Moto Guzzi V7 II Special: Un buen comienzo
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Moto Guzzi V7 II Special: Un buen comienzo

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La nueva Guzzi V7 II Classic es un magnífico reclamo tanto para aquellos jóvenes usuarios con carnet A2 como para conductores más veteranos amantes de lo clásico. Su di­seño es espectacularmente fiel al de sus predecesoras de los años 70 y 80, con preciosos escapes cromados, llantas de radios, transmisión por cardán y ese incon­fundible bicilíndrico en V transversal a 90º, en la versión de 744 cc, que es toda una seña de identidad de la firma de Mandello del Lario.

Es una moto de estilo retro, sí, pero sabiamente modernizada y actualizada con una electrónica moderna que le aporta diferentes sistemas de se­guridad, un motor con carácter pero suavizado y con mayor durabilidad para adaptarse a los están­dares actuales y, por último, una parte ciclo puesta a punto capaz de enfrentarse a lo que sea. Pero ante todo, es la puerta de entrada a una marca con mucha solera en el mundo de la moto, una firma que quiere seguir ena­morando manteniendo gran parte de esas originalidades que le han permitido hacer historia.

Más agradable
 

Una de las claves de esta segunda versión de la V7 ha sido el buen trabajo realizado en ergonomía. Es una moto mucho más acogedora, para lo que se recolocó el motor y bajó la altura del asiento. Yo, que mido 1,70 m, me en­cuentro con mucho espacio gracias a que el motor está algo más lejos que antes y a que las rodillas se notan mu­cho más relajadas al haberse bajado unos centímetros la altura de las estriberas. Con todo, como buena clásica, la postura a adoptar es muy lógica y natural. A ello también contribuye su manillar, que, como no podía ser de otro modo, se caracteriza por la anchura y elevada posición.

Uno se siente muy a gusto sobre la V7 II Classic; el asiento, en un principio, parece algo duro y su sencillez en cuanto a diseño, en un primer momento, pue­de parecer un inconveniente, pero nada de eso, ciertamente no es una moto para realizar grandes rutas, pero en uso diario normal no nos va a plan­tear ningún problema en este aspecto. Al mismo tiempo, desde el punto de vista funcional, la rebaja en la altura del asiento hasta los 795 mm también ha supuesto un avance a la hora de maniobrar en parado, en especial para los conductores noveles o de menor estatura, que ven en este detalle un motivo más de confianza. 

Para ser una moto rela­tivamente pequeña, la V7 II Classic es un poquito pesada al maniobrar en parado, el bicilíndrico en V transversal a 90º con transmisión por cardán no es precisamente un propulsor ligero, aunque por suerte su centro de gravedad está bien posi­cionado y, con ayuda del asiento más bajo, se ha mejorado mucho en maniobrabilidad.

Más suave
 

Conscientes de que la V7 II Classic iba a to­mar, en muchísimos casos, el papel de medio de transporte diario de su propietario, los técnicos de Moto Guzzi también decidieron dar un pequeño repasito al funcionamiento de su motor que, en algunos aspectos, resultaba algo rudo y tosco de funcionamiento. Uno de los puntos más mejorados ha sido el tacto del embrague, que sigue siendo algo duro comparado con la mayoría, pero aun así, ahora podemos pasar largo tiempo batallando con el tráfico urbano, tirando continuamente de él, sin que nuestro antebrazo se resienta como sucedía antes.

En este mismo sentido, el motor también disfruta de algunas mejoras internas, como la nueva caja de cambios reescalonada para integrar la marcha extra que ha recibido y que cambia por completo su comportamiento. Aunque es un motor en V y tiene una buena cifra de par para tratarse de un siete y medio, el pro­pulsor de la pequeña Guzzi no es precisamente un virtuoso de las prestaciones. Sus 48 CV son muy controlables, especialmente para los que comienzan, haciéndoles la vida mucho más fácil y permitiéndoles cometer esos errores de princi­piante que todos hemos cometido al dar nuestros primeros pasos.

Es un motor que no requiere de muchas vueltas para funcionar; de hecho, si no lo estiramos más allá de las 5 o 6.000 rpm, se com­porta de forma considerablemente suave. A partir de ahí funciona algo forzado, aunque debido a la incorporación de la sexta marcha, no va tan al límite a velocidades de crucero. Por ejemplo, a un ritmo sobre las 3.500 rpm circula a unos buenos 80 km/h, mientras que a algo más de 4.000 vuel­tas mantiene los 120 km/h sin problemas.

Disfrutando el viaje
 

No cabe duda de que la V7 II es una moto para gozar del trayecto, no para hacernos vivir grandes sensaciones ni nada por el estilo. Lo suyo es una velocidad de paseo tranquila y constante donde todo sucede poco a poco y su propietario puede lucirla con todo orgullo. Incluso la parte ciclo de nuestra invitada está pensada para tomarnos las cosas con calma. En cuanto a las suspensiones, cuenta con una horquilla convencional de tacto blanda y con tendencia a hundirse en exceso cuando abusamos del freno delantero. Detrás, el par de amortiguadores llegan con un reglaje un tanto duro que reacciona de forma seca ante los baches más profundos. En conjunto es una moto no muy rígida con un centro de gravedad bajo que le permite ser bastante estable incluso en curva rápida.

Como neumáticos calza unos Pirelli Sport De­mon con cámara de 110/90 y 130/80 sobre llan­tas de 17 pulgadas que permiten unas inclinacio­nes considerables, no tienen un agarre excepcio­nal, pero en un uso corriente no se comportan nada mal. A decir verdad tampoco se le suele exigir mucho más a una moto como la V7 II Clas­sic, aunque también tiene su faceta deportiva, discreta, pero la tiene. Como la moto parsimonio­sa que es y con un motor un tanto descafeinado, exige de nosotros una gran finura si queremos ir rápido; la entrada en curva ha de ser progresiva, frenando lo mínimo imprescindible y trazando de forma dulce y precisa. Si no la llevamos al límite, responde; además, tiene una frenada muy buena, sobre todo en el eje anterior, donde monta un dis­co de 320 mm con pinza Brembo de 4 pistones con potencia y tacto muy buenos.

Muy segura
 

Nuestra invitada aún se guarda un as en la man­ga y es que, sorprendentemente, su sencillez de moto clásica se ve beneficiosamente alterada por la incorporación de dos sistemas de seguridad que elevan su calidad general significativamente. Por un lado dispone de ABS, que muy pronto será obligatorio para motos superiores a 125 cc, por lo que tampoco llama excesivamente la atención, pero lo que sí es de agradecer y alabar es que, aprovechando toda la instalación y sen­sores del antibloqueo de frenada, Moto Guzzi aprovechó la ocasión para dotar la Classic con el sistema de control de tracción MGCT –Moto Guzzi Controllo Trazione–.

Este es un dispositi­vo bastante simple que, obviamente, no tiene la rapidez de respuesta y efectividad de versiones más evolucionadas que podemos ver en mode­los mayores y sobre todo más potentes, pero aunque se trate de una moto de uso urbano y extrarradio y sus prestaciones prácticamente no lo requieren, un dispositivo de seguridad como este siempre se agradece. No olvidemos que el Grupo Piaggio lo incluye en muchos de sus scooters y no lo hace precisamente por la exce­siva potencia de estos, sino por ofrecernos un dispositivo que controle el deslizamiento de la rueda trasera al acelerar sobre asfalto mojado, pasos de cebra, pavimento adoquinado o des­gastado.

Además, por si fuera poco, ni siquiera supone un aumento excesivo en el precio final de la V7 II Classic, ya que con un precio de 9.299 euros, se encuentra muy por debajo de la línea psicológica de los  10.000 euros.  

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