Palo Alto Market homenajea a la moto con 'On the Road'
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Palo Alto Market homenajea a la moto con ‘On the Road’

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Palo Alto fue un centro de la Barcelona Olímpica que marcó la diferencia. Xavier Mariscal y su equipo dieron vida a miles de sueños que no solo se quedaron en Barcelona, sino que viajaron por todo el mundo. A día de hoy poco queda de aquel estudio del que en más de una ocasión Xavier me enseñó alguno de sus proyectos, pero Palo Alto no ha muerto. Ni mucho menos.

De la mano de Pedrín, hermano de Xavier –y curtido en mil batallas– y su equipo, Palo Alto Market es un mercado muy especial del barrio de Poblenou, donde, desgraciadamen­te, apenas quedan hoy edificios industriales rehabilitados. Desde diciembre de 2014, cada primer fin de semana de mes reúne un montón de expositores. Artistas, diseñadores, músicos cocineros, pintores, cocineros, viticultores, moda, galerías… y, por primera vez en la edición del pasado mes de febrero, motos.

No es este un mercadillo cualquiera, ni mucho menos. Y eso lo saben las más de 15.000 personas –sí, he dicho quince mil– que se pasaron por allí durante la edición correspon­diente al primer fin de semana de febrero. Cada una de ellas pagó religiosamente tres euritos de entrada. Y me imagino que, al igual que a mí me sucedió, se sorprendieron de todo lo que Palo Alto nos ofreció en el interior del recinto, a lo largo y ancho de sus 3.000 metros cuadrados exteriores y 700 interiores.

De entrada, la estética de los diferentes chiringuitos es todo un acierto: encontramos un solar vestido con zonas ajardinadas y terrazas, en combinación con locales cuyos techos, paredes, ventanales y distribución se me antojaban perfectos para cierta estética como la que vimos en la expo On the Road.

El secreto del acierto de esta película es algo tan sencillo como tener buen gusto y sensibilidad. El saber combinar un puesto de zapatos con otro de vino ecológico al son de buena música en directo y una cerveza. Que la moto forme parte de este espectro, que sea capaz de convivir con na­turalidad con otras tendencias, es algo que los expositores presentes valoraron tanto como el público apasionado o no a la magia de dos ruedas y un motor, entre otras hierbas.

Variedad
 

En la edición correspondiente al mes de febrero, se quiso rendir homenaje al On the Road como forma de vida que ha alimentado los sueños de varias generaciones y que, como sabéis, ha sido objeto de más de una película que no hace falta recordar…

Y en este universo de sueños, héroes y leyendas, no podía faltar el fotógrafo leonés Alberto García Alix, que sabe foto­grafiar como pocos el estilo de vida, el universo del On the Road. Algunas de sus imágenes están plasmadas en su libro “Moto”, que presentó en Palo Alto; el libro tiene dos partes bien diferenciadas. En la primera aparecen sus primeras fotos de los años 70 y otras en las que el motocross toma protagonismo a través de las carreras de su hermano. La segunda parte es más abstracta, con imágenes alegóricas.

Siguiendo el recorrido de este mercadillo tan especial, nos encontramos con una espectacular customización de El Soli­tario. Con la base de una Sportster R de 2003, Malo Bueno, que así se llama la creación, quiere representar la paradójica doble personalidad del ser humano… ¡casi nada! Lo cierto es que la moto impacta por su máscara frontal, el depósito cromado siguiendo las formas de la Harley, asiento de cuero o instrumentación minimalista de Moto Gadget, sobre unos espectaculares Spitfire de Bridgestone.

Junto a la enigmática Malo Bueno vimos a su Princesa Mononoke, que rinde homenaje a la que es una de las películas más exitosas del genio japonés de la animación Hayao Miyazaki, que resulta ser una de las favoritas de la hija de su creador. Una inquietante Ducati 350 de los setenta pintada por Osiyuyu que estuvo en el espacio de Alberto García Alix.

Fuel Despoke Motorcycles se ubicó en la denominada “Black Room”. Ya se ha ganado un prestigio dentro del mun­do de las customizaciones y también entre los diseñadores de ropa vintage, donde su línea cada día es más consisten­te. El artista, con sede en Poblenou, presentó algunas de sus últimas piezas. Expusieron algunas de sus versiones personalizadas con sabor a flat track y aprovecharon la opor­tunidad de este Market para promocionar su Scram Africa de este año, un interesante viaje por Marruecos para motos trail clásicas, neoclásicas y también customizadas al cada día más potente estilo scrambler o street tracker.

Niks Motorcycles se trajo algunas de sus realizaciones. Los jóvenes emprendedores de Barcelona demuestran buen gusto en sus trabajos de customización y hasta el On the Road se trajeron una Impala en la que destaca un carenado en fibra de carbono, entre otros detalles, además de una preparación hecha sobre la base de una Honda Dominator que es un buen ejemplo de cómo una mecánica sencilla puede acabar en una pieza muy atractiva.

Menos extremas pero igualmente admiradas fueron las Faster Sons de Yamaha o la serie Scrambler de Ducati, que precisamente se presentaba en la versión de 400 en Barcelona.

En el interior, los siempre inquietos chicos de Italo Motor mostraron la nueva Street Twin de Triumph. La presencia de todos ellos confirma el interés de los fabricantes por las nuevas tendencias basadas en la personalización y con­ceptos del pasado en perfecta armonía con tecnología del presente.

Mucho más que motos
 

Al margen de las motos, algunas de ellas muy especiales, en el Market vimos entre otras cosas ropa vintage, acceso­rios y curiosidades. Destacaron los cascos de Hedon, las cazadoras vintage de Helstons y también las prendas de Fleurs de Bagnes inspira­das… ¡en los presos de los años 40!

Y como hubo espacio para todos, los niños no se queda­ron fuera de juego, puesto que, entre otras actividades, se montó un taller infantil donde, a base de cartón, se constru­yeron diferentes escenarios para circular con sus muñecos motorizados….

En definitiva, la idea de la pasada edición fue reunir un esti­lo de vida en la carretera, “libre, independiente y auténtico”, que proclaman los organizadores con Pedrín a la cabeza. En realidad, una buena excusa para reunir a autores, motos, accesorios, ropa y otras historias, que recrean estéticas y customizan objetos de lo más variado y rinden culto a los mitos de la carretera… ¡On the Road!

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