MV Agusta Stradale 800: La bestia tranquila
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MV Agusta Stradale 800: La bestia tranquila

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En MV Agusta están contentos, y eso que hace unas pocas semanas los fuertes temporales que afectaron al norte de Italia inundaron la fábrica de Varese, situada a pocos metros del lago del mismo nombre. Hasta metro y medio subieron las aguas en la factoría de MV, pero ni eso ha borrado la sonrisa a su joven presidente, Giovanni Castiglioni, ni a sus acólitos, ya que la marca va viento en popa, incluso en plena crisis económica, y hay un factor determinante en este fenómeno: la construcción de modelos con motores tricilíndricos. Esta bonanza ha servido para que fructificase su reciente unión con la también exclusiva rama de Mercedes-Benz, AMG.

Brutale y Rivale son nombres que inspiran de todo menos ternura o tranquilidad. Y desde luego, la mayoría de las motos de Varese rebosan personalidad y radicalidad, así que imaginarse una de estas motos en versión amable no es lo primero que nos viene a la cabeza. Pero la nueva Stradale 800, aun manteniendo una importantísi­ma dosis de personalidad, es la MV Agusta menos salvaje que se puede adquirir hasta la fecha, por lo menos hasta que llegue la Turismo Veloce la próxi­ma primavera de 2015. Pero ¿se trata de una Rivale disfrazada? No, en absoluto. La Stradale es una moto nueva.

Muy equipada

Como nos comentaron durante la presentación de la Stradale 800, se ha usado la estética de la Rivale… y poco más. La sport-turismo italiana es nueva, desde el chasis hasta las suspensiones, pa­sando por el motor que, aun siendo tricilíndrico, es diferente al de las Brutale y Rivale. Su potencia se ha reducido desde los 125 CV de sus hermanas hasta unos todavía notables 115 CV a 11.000 rpm, pero lo mejor, y pensando en el tipo de usuario me­dio de esta moto, es que se ha suavizado mucho la brusca respuesta que tiene en la versión full power de las otras MV. Las curvas, tanto de potencia como de par, son ejemplarmente planas, y eso se nota luego en marcha.

Para reforzar este comportamiento, la Stradale equipa lo último en electrónica, y además de su conocido sistema MVICS con un nuevo hardware Eldor NEMO EM2.0, cuenta, como en el caso de sus hermanas, con un sistema de modos de con­ducción de 3 niveles (Sport, Normal, Rain), más otro llamado Custom, customizable por su propietario. Estos modos afectan tanto a la potencia máxima como a la sensibilidad del gas, entrega, control de tracción, limitador de rpm y freno motor.

En cuanto a la parte ciclo, todo es nuevo. El cha­sis se basa en el de la Rivale, sí, pero tiene diferen­tes cotas, empezando por un basculante más largo, de 620 mm, con lo que la distancia entre ejes es ahora de 1.460 mm (1.410 mm en la Rivale). En cuanto a las suspensiones, si bien la delantera tiene el mismo grosor y recorrido (Marzocchi de 43/150 mm, multiajustable), detrás el amortiguador Sachs cuenta con mayor recorrido (150 mm frente a 130). La altura del asiento es de 870 mm, pero existe otro opcional a 850 mm. Los frenos son Brembo de pinzas radiales, con un ABS de serie, de nueva generación, un Bosch 9 Plus + RLM (Real wheel Lift-up Mitigation) que limita que la rueda trasera se levante en exceso en las frenadas fuertes.

En cuanto a ergonomía y equipamiento, la Stra­dale monta un parabrisas ajustable en altura e in­clinación (50 mm y 5º, respectivamente) y un par de maletas semirrígidas no muy grandes, pero que armonizan muy bien con el conjunto de la moto. La curiosidad es que al usar los pilotos traseros de la Rivale, situados en la parte inferior del colín, éstos quedan ocultos por las maletas. La solución ha sido integrar un segundo juego de pilotos en las mis­mas maletas. ¿Y qué pasa si las retiramos? Que automáticamente se conectan los pilotos del colín al desconectarse los de las maletas.

¿No es una Rivale? No, para nada. Nada más arrancar te das cuenta de que la Stradale es otra cosa. Empezando por la posición de conducción, más relajada y vertical que en la Rivale y más con­ fortable, aunque el asiento obliga bastante a sentarse muy pegado al depósito, algo que podría mejorarse. Pero sin duda lo más relevante es la respuesta del motor, que ha perdido la brusquedad de la otra MV Agusta. Una moto versátil como la Stradale no podía ser brusca, y no lo es en absoluto. En este sentido, es de los motores más suaves que hemos probado de la marca de Varese, incluso en el modo Sport, lleno y de entrega uniforme, y todavía lo es más cuando optamos por los modos Normal o Rain. Por cierto, en estas dos opciones, la potencia se reduce de los 115 CV a los 90 CV.

La Stradale, con 181 kg, es una moto ligera, y en marcha aún lo parece más, debido a su estrechez y ancho manillar. Ello también ge­nera sensación de control y al mismo tiempo, junto con el ABS y el DTC, sensación de seguridad. El primer tramo que realizamos en nues­tra ruta por tierras malagueñas fue de autovía, donde nos sorprendió lo bien que protege la pequeña cúpula, pues incluso a alta velocidad no genera tur­bulencias y quita totalmente la presión del aire en pecho y cabeza. El motor vibra muy poco y el asiento tiene suficiente mullido, aunque su forma podría ser mejor en la parte del conductor si fuese más plano y 20 mm más largo. Otra cosa que nos dio tiempo a comprobar fue los nue­vos retrovisores, que ya no están en los extremos del manillar como en la Rivale, sino en una posición más convencional, aunque en ellos vemos parte de nuestros codos y deberían ser un poso más largos.

Una vez dejamos la autovía empezamos a rodar por carreteras secundarias, donde la Stradale debería sentirse mejor todavía, aunque en la autovía no parecía encontrarse nada mal. La agilidad es muy buena, y la moto se maneja con mucha facilidad, aunque los ajus­tes de serie estropean bastante la diversión, y es que –como comentamos luego a los técnicos de MV Agusta– la Stradale viene demasiado blanda de origen, en especial de retención hidráulica, lo que le resta precisión. Esto nos limitó la diversión, porque las posibilidades de la Stradale son muy altas. Simplemente con que hubiéramos tenido la posibilidad de jugar un poco con un destornilla­dor, todo habría cambiado notablemente.

Por la serranía de Ronda

En las bacheadas y muy resbaladizas carreteras de la primera parte de nuestro recorrido, la Stra­dale rebotaba en exceso por falta de retención hidráulica, algo que podríamos anular con media vuelta de destornillador.

En las deslizantes carreteras malagueñas agrade­cimos mucho el disponer de control de tracción (en el modo Sport está situado al nivel 4 de los 8 dis­ponibles) y del ABS de nueva generación, porque ambos entraron repetidamente en funcionamiento y, dado que en muchos momentos nuestro ritmo era bastante más elevado de lo que la carretera requería, nos evitó más de un susto. Aprovecha­mos para jugar con los modos de conducción, y la verdad es que hay una notable diferencia entre los tres modos, en especial en el modo Rain, donde el DTC entra en funcionamiento a la mínima que la rueda trasera pierde tracción. La respuesta al gas es también mucho más suave. En el modo Normal y con 25 CV menos que en el Sport era difícil seguir al resto de los periodistas sin jugarse mucho el tipo en las frenadas, y con las suspensiones blandas no era lo más aconsejable. En el modo Sport, la cosa era más fácil.

Después de comer en Ronda iniciamos el des­censo por la conocida y excelente carretera que lleva a San Pedro de Alcántara. Aquí, al carecer de baches, el blando ajuste de la suspensión no era tan determinante y permitía llevar un ritmo muy rápido y confiar en la bondad del chasis y de los neumáticos Pirelli Diablo Rosso II, excelentes en carretera. La Stradale permite buenas inclinaciones sin que rocen las estriberas y el motor logra que la salida de curvas sea fulgurante, incluso en marchas largas. Los frenos Brembo son potentísimos, pero, por suerte, muy modulables, y junto con el ABS, generan sensación de seguridad. No nos dejaba el pensamiento de que esta misma carretera con una Stradale con las suspensiones ajustadas más duras sería una gozada. Eso queda pendiente para cuando llegue la unidad de pruebas a Solo Moto y podamos ajustarla a nuestro gusto.

¿Es la MOTO?

¿Así, con mayúsculas? Podría serlo. Nos queda pendiente jugar con las suspensiones, algo que no tuvimos tiempo de hacer durante la presentación. Nos gustaría una ligera revisión del asiento, aunque a algún compañero de prensa le pareció perfecto. También, ya puestos, unos retrovisores ligeramente más elevados y unas maletas un pelín más gran­des, aunque MV ofrece un amplio cofre opcional para los que se queden cortos de espacio. En fin, que con dos ajustes, esta moto puede ser redonda. Esperaremos con ganas la llegada de la Stradale de pruebas…

 

Para más información no te pierdas la ficha técnica de la MV Augusta Stradale 800.

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