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Piedra, Papel, Sidecar. Capítulo 4: Robin Hood, el Mesías, el Petrolero y la mujer barbuda

Piedra, Papel, Sidecar. Capítulo 3: ‘El Chapo’ y el presidio de Islas Marías

La vita é como un gran libro…decía, haciendo pausas y apuntando con el dedo al cielo. –E cada piaggina é importante. -Entonces se reclinaba y sonreía orgulloso de sus palabras. 

Fue Ezequiel, ‘El Muletas’, quien me habló por primera vez de Chucho ‘El Roto’. Estábamos cenando en la ciudad de Monclova. Llevábamos un rato hablando sobre antiguas tradiciones mexicanas y de repente dijo algo que me llamó la atención.  

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-Los mexicanos tenemos nuestro propio Robin Hood – dijo. 

-¿De veras? -pregunté sorprendido. 

-Se llamaba Jesús Arriaga, pero le llamaban Chucho ‘El Roto’. Dicen que robaba a los ricos para dárselo a los pobres.  

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-¿Qué más sabes? -Ya estaba impaciente. 

-Hicieron películas y hasta hubo una radio novela que dicen que fue la que tuvo más audiencia de la historia de la radio de México. Si vas a Veracruz, podrás ver la cárcel de San Juan de Ulúa, donde lo tuvieron preso y de donde se escapó. La cárcel está en una isla y dicen que estaba rodeada de tiburones. Ahora se puede llegar en coche y visitarla. 

Me pareció un buen plan para el futuro. Mientras tanto, me dediqué a buscar información sobre este curioso personaje y hasta logré hacerme con un libro de segunda mano que explicaba la vida de Chucho ‘El Roto’. No fue fácil de encontrar y tuve que llamar a más de 20 librerías, hasta que en una de ellas me confirmaron que les quedaba un último ejemplar. En Internet, encontré varias versiones sobre la vida de Chucho el Roto, pero en lo que todas coincidían era en que era un ladrón mejicano del siglo XIX que robaba a los ricos y lo repartía entre los más necesitados.

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Su principal virtud era la caracterización. Era capaz de disfrazarse, maquillarse y hasta imitar el acento de quién hiciera falta por tal de llegar a su objetivo. Se disfrazó de cura e incluso de personaje de la alta sociedad europea con el propósito de infiltrarse en fiestas de alto lujo. Algunas versiones sostenían que murió en San Juan de Ulúa y otras que logró fingir su propia muerte y escapar a Europa. En cualquier caso, ya tenía otro lugar de visita obligada. El presidio de Veracruz, donde estuvo encerrado el Robin Hood mejicano. 

Inicio en Ciudad de México

Estuvimos en Ciudad de México poco más de una semana y aprovechamos para visitar algunos lugares emblemáticos como el museo de Frida Kahlo y las pirámides de Teotihuacan. A veces, también decidíamos perdernos por callejones del centro histórico, simplemente por el placer de ver edificios antiguos y transitar por calles desgastadas. Todo olía un poco a humo de coches y a comida picante. Los carritos de venta de tacos de carne estaban por todas partes, sin contar músicos, artistas, vendedores de trastos viejos, policías ociosos, jubilados de rostros cansados, jóvenes riendo o familias paseando. Sin embargo, conducir por una urbe de más de 22 millones de personas con el sidecar no era fácil. El motor se calentaba en los atascos y se notaba que sufría en exceso. Ahora sudaba por diferentes juntas y el calor subía de manera preocupante por el asiento. 

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Ya era el quinto mes de viaje y seguía sin apenas grabar vídeos. Me sentía mucho más cómodo frente al papel que frente a una pantalla. También había traído conmigo un buen fardo de libros, la mayoría relacionados con exploradores o fugitivos de prisiones. Sus penurias me ayudaban a no tomar demasiado en serio nuestras inseguridades. Afortunadamente, Liliana lo veía todo mucho más fácil y, a menudo, se anticipaba a mis repentinos momentos de preocupación por el futuro abrazándome con fuerza.

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Mi veteranía no siempre era de gran ayuda y en más de una ocasión tan sólo provocaba respuestas lentas. Por el contrario, Liliana, con menos prejuicios, se mostraba más efectiva y resuelta que yo. Hablábamos y hablábamos, ayudándonos el uno al otro. Formábamos un buen equipo y lo sabíamos. Incluso, éramos capaces de identificar aquellos momentos en que, lejos de lo que pueda parecer, participábamos de forma activa en generarnos nuevas dificultades.  

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Finalmente, dejamos atrás la ciudad de México con mil sitios por visitar. Como solíamos hacer, nos prometimos que ya volveríamos en el futuro, tal vez en un fin de semana romántico. Lo cierto es que las grandes ciudades nunca fueron el mejor lugar para moverse en una moto viajera y si queríamos llegar a Ushuaia a finales de diciembre debíamos avanzar. En la ciudad de Xalapa conocimos a Yehudi, un emprendedor empresario y presidente de un importante club de motos. Nos alojó en su casa durante varios días, nos llevó a practicar rafting y hasta nos ayudó a mejorar los asientos de la moto.  

Veracruz: el presidio de San Juan de Ulúa y la charla al Club de Motos de BMW

Ya en Veracruz, su amigo Javier se ofreció a acompañarme al presidio de San Juan de Ulúa y como fue el único que quería venir, fuimos juntos en el sidecar. Aquel veterano estaba encantado, sonreía continuamente y saludaba a todo el mundo. Daba igual que hiciera un calor insoportable, el buen humor nos hacía circular con alegría por el malecón de Veracruz. 

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Según llegábamos me contó que, en el pasado, San Juan de Ulúa había sido una isla, pero poco a poco los mejicanos habían ido ganando metros al mar y ya se podía llegar por carretera sin mayor problema. La visita fue sobrecogedora, era un recinto amurallado con pasado de fortaleza militar. Las celdas eran oscuras en las que convivían más de 70 presos juntos en condiciones infrahumanas.

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La fortaleza estaba hecha principalmente de arrecife de coral, ya que es de gran resistencia y en aquella época era mucho más fácil sacarlo del mar en grandes bloques que traer piedra de tierra firme. Contaban que alrededor de la Isla habían bloqueado unos cuantos tiburones a los que alimentaban con los cadáveres de los presos que iban muriendo. Al mismo tiempo, estos mismos tiburones servían para vigilar que nadie escapase nadando. Según el guía, Chucho ‘El Roto’ se había escapado una primera vez metido en un bidón de excrementos. Pero la segunda vez que fue capturado y llevado a la isla, fue traicionado en su último intento de fuga y como castigo recibió tantos latigazos que acabó muriendo. Llevaron su cadáver a Ciudad de México. 

Antes de dejar Veracruz pudimos ofrecer una charla para el Club de Motos de BMW de la ciudad. Aquellos veteranos motoristas, aunque se mostraban amables en todo momento, no dejaban de mirarnos como si en ningún momento dudasen de nuestra fragilidad.

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El último día, hasta visitamos la casa de Hernán Cortés. Ésta se encuentra derruida y se sostiene gracias a las raíces de los árboles que ya han crecido dentro y fuera de todas las estancias. Sin duda una visita muy interesante. 

La llegada al camping

En las carreteras mejicanas abundan los topes o badenes. La mayoría de ellos son de considerable altura y están sin señalizar. La Yamaha y el sidecar rozaban en prácticamente la totalidad de ellos. Al llegar, tenía que parar la moto y pasarlos poco a poco en primera velocidad, aunque no siempre era así, pues había ocasiones en las que no los veía a tiempo. En ese momento lo más que podía hacer era tratar de reducir la velocidad lo máximo posible, pero sin llegar a bloquear los frenos, sobre todo el de la rueda de atrás. Si lo acababa bloqueando, se escuchaba el chirrido de la rueda rozando con el asfalto, entonces asustaba a Liliana, que me miraba con cara de miedo. Por último, nos mirábamos, respirábamos profundamente y nos echábamos a reír aliviados de no haber roto la moto.

Una tarde, decidimos acampar en las instalaciones de un camping, que según decían se encontraba en medio de la selva tropical más al norte del continente. Estábamos en el territorio donde en el pasado se encontraba la civilización Olmeca y había símbolos por todas partes. Ahora trataban la zona con sumo cuidado, se trataba de un área de reserva natural. Los árboles eran muy grandes y estaban muy juntos entre ellos. De las ramas, colgaban lianas que a su vez ya se habían convertido en gruesos troncos. Algunos no habían logrado soportar el peso y habían caído, pero enseguida eran absorbidos por nuevas enredaderas. Una auténtica lucha por la luz del sol.

Unos trabajadores nos contaron que estaban repoblando los bosques con guacamayos, tucanes, monos, ardillas, iguanas y hasta cocodrilos. Estábamos frente al Lago Catemaco, donde como atracción llevaban a los turistas a ver unas islas muy pequeñas donde conservaban colonias de macacos. Nunca olvidaremos las noches durmiendo en la tienda de campaña tan solo con la mosquitera y viendo los animales campando a sus anchas por las ramas de los árboles.  

El encuentro con ‘El Mesías’

Tampoco olvidaremos las charlas que ofrecía nuestro vecino alrededor de una hoguera en el mismo camping. Se trataba de un señor suizo, jubilado, de pelo largo despeinado, barba tupida y deshilachada y ropa holgada de fino lino blanco. Todo este look, mezclado con su tono bíblico de acento italiano le daban el aire del nuevo Mesías. Su principal público consistía en una pareja de veinteañeros argentinos que viajaban haciendo autoestop y que se mostraban fascinados con su discurso. Nosotros, desde la tienda intentábamos que no nos escuchara riéndonos. No dábamos crédito a todo aquel discurso formado por frases que parecían sacadas de libros de Paulo Coelho, de cuadros de Ikea o de vídeos cortos de las redes sociales. 

La vita é como un gran libro…-decía haciendo pausas retóricas y apuntando con el dedo al cielo. –E cada piaggina é piu importante. -Entonces se reclinaba y sonreía orgulloso de sus palabras. 

Ché flaco, qué intersante! Vos tenés toda la rasón. Es así. Es sierto. -contestaba la chica argentina. 

Vos sos un gran viajero -decía el chico. –Además contás con una gran experiencia. 

La experienzza é algo bello que si va acumulando con el pasi de los ani. Ma non debe olvidare nunca que sempre debe estaré dispuesto a aprendere. En cada viaggio si aprende algo nuovo- afirmaba el suizo. 

-¡Eso es cierto! -afirmaba la chica fascinada. 

Non debe crédere tutto lo que ve en la televisione. Alora quieren controlarnos con la pandemia. Io prefiero llamarlo plandemia. Perque é un plan per controlarno a tutto nosotro.  

-Claro, claro -decía el argentino. 

-Io prefiero crear mi propia filosofía de vita. Mi propia forma de pensare. Li llamo il libre pensamento del viaggero. La felicitá é una eleccione. Non algo fortuito. -Aquí venían pausas mientras todos miraban el fuego. -Io cada matina practico yoga y meditazzione.  

Ché! Eso va muy bien para relajarse. 

– Claro. Debe practicare, perque debemo ponere vita a los anni e non anni a la vita.  

Y así seguían y seguían mientras iban hirviendo mate y otras cosas. Por la mañana nos despedimos con un largo abrazo, de los de pecho con pecho que duran varios segundos, como tratando de sentir las energías el uno del otro.  

Esa mañana buscamos un nuevo alojamiento en el otro lado del lago. Allí coincidimos con tres amigas que bien recordaban a las de la serie las Chicas de Oro. Nos contaron que solían viajar juntas y nos recomendaron ir a visitar algunos paisajes del estado de Chiapas. 

-Bueno, estos días es cierto que está todo un poco tenso por esa zona -dijo una de ellas. -Al parecer en algunos municipios hay unos políticos que se han autoproclamado alcalde. Y ahora hay protestas y cierto descontrol. Dicen que ponen cuerdas y piedras en la carretera obligando a parar a los conductores. Les cobran un peaje que se han inventado ellos y que consiste en obligar a comprar frutas o recuerdos a todos los que quieran pasar. De hecho, te reciben con machetes y su actitud es más bien intimidatoria.  

Esa misma noche, cuando me quedé sólo, empecé a buscar información sobre la ruta y lo que encontré superaba con creces lo que nos habían contado. Había vídeos que mostraban el caos en el que se encontraba aquella zona. Los rivales políticos se enzarzaban en batallas campales y hasta se llagaban a quemar casas. En algunos pueblos los locales aplicaban la justicia por su mano a presuntos delincuentes, aplicándoles castigos más propios de hace 500 años. Cuando le mostré a Liliana lo que había encontrado, no nos costó ni un minuto tomar la decisión de dejar de visitar aquella zona. Iríamos a Cancún tomando la ruta de la costa norte. 

La llegada a Ciudad del Carmen

Llegamos a Ciudad del Carmen al atardecer. Acudimos recomendados a casa de Fernando, un extrabajador del sector del petróleo, ya jubilado que en cuanto supo de nuestra historia, enseguida se ofreció a alojarnos. Llegamos a su casa a última hora de la tarde y cuando entramos nos encontramos con un escenario de lo más pintoresco.  

-Adelante, adelante. Sean bienvenidos a mi humilde hogar -dijo Fernando en cuanto salió a recibirnos. -Pensábamos que llegarían antes y ya hemos comido.  

Entramos al jardín de su casa. Allí había cuatro personas más. Su mujer, su amigo, su nieto y la niñera. La mujer tenía una mirada extraña y enseguida vimos que estaba completamente ebria. El problema era que nadie parecía atreverse a ponerle un mínimo de límite. 

-¿Y ustedes de dónde son? -preguntó con desconfianza y mirando de arriba abajo a Liliana.  

-Yo soy de Nueva York. 

-Y yo soy de Barcelona. 

-Nosotros estuvimos en Barcelona y nos perdimos para encontrar el hotel. A mi hijo le gusta mucho viajar jajajajaja. Él viaja mucho, mucho. Le encanta viajar. Conoce todo. Ahora mismo está en Alemania. Conoce todo, todo -dijo ella. -Todo, todo. 

-Ah, muy bien. ¿Y ustedes también viajan en moto? -pregunté para sacar algo de conversación. 

-Yo, sí -contestó Fernando. Pero a Luisa no le gustan las motos. 

-No me gustan las motos. Pero a mi hijo le gusta mucho viajar. Él sí que viaja. Conoce todo, todo. Mi marido a veces se va de viaje y me deja aquí sola. Pero por mí, que se vaya donde quiera. Él no me quiere. Ya lo sé. A mí me da igual. Pero no me pienso ir. ¿Para qué me voy a ir? ¿Para que venga otra pendeja y se quede con todo? De eso nada. Mi hijo conoce todo, todo, todo. 

Mientras tanto el amigo, no paraba de abrir cervezas para todos, empeorando el estado de la señora. 

-Mi hijo lo conoce todo, todo. Es como yo. Pero a mi no me gusta ir en moto. Éste desgraciado que se vaya cuando quiera -la mujer volvía a la carga. 

Y así continuó la siguiente hora y media. Hasta que me cansé de estar allí y le pedí a Liliana que me acompañara al sidecar. 

-Ahora mismo nos vamos de aquí -fue lo primero que dije. Pero enseguida apareció Fernando. 

-¿Cuál es el problema? -preguntó sabiendo de lo que estábamos hablando. 

-Que no estamos cómodos y prefiero que nos vayamos a otro sitio -dije sin pensarlo. 

-Discúlpenos por favor. Mi mujer es así. Hace ese tipo de bromas. Pero todo son bromas. Por favor, no lo tomen es serio. No se vayan. Por favor, denme otra oportunidad. 

Me supo fatal ver a aquel señor tan apurado. Decidimos hacerle caso. Entramos de nuevo, pero esta vez nos llevaron directamente a nuestra habitación. Afortunadamente la mujer ya se había acostado.  

Los siguientes días fueron más agradables, pero lo cierto es que a la mínima que le daban un poco de cerveza la mente de aquella señora se iba al lado oscuro. 

Mapa de la ruta de Piedra, Papel, Sidecar. Capítulo 4

  • Ciudad de México, Cd. de México, México 
  • Cuapiaxtla, Tlaxcala, México 
  • Xalapa-Enríquez, Veracruz, México 
  • Veracruz, México 
  • Alvarado, Veracruz, México 
  • Catemaco, Veracruz, México 
  • Comalcalco, Tabasco, México 
  • Villahermosa, Tabasco, México
  • Cd del Carmen, Campeche, México
  • Champotón, Campeche, México

Total de kilómetros: 1257 kms

Duración de la etapa: 1 mes. 

El consejo:  Máxima atención a los topes en las carreteras, te pueden hacer saltar por los aires.  

A evitar: Actualmente no recomendamos visitar el estado de Chiapas o al menos mejor consultar información actualizada acerca de los pueblos por los que se va a pasar. 

Comportamiento de la moto: Menos tos que durante mes pasado y con un consumo de carburante más estable. Entre 6 y 8 litros a los 100kms. 

Proyectos de mejora: Instalarle un radiadorcito de aceite para controlar mejor la temperatura. 

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