Prueba en ruta Honda Africa Twin 1100 (II): Durmiendo en las dunas
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Prueba en ruta Honda Africa Twin 1100 (II): Durmiendo en las dunas

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Tras la comida en Adrar Tchrafine nos queda el camino hasta el hotel de jaimas, el Madu Luxury Desert Camp, situado entre las mismísimas dunas de Erg Chebbi, donde veremos acabar de anochecer, cenaremos, y descansaremos antes de la segunda jornada. Pero antes nos quedan 45 km hasta cruzar Merzane, dirigirnos a Tisserdmine a través de impresionantes hamadas (pistas llanas con pequeña piedra diseminada por su superficie) y multitud de oueds.

Llegar al campamento con la luz cayendo da lugar a contrastes de colores tremendos, pero antes te toca pelear con la arena. La 1100 la pasa mejor que lo que recordaba con la 1000, porque su motor es más poderoso en bajos y medios, y eso te ayuda a arrancar y poner inmediatamente una marcha superior con la que ganar en inercia, y jugar a dosificar un acelerador que debe estar siempre abierto, cuando menos parcialmente.

Si lo cierras, aunque sea una décima de segundo, pasará irremediablemente peso a la rueda delantera y la dirección querrá hundirse en la arena y cerrarse. Me sorprendió lo fácil que resulta con la versión de este año, que te da una extraordinaria confianza en un terreno donde la mayoría de las acciones que se requieren son las contrarias a las que tendrás automatizadas a base de muchos años de ir en moto.

Pero el caso es que una vez que conoces la técnica para pasar la arena con una moto, no la olvidas jamás, porque básicamente se trata de hacerlo casi todo al revés de lo que te pide el cerebro…

En esas condiciones, en las que pasas todo el peso al colín y casi te olvidas de tocar el manillar, para lograr que la rueda delantera flote sobre la arena mientras la trasera empuja todo lo que puedes, la nueva CRF ha mejorado mucho. No solo es que cuente con programas electrónicos específicos para off-road (antes podrías ajustar la entrega de potencia, desactivar el control de tracción y el ABS de la rueda trasera, y punto), sino que, además, la moto se siente bastante más ligera de lo que sugieren las cifras.

Además, está desprovista de herrajes, asideros y soportes, de modo que cuenta con una mitad trasera tan esbelta y ágil que permite moverse sobre ella con tremenda facilidad. De hecho, vista desde ahí, la Africa Twin recuerda muchísimo a una CRF 450 L, solo que un poco más ancha.

La frontera con Argelia

Nos despertamos pronto para ver salir el sol entre dunas, a -4ºC. Tras el desayuno partimos por un río seco y descubrimos que el frío y la humedad de la madrugada compactan mucho la arena, haciendo más fácil dar gas sobre ella. Por los oueds y por la hamada cruzamos algunos pueblos de adobe medio abandonados, como Mfis, que se empieza a repoblar gracias a la extracción de bauxita.

Muy cerca vemos una pared montañosa, el costado de una placa tectónica emergida, que es la frontera natural con Argelia: la falda pertenece a Marruecos, la cima a Argelia. Se nos comenta que la zona está fuertemente vigilada por el ejército y por todo tipo de elementos tecnológicos para evitar la entrada de traficantes de drogas procedentes de Centroáfrica.

Proseguimos por el cauce seco del Oued Debboua, cruzando un estrecho valle plagado de acacias (no olvides nunca la máxima si buscas descansar bajo su sombra: aparcas la moto a unos cuantos metros del árbol y te cobijas debajo a pie, puesto que sus hojas, unas verdaderas agujas durísimas con las que habrá sembrado todo el suelo, son capazas de pinchar cualquier rueda).

Un mirador en alto nos deja ver que el terreno vuelve a cambiar, y nos adentramos en pistas con algunas trampas de arena que desembocan en dunas recubiertas de porciones de piedra pizarra fragmentada, lo que da la sensación de que la hayan embaldosado.

Nos estamos moviendo entre Jebel Debbboua y Rich Znaigui, donde nos encaramamos a los 774 metros de altura sobre el nivel del mar, y 76 sobre el entorno, de su loma, que conforma un espectacular mirador que muestra al sur el Erg Znaïgi, la frontera de Argelia y los picos en forma de cuernos de vaca de Jebel Beg’a al este, y el oued Ziz al oeste.

Desde aquí, en esa loma, y con Merzouga en nuestro rumbo, el equipo de Towca y Moha, nuestro inmejorable anfitrión y guía, nos han preparado un sorprendente picnic.

Nos tiene que avisar de que se trata solo de un alto en el camino, que en poco más de una hora, tras 12 km más por el oued Debboua y un breve trayecto por asfalto, llegaremos al hotel donde nos espera la comida, el Riad Madu, un bellísimo hotel tradicional propiedad de un personaje del que fácilmente oirás hablar a quienes han estado en la zona: Alí “el Cojo”.

Jugando en la arena

Por la tarde nos dirigimos a jugar en las dunas de alrededores del hotel, donde Moha y José Luis, el gerente de Towca, nos explican cómo diferenciar las zonas duras de la arena antes de subir y bajar por ella. Ver como serpentea el manillar como diciendo que no, pero sin soltar el acelerador de la CRF 1100 L y sentir que se avanza surfeando es algo mágico.

No esperes que te salga bien de entrada cuando lo experimentes por primera vez, ten paciencia y le cogerás el truco tras algunas que otras veces en las que necesitarás desenterrar la rueda trasera, o incluso levantar la moto de la arena. Paciencia, que llegará… Con todo desconectado, la AT es mucho más fácil de maniobrar en la arena de lo que imaginas.

Con el sol cayendo, regresamos al Riad y procedemos a disfrutar de la cena, mientras las motos son cargadas en el camión que las traerá de vuelta a España.

A la mañana siguiente partiríamos vía Errachidia hasta Fez, donde podríamos realizar un poco de turismo “convencional”, disfrutando de una maravillosa a su medina y a su barrio judío antes de embarcar de nuevo hacia España.

Antes de abandonar Merzouga, reunido todo el grupo frente al fuego antes de cenar, vimos que todos los presentes, bien hubiésemos pilotado una de las nuevas AT estándar o una Adventure Sports, una manual o una DCT, coincidimos en algo: que habíamos completado dos jornadas de recorrido duro, muy exigente, en el que cualquier despiste te puede llevar al suelo, y en el que hay que cambiar constantemente de ritmo y estilo de conducción.

Pero que en esas duras condiciones, a lo largo de todos y cada uno de los momentos, habíamos sentido que llevábamos la moto adecuada, con una entrega de potencia, suspensiones, manejabilidad y nivel de confort excelentes en todo momento.

Y que no era, ni más ni menos, que la misma moto con la que el lunes podrías volver a ir a trabajar sin hacerle nada. La nueva Africa Twin nos ha vuelto a demostrar por qué sigue siendo la reina de África, y nos ha enamorado tanto como el territorio visitado.

SOLO + SOLO-

Solo+

Es la misma moto con la que irás a trabajar a diario, y con la que en agosto te irás de vacaciones a dúo y con maletas y, sin embargo, es capaz de serpentear con soltura entre los ríos de arena y las dunas, de subir y bajar por colinas pedregosas y de moverse como pez en el agua por las llanuras de fesh-fesh. Una polivalencia impresionante: hace fácil lo difícil, y te ayuda a llegar allá dónde creías que sería imposible.

Solo-

Pocas pegas podemos ponerle: en un uso extremo se ha portado de maravilla. Eso sí, absolutamente recomendable montar algún tipo de defensas y paramanos con barra metálica en caso de que quieras hacer esto habitualmente. Ah, y desmontar las estriberas del acompañante.

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