa harira, la clásica sopa marroquí, o un espectacular tallín de pollo, a todo aquel que quisiera hacer un alto con el que recuperar fuerzas y temperatura.

Desandamos lo andado hasta otro cruce en el que Nomah nos orientaba para seguir en el camino alternativo trazado por el staff, que ya no coincidiría con el road-book. De ahí hasta el hotel Xaluca de Dadès, pasando por un lugar de espectacular belleza, las gargantas de Todra, o Gorges du Toghda, como allí se conocen.

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Son unos cañones de piedra caliza fascinantes, lugar emblemático para los aficionados a la escalada vertical de todo el planeta. Otro de esos puntos sobre los que os diremos que, si no has estado, debes pensar en cuándo poder hacerlo.

La comitiva, en pequeños grupos de entre dos y cinco motos, según afinidades, va llegando al hotel. Un hotel que cuesta mucho más de encontrar que hace un año, pues Dadès y las poblaciones de alrededor, están creciendo a marchas forzadas debido a la inyección de dinero que está llegando para fomentar el turismo.

Briefing, entrega de road-book y cena, pero ya sin haber tenido que preocuparnos más de poner a secar ropa para el día siguiente, en el que partiríamos hacia el BMW Camp, situado a orillas de las dunas, para disfrutar de pistas pedregosas primero y de la arena después.

Pero esa historia os la contaremos más adelante… 😉

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