Moto Guzzi V9 Roamer: De buena familia
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Moto Guzzi V9 Roamer: De buena familia

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La primera impresión que me causó la nueva Roamer dotada del clásico mo­tor bicilíndrico en V, en su última versión V9, es de que me resulta familiar. Y a poco de observarla con cierto detenimiento, uno se da cuenta de que es una cruiser de cierto nivel y no solo por su halo aristocrático, sino porque sus materiales, entre los que el plástico brilla por su ausencia, acabados y calidad de la pintura, por poner un ejemplo, marcan la diferencia… ¡Guerra a la vulgaridad!

Inspirándose en la Nevada no podía ser de otra forma. La primera Nevada data de 1993 y supuso la sustitución de la Florida. Con sus 52 CV, a lo largo de su historia tuvo diferentes versiones, como una de 48 CV aparecida un año más tar­de. Entre 1998 y 2003, la versión Club apareció de negro y con un asiento dividi­do. En 2004 llegó la inyección electrónica, posteriormente una touring (maletas, pantalla, respaldo…) y en 2010 la versión 20 aniversario, que en 2012, antes de la aparición de esta versión Roamer, sufrió pequeñas modificaciones estéticas.

Renovación
 

Pero sin ninguna duda la pequeña gran revolución llega ahora con esta Roamer que equipa el nuevo propulsor preparado para el Euro 4. Se trata del clásico motor en V transversal a 90º, refrigerado por aire y aceite con el bloque pequeño, es decir, como el de la V7, que no es el mismo que el de los modelos de superior cilindrada.

Su cilindrada es de 853 cc (84 x 77 mm) y, entre otras novedades, se ha modificado el sistema de distribución, en el que las válvulas se han po­sicionado con una pequeña inclinación en la culata entre ambas, a diferencia de la versión V7, en la que van en paralelo. No monta radiador de aceite por una cuestión de estética, pero el cárter de aceite es nuevo, se ha montado un nuevo sistema de lubricación y bomba de aceite y se ha optimizado el sistema de alimentación por inyección electrónica de un solo cuerpo firmada por Marelli.

La posibilidad de poder limitarse a 35 kW, por normativa del carnet A2, se realiza por dos vías. Una a través del software y otra mecánicamente, con la que se modifica el colector de admisión. El embrague es ahora un monodisco en seco de 170 mm de diámetro y también se han modificado las culatas, con un sistema de entrada de aire auxiliar, catalizador de tres vías y una doble sonda lambda. Un aspecto importante es que ahora las revisiones se espacian hasta los 10.000 kilómetros.

La verdad es que el tacto del bicilíndrico italiano es muy agradable y encaja con el planteamiento de una moto de aspecto retro con tecnología actual. Una moto a la que se llega con facilidad al suelo, puesto que la parte trasera del chasis se ha recortado y con un peso razonable no resulta complicado maniobrar tanto en parado como entre el tráfico urbano. El chasis en acero es de doble cuna y el basculante –con cardán– en fundición de aluminio se ha tenido que adaptar a la medida de un neumático trasero de 150.

Las suspensiones son de Kayaba, con una horquilla de 40 mm que encaja con la estética neorretro y un par de amortiguadores clásicos regulables en precarga de muelle. La frenada se confía a un conjunto de Brembo, con un disco delantero de 320 mm, una pinza de cuatro pistones y un simple disco trasero de 260 mm. No falta un sistema de ABS de dos canales firmado por Continental.

Entre una larga serie de accesorios hay que destacar la plataforma opcional MG-MP (Moto Guzzi Multimedia Platform), por la que a través de una centralita con conexión Bluetooth puedes conectar tu smartphone y disponer de mucha información (kilómetros, consumo…), además del navegador. Lo cierto es que no deja de ser curioso el conducir una moto como esta Roamer de aspecto clásico y señorial en combinación con las nuevas tecnologías…

Agradable
 

En la Roamer, la posición de conducción es en plan relax con las manos en alto, los brazos abiertos y las puntas del manillar ligeramente cerradas. Los pies quedan algo adelantados, posición que invita a los largos paseos en plan tranquilo. Largas excursiones más que muchos kilómetros de ruta, pues no se trata de una GT, sino de una custom cuya posición de conducción recomienda disfrutar del paisaje y detenerse coincidiendo con los repostajes para hacer un café. En realidad, como su propio nombre indica, la Roamer invita a hacer de vagabundo…

Un aspecto que no nos gustó es que las rodillas, inevitablemente, y dada la posición de las estriberas, rozan con las culatas. El asiento es al más puro estilo retro y algo duro, con poco espumado, situado a apenas 775 mm, con lo que se llega al suelo fácilmente. Esta posición deja el cuerpo bastante retrasado y, debido a la anchura del manillar y también por geometría, no se tiene la sensación de ir con el peso cargado en el tren delantero, sino más bien todo lo contrario. Así que el feeling con la rueda delantera es relativo, en una moto en la que el reparto de pesos es del 45 % delante y 55 % detrás.

Pero eso no significa que no sea relativamente ágil, puesto que entre curvas es fácil, agradable y se conduce con poco esfuerzo. En carreteras generales o vías rápidas se muestra neutra y estable, a pesar de que el manillar ancho condiciona el confort porque la protección es escasa.

Ergonómicamente ha mejorado con respecto a otros modelos de la casa de Mandello del Lario y las piñas e interruptores son agradables, con la posibilidad de acceder al menú principal que da acceso a las diferentes informaciones y chivatos desde un pulsador de la piña izquierda. No falta un control de tracción de dos niveles desconectable –MGTC, Moto Guzzi Traction Control–.

El tacto del embrague también me parece más suave que el de otros modelos de la casa, y el cambio, aunque sonoro, es preciso. Con la primera velocidad alargada se puede utilizar y estirar en ciudad, mientras que en el otro extremo, la sexta es casi como una overdrive.

El tacto del motor es marca de la casa, pero hay que reconocer que este V9 es el más suave y elástico de Moto Guzzi, que a pesar de todo no pierde aspectos de su personalidad para lo bueno y para lo menos bueno, que siguen siendo las vibraciones a bajas vueltas. El habitual movimiento o tambaleo hacia el costado derecho con la moto en punto muerto no se puede considerar un defecto, sino una reacción inevitable de las motos italianas y si no fuera así… ¡no sería una auténtica Moto Guzzi!

La respuesta del acelerador es ahora dulce y precisa, y cuando cortas el puño de gas, no hay reacciones extrañas ni violentas, ni por parte del propulsor, ni tam­poco de la transmisión por cardán, pues incluso en reducciones más o menos violentas, la Roamer conserva la línea.

El bicilíndrico recupera muy bien y responde a partir de las 1.500 rpm, con un rango de utilización entre las 2.000 y las 6.000 rpm. La capacidad de recu­peración es buena y en sexta velocidad prácticamente recupera desde los 70 km/hora.

En definitiva, Moto Guzzi ha dado un pasito adelante con esta descendiente de la mítica Nevada, gracias a un propulsor muy agradable, una estética acertada y la calidad de todos sus componentes. Una cruiser de muy buen nivel, a un precio interesante.

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