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Movilidad: El incierto futuro que nos espera

El futuro de la movilidad / Foto: autobild

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Un día cualquiera -quizás un relajado domingo o un caótico lunes- mientras tomábamos nuestro café con leche matutino (acompañadlo con lo que queráis), fuimos conscientes de que todo empezaba a cambiar de golpe en este mundo tan cotidiano y rutinario que nos envolvía… hasta entonces.

Sí, habíamos oído hablar de los vehículos eléctricos, pero se nos antojaban extrañas rarezas que algún día aparecían en algún medio, no siempre del mundo del motor. Pero, de repente, prácticamente sin avisar, nos hemos visto envueltos por coches y motos, híbridos primero y totalmente eléctricos después, que ya han pasado a ser parte de nuestro menú diario. El futuro de la movilidad es ya un presente.

El despertar a la realidad que ha supuesto ser conscientes de que o ponemos freno a la contaminación, o el mundo tal y como lo conocemos se va al carajo, ha movido a tomar medidas apresuradamente, cuando no de forma chapucera.

Los gobiernos han instado a los fabricantes de vehículos de motor a virar hacia la electricidad como sustituta de la gasolina, con la impresión de que se ha empezado la casa por el tejado: la necesidad de recargar las baterías de los vehículos eléctricos precisa de una red propia, potente y muy extensa; las propias baterías tardan horas en recargarse, a día de hoy por lo menos, con la incomodidad que eso genera; estas baterías precisan de materiales caros -y no tan abundantes- para su fabricación, y además son altamente contaminantes.

Aún no he visto ningún estudio sobre el tratamiento o reciclaje de las baterías agotadas u obsoletas que genere confianza. Europa obliga a reciclar al menos el 50 % del peso de las baterías que se recuperen, que actualmente es de unas 15.000 toneladas en todo el continente, pero en unos 15 años se pasará a aproximadamente 700.000 toneladas. Es decir, que unas 350.000 toneladas no serán recicladas. Del resto de no recicladas, parte de ellas se incinera y parte se entierra. Sí, se entierra.

Una sola batería puede contaminar miles de litros de agua. (¡Hey, señores de los gobiernos!, ¿qué haremos con los cientos de miles de baterías  no recicladas, dentro de no tanto? ¡Necesitamos saberlo!). La creación de grandes plantas de reciclaje de baterías es una tarea urgente y parte importante del futuro de la movilidad.

Las pilas de hidrógeno pueden ser una solución y una alternativa limpia a las baterías, aunque no se está apostando por este sistema de manera generalizada.

Hay otro tema no menor: gran parte de la industria de la automoción vive del mantenimiento de los vehículos, así como mucha industria satélite y auxiliar. La simplicidad mecánica de los motores eléctricos enviará a la ruina a muchos de estos negocios, eso es una evidencia. ¿Lo han tenido en cuenta? Me da que no.

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El hidrógeno, la gran esperanza

Para los amantes del motor se añade, aunque este pueda parecer un aspecto secundario: el aspecto pasional. Por lo menos para los moteros, este tema es crucial, y las motos eléctricas que hemos visto hasta la fecha no despiertan pasiones precisamente.

La gran esperanza para nosotros son los estudios que se están realizando con hidrógeno como combustible para motores de explosión, en lugar de la gasolina (dejando aparte su empleo como pila de hidrógeno). A grandes rasgos, el residuo de la combustión del hidrógeno es vapor de agua, es decir, que no contamina en absoluto. Con algunos cambios (sistemas de admisión específicos, depósitos especiales, etc.) un motor de gasolina puede reconvertirse en uno alimentado por hidrógeno.

Grandes nombres como Yamaha y Kawasaki se han unido, junto al conocido fabricante de encendidos Denso, para investigar esta posibilidad. Suzuki y Honda han manifestado que se añadirán al proyecto. Mazda, Subaru y Toyota también se han sumado. Esto significaría que, de llevarse adelante, podríamos seguir viendo motos con motores de combustión (limpia) en el futuro, para beneficio de todas las partes.

El ‘Plan B’ para los motores de combustión es que los biocombustibles, que también se están desarrollando y que se usarán en MotoGP, por ejemplo, lleguen a ser una realidad generalizada y sostenible.

Es evidente que todos tenemos que poner de nuestra parte o el mundo que actualmente conocemos desaparecerá más pronto que tarde. No podemos cerrar los ojos a esta realidad. Me niego a dejar a mis hijos y a mis futuros nietos un mundo de mierda. Pero tenemos que remar todos -gobiernos, fabricantes, holdings del petróleo y ciudadanía- en la misma dirección.

Mientras, el futuro de la movilidad sigue siendo incierto y caótico. Inmersos en un auténtico quo vadis, no sabemos a ciencia cierta qué coche o moto debemos comprar actualmente, porque desconocemos, a día de hoy, con qué nos moveremos dentro de algunos años.

Y en eso estamos…

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