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Norton Commando 961 Sport MK II: Auténtica

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Cuando en 2008 entré en el circuito de Donington Park para cubrir una prueba del Mundial de Superbike, me sorprendió un cartel de Norton Motorcycles. Resulta que desde entonces la firma británica tiene su sede en una nave que era propiedad de British Airways. Y allí siguen.

En esta antigua nave de la compañía de aviación británica por excelencia, todavía se conserva una moqueta muy característica. Pero sobre esta moqueta ahora se fabrican las Norton. Lo hacen de forma totalmente artesanal y cada unidad la montan a mano dos trabajadores. En los inicios de esta aventura empresarial cargada de simbolismo y velada por la nube del té de las cinco de la tarde, un aprendiz acompañaba a los dos operarios para aprender a montar las nuevas Norton una a una.

Ese romanticismo es, además, una forma de hacer las cosas muy británica, es decir, a su manera. Sin mirar al vecino de enfrente, ni al de arriba, ni al de abajo. Conservando su esencia, sus principios, su historia.

Una historia que en el caso de la industria de la motocicleta es especialmente rica si hablamos de los “british” y que de rebote nos afecta a nosotros, puesto que Norton fue una de las pocas alternativas que en España había en los años setenta. Si podías pagar unas 250.000 pesetas, 1.500 euros para los más jóvenes, Norton era una de las marcas más atractivas en un momento en el que este país estaba cerrado a cal y canto al exterior. Se tenía que consumir cine y revistas porno en la frontera francesa, a pocos kilómetros de donde hicimos la sesión de fotos de este reportaje. Y mirar las motos japonesas que no podían entrar en España.

Es así como Norton o las italianas Ducati o Moto Guzzi fueron de las pocas motos de gran cilindrada que se podían comprar en este país que no veía más allá de la cara sur de los Pirineos. La cara norte era para los europeos…

El renacimiento

Detrás del renacimiento de Norton después algunos intentos frustrados está Stuart Garner, que se hizo con el 80 % de las acciones de la marca en 2008. Stuart ha llegado a un acuerdo con Motorien, reconocida empresa con sede en Valencia que importa diferentes marcas que van desde scooters económicos hasta las sorprendentes Royal Enfield, además de las exclusivas Norton.

Sus motos montadas a mano, una a una, pagan el precio de esa exclusividad. Pero tan cierto es que las nuevas Norton son exclusivas y caras como que… ¡son preciosas y funcionan!

Os aseguro que pocas motos de las muchas que han pasado por mis manos han levantado tanta admiración y expectación como esta nueva Norton Commando Sport 961 cuando con ella circulaba por Barcelona.

Creo que la nueva Commando es muy atractiva y tiene el mérito de que conserva el sabor de las Norton de los años setenta con fidelidad, pero además tiene un punto de modernidad que le sienta muy bien. El logo del depósito de combustible tiene un gran peso específico. Desde mi punto de vista, el diseño del tanque, la simplicidad de líneas, un chasis que potencia la imagen del motor británico que con acierto conserva el diseño del original y el punto tecnológico y modernista que aportan las suspensiones de Öhlins y los frenos de Brembo forman un conjunto brillante.

Es difícil que la nueva Norton te deje indiferente y sobresale entre el resto de las neoclásicas por su punto artesanal y muy auténtico, puesto que la mayoría de los componentes son “made in England”.

¿Cómo funciona?, pues la verdad es que, como explicamos más adelante, nos ha gustado y sorprendido a pesar de que tiene algunos aspectos mejorables, como el radio de giro, demasiado amplio, o la posición de las palancas de cambio y freno con respecto a las estriberas, que quedan demasiado bajas y no resultan cómodas.

Así es

En cierto modo, la nueva Norton es una moto con una concepción clásica y sencilla que se traduce en una moto fácil de conducir. No tiene unas prestaciones para tirar cohetes, pero sí mucho encanto y, desde mi punto de vista, parte de ese encanto es que el funcionamiento corresponde con la estética. Es decir que cuando pones el motor en marcha después de colocar una llave de contacto que, por cierto, es demasiado simple para una moto de este precio, el sonido de los escapes es música celestial.

El depósito de combustible (17 litros) tiene un acertado diseño, ya que combina un punto vintage con un acertado diseño en el que la zona de contacto con el asiento es muy estrecha y las piernas encajan bien, de modo que transmiten la sensación de que la nueva/vieja Norton es una moto manejable. El asiento monoplaza y sus costuras están muy bien acabados, pero tiene el inconveniente de que el pasajero solo tiene la posibilidad de sentarse con un supletorio que se monta encima del colín. El cuadro de instrumentos es muy sencillo y la instrumentación escasa, puesto que ni siquiera vemos un indicador de nivel de combustible.

El chasis es un doble cuna en tubo de acero que a su vez hace de depósito de aceite en una moto en la que el sencillo bicilíndrico con dos válvulas por cilindro (con taqués hidráuilicos) combina la refrigeración aire/aceite. El cigüeñal está calado a 270º y equipa un eje de balance para limitar las vibraciones. La admisión es por un doble inyector y en líneas generales es un motor bastante básico que, desde mi punto de vista, se adapta bien a la concepción de la Commando.

Las suspensiones son un conjunto de Öhlins con una buena horquilla invertida con barras de 43 mm regulable (precarga, compresión y rebote) y dos amortiguadores oleoneumáticos que también son regulables y que encajan con la estética de esta “british” neoclásica.

El conjunto de frenos también es de nivel, pues los discos de 320 mm equipan pinzas axiales firmadas por Brembo y las llantas son de radios, como así debe ser en una moto de este estilo. Los neumáticos, ¡cómo no en una inglesa!, Dunlop.

Buenas sensaciones

No puedo negar que sentía verdadera curiosidad por saber cómo se desenvuelve esta nueva/vieja Norton. Cuando la puse en marcha me di cuenta de que el motor en cierto modo era algo ruidoso y básico, pero tardé muy poco en aplaudir ese carácter, pues es exactamente el que corresponde a su estética. Es decir que una moto que conserva su identidad tiene que tener el carácter que aparenta. Lo antinatural habría sido que el propulsor de este Comando, que estéticamente es igual al de la versión de los años setenta, fuera un motor que suba de vueltas como un demonio y que su tacto fuera suave como el de un motor japonés…

El bicilíndrico británico tiene una buena respuesta, es algo ruidoso, pero eso forma parte de su personalidad. El tacto del cambio y embrague son correctos y su respuesta es buena permitiéndote bajar hasta las 2.500 rpm incluso en tercera y recuperar con solvencia.

Si le aprietas, siempre teniendo en cuenta que estamos hablando de un motor con 80 CV de potencia, las vibraciones son más notorias a partir de las 5.500 o 6.000 rpm, con la aguja del velocímetro sobre los 140 kilómetros/hora. El consumo medio está por encima de los 8 litros a los 100 kilómetros.

La posición de conducción me gusta, con un manillar ligeramente elevado y el asiento (un poco alto), plano. Pero no me gustó que para poder poner la pata de cabra desde el asiento se tienen tantas dificultades que es mejor bajarse de la moto cuando tengas que aparcar. Tampoco me gustaron la posición de las palancas y las estriberas y hay que tener cuidado al subir o bajar bordillos, porque el catalizador toca con facilidad. En realidad estos son los defectos más notorios, además de que gira poco, en una moto que por otra parte es fácil y divertida en la parte ciclo.

Como si quisiera mantener su aureola de moto ágil y ligera, la nueva/vieja Commando se comporta bien entre curvas y es más fácil hacerla entrar en el viraje que salir, por lo que es recomendable abrir pronto el puño de gas.

El equipo de suspensiones y frenos está a buen nivel, pero yo me pregunto si en realidad no sería mejor montar componentes más económicos y menos exclusivos para conseguir un precio final más ajustado. Precio que, por cierto, en España es más elevado que en el resto de Europa porque tenemos un impuesto sobre emisiones que sube en algunos casos hasta casi 2.000 euros.

Si a los responsables de Norton les insinúas que la preciosa Commando está fuera de precio si por ejemplo la comparamos con algún modelo Triumph, su respuesta es que de momento es el precio que hay que pagar por un producto totalmente “british”; en el caso de la empresa de Hinckley no sucede lo mismo. Y que la suya es más auténtica…

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2 Comments

2 Comments

  1. David

    09/03/2018 at 12:26 am

    A mi, que la monten a mano dos personas me importa un bledo. Ni rollo 100% british ni ostias. Lo que importa de una moto es el diseño y rendimiento, su fiabilidad y las sensaciones que te da. Y el precio, o la calidad precio. Un cacharro que vibra, que gasta 8 (Dios!!!) litros, que no aporta nada estéticamente ni tecnologicamente… Y que cuesta lo que cuesta?? Anda ya, se la pueden confitar. Triumph hace lo mismo y sin chorradas de “yo soy autentico y tu no”

  2. Fernando

    15/09/2018 at 3:44 am

    Lo que aporta Norton es Status algo que es inalcanzable para muchos no hay comparación con nada así de simple el status no se puede medir en $

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