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Para los que no creían en Marc Márquez, por Emilio Pérez de Rozas

Todos hemos escrito mucho sobre Marc Márquez Alentá (importante el segundo apellido de un muchacho tan atrevido y valiente, cuya alegría y sonrisa, sin duda, es fruto de esa maravillosa madre que tiene) y seguiremos haciéndolo aunque hubo muchos que dudaron de que volveríamos a hacerlo. No les falta razón. Era, simplemente, una cuestión de fe, de fe, no en los médicos (que también), sino de fe en uno de los auténticos monstruos del deporte español y mundial.

Era creer, que ese chaval que, a los 16 años (ahora que se ha puesto de moda no debutar en el Mundial tan pronto, cosa que yo, personalmente, no sé cuál es la diferencia entre correr con 16 años o con 18, pero, bueno, los sabios sabrán más que yo), admiró al mundo (cierto, no ganó el título mundial como lo hará Pedro Acosta, con 17) y demostró tener madera de piloto revolucionario (como así ha quedado demostrado y todo el mundo reconoce), iba a echarle tanto amor, tanta pasión, tanta disciplina, tanto entrenamiento y tanta paciencia como para volver a correr.

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Esa fe que teníamos algunos en MM93 no era solo, aunque también, una fe motivada por el cariño y devoción que uno le tiene desde que le vio hacer en Estoril lo que hizo, sino una confianza ciega en que cuando alguien siente la pasión que siente Marc por su profesión es muy difícil que, si la ciencia y la medicina pone de su parte lo que hay que poner, no salga adelante. Es evidente, muy cierto, que esto no ha terminado, es decir, que la rehabilitación sigue y durará, probablemente, todo el año que viene pero hay algo que es incontestable: Marc Márquez Alentá está de regreso, está volviendo y está demostrando que su perseverancia y amor por las carreras, por su deporte, por su marca, por su equipo, por sus patrocinadores, por su profesión es inmensa, mayor que la de ningún otro piloto de las parrillas del Mundial de motociclismo.

Odio, como todos, las comparaciones. Es más, ni siquiera debemos tenerlas en cuenta aunque aquí, ahora, sí quiero hacerlas: el regreso de Márquez no tiene nada que ver, lo siento, y lo siento por los ‘rossistas’, con la despedida, con la jubilación, de Valentino Rossi, que está siendo mediocre, triste, lamentable después de una vida plena. Estoy convencido de que Márquez no hubiese reaparecido para hacer el papel del ‘Doctor’ en la temporada de su adiós. Lo ha dicho mil veces: jamás se arrastrará por los circuitos, antes se va, se jubila, lo deja.

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Muchos dijeron (e insisten, sí, sí, insisten) en que jamás volveremos a ver al enorme, al tremendo, al inigualable Marc Márquez del 2019. No lo sé. Puede ser, pero este Márquez ya nos parece a muchos algo tremendo, algo estratosférico, algo maravilloso e, insisto, lo siento, si lo comparamos con el adiós de Rossi, lo que está haciendo MM93 es de otra galaxia. Como muy bien dice su jefe, Alberto Puig, “nadie sabe lo mucho que nos está dando Marc y lo mucho que representa para todos nosotros, incluido el propio Mundial, la manera en que Marc está regresando a la competición”.

Ese Márquez del que muchos dudaron (insisto, con sus argumentos, pero ignorando que estamos hablando del más grande piloto de todos los tiempos, sí, sí, así como suena) es, en estos momentos, el segundo mejor piloto del 2021 después, cómo no, del flamante y nuevo campeón Fabio Quartararo. Márquez suma más triunfos que ese ‘Pecco’ Bagnaia, que fue aspirante al título; que ese Jack Miller, que se iba a comer el mundo; que ese Jorge Martín, que se ha convertido en el mejor debutante y ha provocado la admiración mundial, aunque es excesivamente agresivo; que el campeón Joan Mir, que ya ha cedido el título; que su compañero Alex Rins, siempre llamado a ser campeón y que parece haberse quedado en el camino; que el mismísimo Maverick Viñales, que ha destrozado ya su carrera e intenta reconstruirla en Aprilia; que ese soberbio y admirable Aleix Espargaró; que ese portentoso pero inacabado Pol Espargaró… MM93, no es solo, en su regreso a la competición, el segundo ganador del 2021, ya con tres triunfos (Alemania, EEUU y San Marino), sino la Honda más veloz con diferencia.

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Y todo ello ocurre cuando la marca alada vive su peor momento. Y todo eso ocurre cuando Bagnaia, Miller, Zarco y Martín poseen la mejor moto de la parrilla de MotoGP, que, sin embargo, sigue sin poder ser campeona, cosa que logró el australiano Casey Stoner en el 2007, es decir, hace ya 14 años. Eso, teniendo, con mucha diferencia la mejor moto en cuanto a chasis, aerodinámica, potencia de motor y comportamiento en pista es, ciertamente, muy, muy lamentable, aunque a los comentaristas y gurús del Mundial les parezca que el papel de la fábrica de Borgo Panigale ha sido excepcional en los últimos años. No, no señores, ha sido un fracaso, pues siguen ganando los demás pilotos y no los suyos, las demás monturas y no su arrolladora ‘Desmosedici’ y su providencial ingeniero y sabio Giggi Dall’Igna.

No hace mucho, Márquez, en una excelente entrevista de Nadia Tronchoni en el diario ‘El País’, reconoció que esta temporada se ha tenido que tragar el orgullo, ha tenido que aprender la asignatura que le falta y que sufrían sus rivales, es decir, saber conformarse con el podio o la quinta plaza cuando ni él, ni su moto, ni sus rivales, ni el tipo de carrera que le planteaban podían soñar con la victoria, logró que siempre, siempre, entraba en sus planes. Ese Marc, que ha aprendido a convivir con el dolor, la rehabilitación, las limitaciones de su moto y su físico, ha competido y sigue haciendo con la voracidad del más grande. Y, no solo eso, sino que el día que triunfa allí donde nadie se lo esperaba, en un trazado de derechas, en San Marino, va y dice que ese no es su día “sino el día de Fabio (Quartararo), el campeón que más méritos ha hecho para serlo”.

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Volver del infierno más absoluto, vivir en el purgatorio del dolor y rozar, solo rozar, el cielo no es tarea fácil en un mundo tan competitivo y agresivo como el Mundial de MotoGP, cuya parrilla está integrada, en el 80% de los casos, de campeones del mundo de todas las categorías. Volver y meter miedo no es tarea sencilla. Es verdad, como sigue insistiendo el campeón de Cervera (Lleida), que él no se fija en los demás, no aspira al título, al que renunció nada más reaparecer en Portimao (Portugal), el 16 de abril pasado, sino que corre su propio campeonato, el de la adaptación a un nuevo estilo de pilotaje y, por supuesto, a unos objetivos que, de momento, no son los del 2019: arrasar.

“Este triunfo, especialmente, es gasolina e ilusión de cara al final de temporada y, sobre todo, de cara al año que viene, de cara a trabajar con más dedicación si cabe en invierno y pensar que estamos en el buen camino. Hemos ganado, por fin, en uno de los circuitos que no nos beneficia, en un trazado de derechas y ese era, sin duda, un objetivo que, si queremos seguir la progresión que nos hemos marcado, debíamos de cumplir”. Marc Márquez (Honda), salido de una lesión grave, fractura del húmero derecho, tres intervenciones quirúrgicas y casi un año de inactividad, es ya el segundo piloto, sí, sí, el segundo piloto con más victorias de MotoGP esta temporada. MM93 suma tres victorias (Alemania, EEUU y Emilia Romagna), por cinco del nuevo campeón Fabio Quartararo (Yamaha).

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“Nunca engaño con mis objetivos y este año, además de ganar en circuitos que son nuestros, que nos gustan, que se adaptan a mi estilo, como Sachsenring o Austin, debíamos ganar en uno de derechas, de los que nos cuesta”, señaló Márquez al final del Gran Premio de Emilia Romagna donde un portentoso Marc apretó, presionó y peleó a tope ante el poder de las Ducati, primero del australiano Jack Miller y el italiano ‘Pecco’ Bagnaia, que le estaba discutiendo el liderato y el título al ‘Diablo’.

“Esta victoria era, para mí, Honda y todo mi equipo, a quien le dediqué el signo de mostrar mi húmero derecho cuando crucé la meta pues siempre bromean que logro todo esto ‘con un brazo y medio’, no, no, con los dos, muy importante. Si estamos volviendo poco a poco, tenemos que demostrarlo en los circuitos que nos cuestan. Aquí había ganado antes seis veces, sí, pero tenía mis dudas. Ahora ya puedo afrontar el invierno sabiendo que estamos en la buena línea”, insistió el joven de Cervera (Lleida).

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Para el líder del ‘team’ Repsol Honda, que logró su primer doblete, pues ‘Polyccio’ acabó segundo, desde el 2017, “esta victoria en Misano me da cierta tranquilidad pues, en efecto, no estaba del todo tranquilo sin este triunfo en un trazado de derechas. Todo el mundo sabe que aún no piloto suelto, natural, con el estilo del 2019, con la fluidez que deseamos, pero estamos en camino de lograrlo. Por ejemplo hoy he hecho casi toda la carrera en mi estilo, aunque, al final, justo cuando ya no podía seguir a ‘Pecco’, he recibido la recompensa de la victoria”.

Márquez reconoció que cada vez “hablamos menos del brazo”, pero aún nos queda un buen tramo por recorrer. “La verdad es que no esperaba ganar esta carrera, aunque tenía muchas ganas de intentarlo, como poco alcanzar el podio. Fue una carrera rapidísima y hasta yo mismo me sorprendía de lo veloz que estábamos rodando y justo, a cuatro vueltas del final, cuando yo ya vi que ‘Pecco’ era muchísimo más rápido que yo y decidí conservar la segunda plaza, Bagnaia se fue al suelo. Bueno, en realidad, ocurrió lo que me ocurría a mi cuando te aprieta de firme algún rival. Normal. Y, en ese sentido, estoy orgulloso de haberlo intentado”.

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En ese sentido, MM93 confesó (porque así de honesto es) que “si no se caen las dos Ducati hubiese sido muy complicado ganar, desde luego, y, en ese sentido, bueno, ocurrió lo que decimos siempre cuando no estamos del todo a tope, es decir, que debe cuadrarse todo para poder tener opción de podio y hasta de victoria. Yo estoy contento porque una parte y cada vez más de la carrera la puedo hacer casi acercándome a mi estilo y eso me hace ser muy optimista de cara a la próxima temporada”.

Márquez quiso señalar, inmediatamente después de ganar su tercer gran premio, queno es mi día, es el día de Fabio (Quartararo), que ha conquistado su primer título en su carrera y lo hace, nada más y nada menos, que en MotoGP, lo que significa que los jóvenes llegan empujando. Yo le diría que disfrutase de este momento porque es único, el primer título es inolvidable. Yo, desde luego, le he dicho que se lo pase en grande y también le he prometido que, la próxima temporada, si puedo le complicaré renovar este título. Se lo merece y mucho, pues no solo ha sido el más veloz sino, incluso, el más regular: ha puntuado en todas las carreras, bueno es el único que lo ha hecho en todas las categorías, en todas”.

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Marc Márquez Alentá está de regreso, está volviendo, nadie sabe, ni lo médicos, ni los recuperadores, ni su entrenador físico, ni su fisio, ni su tribu del ‘paddock’ si la próxima temporada estará a tope. No lo sabe ni él, que sigue acudiendo en peregrinación a las consultas de los doctores que le operaron y le mantienen activo sin saber, a ciencia cierta, sino lo poco que le falta para ser el chico del 2019 aparecerá (o, mejor aún, desaparecerá, pasadas las Navidades). Una cosa está clara, el mundo de las dos ruedas ha vuelto a creer en este chico y ha vuelto a pensar que, en efecto, también en estas circunstancias es un chico admirable, único.

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