Probamos la BMW S 1000RR con Jordi Torres
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Pruebas

Probamos la BMW S 1000RR con Jordi Torres

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Cuando le propusimos a Jordi Torres hacer una prueba de la BMW S 1000 RR estándar para que nos explicara sus sensaciones con respecto a la moto que pilota habitualmente en el Mundial de Superbike, nos respondió con una sonrisa: “¡Cuando quieras!”. Dicho y hecho.

La cita fue en el Parcmotor de Castellolí; Jordi se pasó por la redacción de Solo Moto a recoger la moto personalmente, pues quiso llevarla él mismo hasta el circuito, donde hicimos una intensa sesión de fotos y pruebas.

El piloto de Rubí se considera un motero con suerte, pues ha llegado al Mundial, que sin duda es el sueño de muchos moteros. Y además de rodar en circuito, quiso probar la S 1000 RR por carretera, pero, eso sí, con sus propias reglas.

La experiencia con Jordi fue muy interesante y vale la pena leer sus impresiones, ya que son tan sinceras como su sonrisa. Al poco de subirse a la S 1000 RR –tetracilíndrica en línea transversal, 4T, LC, 16V, DOHC, IE– hablamos sobre la posición de conducción y a la pregunta sobre si cambiaría alguna cosa, lo tuvo muy claro.

“Personalmente modificaría la distancia del asiento a las estriberas, porque está muy bajo, aunque lógicamente para llegar al suelo es más cómodo y en este tipo de motos también hay que pensar en el uso diario. Creo que a la hora de conducir las piernas quedan demasiado encogidas. Los manillares tienen la altura correcta y yo los abriría un poco más, pues me parece que están demasiado cerrados. De posición no tocaría nada más”.

Se sorprendió del cruise control. Por autopista “el control de crucero es bueno por si se te duermen las manos por las vibraciones”, dijo ante mi sorpresa. “El display se lee muy bien y me encanta esto de que cuando pasas por un túnel se enciende automáticamente”, comentó en referencia al cruzar el túnel del Bruc.

Primeras sensaciones
 

Tras bajar por autovía hasta Castellolí, se sacó el casco y nos dio sus primeras impresiones en caliente. “El freno es potente, el embrague suave y todo está en su sitio y funciona. Es una moto muy agradable, me siento cómodo sobre ella y el cambio es un pasada” –comenta sudoroso–. Cuanta más apertura de gas, mejor entran las marchas y con una puntita de gas puedes reducir”. Cuando llegamos al circuito decidimos hacer una tanda de cinco vueltas como toma de contacto, antes de la sesión de fotos.

“El antiwheelie y control de tracción están controlados por las mariposas de los cuerpos de inyección, no por corte de encendido, y eso te da la sensación de que vas más lento de lo que toca. Al no haber un corte sino que el rendimiento del motor baja, parece que podrías ir más rápido de lo que vas”.

“La BMW es una moto muy segura, no es nada nerviosa y no es una moto que por configuración te permita entrar en las curvas con la facilidad de otras motos. A la hora de abrir gas tiende a levantarse y los controles electrónicos son muy seguros. Es una moto sobre la que hay que currar, pero que transmite mucha seguridad y confianza. Ese es su ADN. ¿Potencia?, le sobra”.

“Algo que no me gusta es que la palanca de cambio no lleve goma y que no pueda doblar la puntera. Si no llevas unas buenas botas, te puedes hacer daño en el pie”.

Dicho esto y tras sacarse el sudor propio de la zona a finales del mes de julio, Jordi tomó aire para rodar de forma continuada y así sacar conclusiones. “Le damos castaña y te digo, pero te adelanto que la BMW es una moto dura de conducir y que si quieres girar, tienes que obligarla, hay que involucrarse mucho tanto frenando como entrando como quitando gas, es decir, en las tres fases”.

Y le dio castaña. ¡Vaya si se la dio!

Electrónica

 

Sin hacer modificaciones y únicamente controlando la presión de los neumáticos, Jordi se dio una buena paliza en la solitaria pista de Parcmotor. Sus conclusiones las transmite atropelladamente pero sin duda tiene la sensibilidad propia de un piloto su nivel.

“La intervención del TC y del antiwheelie es tan dulce que casi no te enteras” –dice con su moto de Superbike como referencia–. “Te quita potencia por sí misma, y eso no es algo que decidas tú al cien por cien. Si se cortara un poquito el encendido, la sensación sería otra y sería más fácil entender que estás en el límite.

Es curioso cómo con la BMW con respecto a otras motos vas siempre como más sobrado, pues te quita potencia de forma suave y tú te crees que puedes ir más fuerte. La sensación que percibes en una curva cuando actúa el control de tracción es que el manillar se gira un poquito. No notas ni que derrapas ni que luchas con la moto, sino que el único indicativo de que estás en el límite viene de la dirección. Es una moto muy segura”.

La versión de serie de esta S 1000 RR se sirve con tres modos de conducción: Rain, Sport y Race, pero se pueden añadir, como en nuestra versión, el User, por el que se personaliza el modo Slick, que es el que Jordi usó en las últimas vueltas.

“El modo Slick te deja un poco más libre el antiwheelie y la sensación es de que puedes abrir un poquito más el puño de gas. A partir de ahí el ride by wire gestiona la electrónica y la moto es muy neutra, no te descabalga. En general es una moto a la que si quieres hacer derrapar, es porque tú quieres, no porque te vaya a ayudar, a excepción de que, frenando violentamente, el freno motor siempre te ayuda un poco”.

Y después de probar este modo Slick, era obligado pasar al User y personalizar algunas de sus opciones, como el control de tracción que Jordi dejó al mínimo.

“En cualquier caso, la electrónica es muy dulce. Puedes hacer locuras o equivocarte que siempre se mantienen las dos ruedas en el suelo; es una moto segura cien por cien. Si liberas el control de tracción, a su vez bajas el antiwheelie y la electrónica interviene menos, lo que significa que la rueda delantera se levanta un poco más: en lugar de dos dedos se levanta un palmo.

La sensación que recibes es que a la salida de las curvas vas aumentado el contramanillar y las reacciones son las de una moto estable, que se cruza ligeramente de forma muy lineal y controlable”.

Para el tandero

 

“El shifter es una maravilla tanto acelerando como sacando marchas y en este caso te acompaña con un golpe de gas”.

“Los frenos tienen mucha potencia, demasiada para la calle, y con el freno motor que tiene no hace falta usar el freno trasero para cruzarla. Frenando fuerte, las ruedas no te hacen el tonto y si hay un bache, se nota en la dirección, no en la palma de las manos, y eso es algo que también noto en mi moto de Superbike”.

Creo que es oportuno recordar que estamos hablando de las sensaciones de uno de los cinco mejores pilotos del Mundial de Superbike, pero que también piensa en el tandero o motero.

“Para el tandero medio es ideal: solo tienes que saber frenar en el sitio, soltar y abrir gas en el punto que quieras. Es una moto muy compacta y da la sensación de que tienes un bloque debajo del culo. Y cada vez que giras, parece que nunca te cambie la geometría. Con ella enseguida tienes información y se va rápido, es muy segura y fácil”, dice entusiasmado.

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