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Rutas

Montana Experience XR: Una experiencia única

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Montana Experience XR
Fotografías de Macbor

Tras más de 700 kilómetros a lomos de la Macbor XR3, atravesando los Pirineos desde Puigcerdá hasta San Sebastián, cruzando pistas de todo tipo y carreteras de montaña con más curvas que un muelle, le voy a dar la razón a Jordi Bordoy cuando antes de iniciar la Montana Experience XR nos decía: “No os vais a creer lo que se puede llegar a hacer con una moto de 3.999 euros”.

Cuando la gente de Motos Bordoy, importadores para nuestro mercado de MV Agusta y SYM y dueños de su propia marca, Macbor, nos dijeron que estaban preparando algo especial para la presentación de la Macbor XR3, ni de lejos podía imaginar que lo que se escondía tras aquella frase era una transpirenaica como la que vivimos durante los algo más de tres días que duró la Monta Experience XR.

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La cita fue en Puigcerdá, donde nos juntamos la prensa y el staff de organización; un total de veinte personas que nos íbamos a cruzar los Pirineos de punta a punta, desde el mar Mediterráneo hasta el Cantábrico, pisando carreteras con todo tipo de asfalto y pistas de tierra que pondrían a prueba la parte ciclo y la mecánica de nuestra protagonista, la Macbor XR3.

Día 1: Comienza la Montana Experience XR

En la puerta del hotel nos esperan 10 Macbor XR3 impolutas, en una formación impecable y ordenadas por colores. Inicialmente me declino por la de color azul por ser la más llamativa de las tres cromáticas de cara a las fotos que nos vayan a hacer durante la ruta.

Pero las tres que hay ya están pilladas por alguno de mis colegas, más madrugadores que yo. Así que me decanto por la de color marrón, que en realidad es el color que yo me compraría.

Así que me acomodo y noto que el asiento es cómodo y bajo, lo que permite un buen apoyo de los pies en el suelo. Una vez iniciada la marcha desde nuestro punto de partida, Puigcerdá, tomando inicialmente carreteras secundarias con bastante tráfico, me doy cuenta de que conducirla resulta sumamente sencillo, te haces a ella de inmediato, como si la hubieses estado llevando desde hace meses.

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El manillar, amplio y situado a una correcta altura, ayuda mucho a controlar la moto. Por las calles de la localidad gerundense la manejabilidad es excelente. El poco peso y una parte ciclo con un buen equilibrio nos ayuda a circular con soltura entre el tráfico.

Tras varios kilómetros por carretera, la sensación es que el motor monocilíndrico de 250 c.c. se estira bien. Es bastante suave y el escalonado de las marchas permite un buen rango de utilización sin estar continuamente jugando con el cambio.

No tenemos oportunidad de estirarlo para ver su potencial en cuanto a velocidad máxima, pero sí podemos notar que los 100 km/h son su velocidad de confort. A ese ritmo la moto tiene todavía suficiente potencia como para afrontar adelantamientos con bastante solvencia. No tarda demasiado en subir hasta los 120 km/h desde esa velocidad, incluso sigue estirando con solvencia por encima de esa cifra.

Llegados al desvío que nos da acceso a la carretera de Sort y el Port de la Bonaigüa, podríamos decir que se da por iniciada la ruta “de verdad”. El grupo empieza a estirarse debido al ritmo impuesto por nuestro “road leader”, Rafa García, especialista en enduro, pero que demostró ser también un virtuoso sobre asfalto.

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Yo, situado entre los primeros del grupo para no quedarme descolgado, no paraba de pensar en los neumáticos. Conozco bien los CST (Cheng Shin Tire), que es la marca de los neumáticos de primera monta, y me parecen unos buenos neumáticos una vez que llegan a la temperatura adecuada. Sin embargo, los mixtos que montan las Montana XR3 nunca los había probado y no sabía qué respuesta iban a dar.

En esa primera tirada sobre asfalto a un ritmo alto no las tenía todas conmigo, pero como los de delante tiraban… Finalmente, paramos para descansar cuando llevábamos unos 20 kilómetros de carretera de montaña en subida, la última parte de ellos a cuchillo.

Durante la parada comenté con uno de los rider de la organización mis reservas a la hora de exigirle tanto a un neumático de esas características, a lo que me respondió con un “tranquilo, Jordi, durante el recorrido de reconocimiento de hace un par de semanas los pusimos a prueba y responden a la perfección. No te preocupes”. Y así lo hice a partir de ese momento.

Pocos kilómetros después de la parada nos esperaba la primera pista de tierra. Entramos en ella decididos, aunque con la incógnita de saber cómo se iba a comportar la Montana XR3 en ese medio. Mi experiencia en pistas de tierra se podría decir que es prácticamente nula, y el hecho de apuntarme a esta Montana Experience XR me iba a servir precisamente para darme cuenta de lo que la gente de Macbor nos dijo el día antes durante la charla técnica.

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En ella nos comentaron que la Montana XR3 es una moto muy versátil, con la que se puede combinar on y off-road a un nivel medio con bastante facilidad. Y la verdad es que yo no me esperaba que fuese a ser tan buena montura sobre tierra.

Los neumáticos ofrecen un buen apoyo y las suspensiones, regulables en extensión en la horquilla y en precarga y extensión en la parte posterior, se muestran capaces de mantenernos estables sobre pistas de graba o tierra, incluso absorben con correcta solvencia los regueros que se forman con el agua o las roderas que dejan los coches.

Dejamos la pista a la altura de Gerri de la Sal, después de haber disfrutado de pistas de todo tipo, incluso alguna con piedras sueltas y curvas de radio muy corto, en las que los neumáticos dieron muestras de necesitar algo más de taco, pero el motor cumplió como un auténtico jabato.

Tras reponer fuerzas en La Pobleta de Bellveí, con una comida como solo en esos caserones de montaña saben servir, reiniciamos la marcha de camino al Pont de Suert, discurriendo todo el momento por carreteras solitarias de montaña y con un ritmo muy exigente para las motos.

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Kilómetros y más kilómetros de puro disfrute y llegamos al Coll de Fades, donde la organización nos tenía preparada una asistencia que nos permitiera descansar antes de afrontar un nuevo tramo de tierra que nos llevaría desde el pequeño pueblo de Chía hasta Plan.

Este segundo tramo off recorría a gran altura parte de la sierra pirenaica, mostrando espectaculares paisajes a cada curva y transcurriendo sobre pistas en buen estado que nos permitían velocidades de hasta 80-85 km/h en algunos tramos.

Nos lo pasamos genial y las Macbor aguantaron todo lo que le pedimos sin un solo problema. Y después de quemar tanta adrenalina, trocito de carretera hasta Ainsa, donde pasamos esa primera noche. Por cierto, no puedo cerrar el repaso a este primer día sin hacer mención a la autonomía de la XR3.

Todos creímos necesario repostar en algún momento de la ruta, y de hecho pasamos por delante de varias gasolinaras, puesto que 277 kilómetros al ritmo que estábamos yendo no parece que lo pueda soportar una moto con un depósito de 16 litros y un motor de 250 c.c.

Pues bien, reposté justo antes de llegar a Ainsa y me entraron 13 litros en el depósito, con lo que el consumo teórico fue de 4,7 litros, y eso que, como digo, fuimos a lo que dábamos (casi siempre por encima de las 8.000 rpm).

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Día 2: De Ainsa a Ochogavía

En el arranque del segundo día, con partida desde Ainsa, nuestro objetivo se centra en llegar hasta Navarra, concretamente a la localidad de Ochagavía. Serán en total 219 kilómetros que nos llevarán a cruzar parte del cañón del Añisclo y nos adentrará, aunque muy poco, en el Parque Nacional de Ordesa y el Monte Perdido por su parte sur.

Siguiendo esa misma carretera que nos lleva por el Añisclo pasaremos por Fanlo para llegar hasta Yasero, donde nos esperan unas pistas de tierra de lo más espectaculares. Con un tramo en subida y con la pista un poco rota, las curvas más cerradas se presentaban como el único hándicap para las XR3, ya que la frenada de aproximación a la curva tras un tramo rápido se tiene que realizar con mucho tiento al disponer de sistema ABS.

Y precisamente en las salidas de esas curvas es donde se echa en falta un neumático con más taco, a la hora de abrir gas, para que no patine tanto y traccione con más garra. Después de esa divertida pista de tierra, de nuevo carretera y pique a muerte sobre el asfalto en reviradas carreteras alpinas; siempre con el cerebro conectado, por supuesto.

La velocidad máxima de la XR3 en un tramo de autovía llegó hasta los 150 km/h, aunque le cuesta llegar a esa cifra, así que diremos que la velocidad máxima de marcador para este modelo estaría en los 145 km/h.

La parada para comer fue en Aisa, no confundir con Ainsa, en un espectacular enclave desde el que la vista del Monte Perdido parecía una postal. Comimos, descansamos, con minisiesta en un prado incluida, y reanudamos la marcha con la calma que da el llevar la panza llena.

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El tramo inicial por carretera se hizo ameno y, a medida que recobrábamos el brío, el ritmo de la marcha también fue incrementando. Entre pique y pique llegamos hasta el segundo punto de asistencia, en Garde, desde donde tomaríamos una pista de tierra que sin parar de subir nos llevaría a través del barranco de Gambuluzea, rayando con la provincia de Huesca, hasta Urzainqui.

Seguimos por pista de tierra, aunque con menos polvo que la anterior, a nuestro destino del día: Ochagavía, en Guipúzcoa, que, según nos dijeron unas lugareñas, en vasco significa madriguera de lobo. Descanso merecido tras más de 200 kilómetros y cena en una sidrería local, en la que no faltó ni la tortilla de bacalao ni el chuletón de ternera.

Día 3: Adiós a toda una experiencia

Para el tercer y último día de la Montana Experience XR, la organización nos preparó una etapa relativamente corta; era cuestión de llegar a San Sebastián a una hora prudente para poder dejar las Macbor en el centro logístico que se iba a encargar de devolverlas a su lugar de origen.

Una etapa casi de transición”, nos dijeron, pero acabó siendo igual de divertida y espectacular que las dos anteriores, pero con menos kilómetros. Saliendo de Ochagavía no tardamos en adentrarnos en el primer tramo fuera de carretera. La orografía de esa parte de los Pirineos resulta algo diferente a la que habíamos recorrido hasta ese momento.

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Los caminos son más estrechos y el suelo más compacto, mientras que la vegetación resulta más generosa y los árboles, a pie del camino, cubren con su sombra todo el recorrido.

A estas alturas parece increíble que, tras más de 500 kilómetros y el maltrato que le hemos dado a las Macbor XR3, todavía no haya habido ninguna baja, aunque solo fuese por algún motivo ajeno a la fiabilidad de la mecánica. Ni un solo motivo para la queja nos dieron.

El único mantenimiento que precisaron fue el reapriete de los tornillos de algún protector de escape que, por motivo de las vibraciones durante la conducción off-road, se habían ido aflojando, nada más.

A lo que íbamos. Tras el espectacular recorrido off-road llegamos a Roncesvalles, donde retomamos la carretera de asfalto en un tramo con muy buen piso y en el que nos divertimos de lo lindo circulando a un buen ritmo, sin ser exageradamente rápido pero con unas inclinadas dignas de MotoGP.

A buen ritmo llegamos hasta Puerto Belarte, donde nos encontraríamos con el último tramo de tierra de esta expedición. Igual que en el anterior, el paisaje se presenta muy boscoso y los tramos de sombra esconden algunas zonas con barro, en las que tenemos que vigilar porque los neumáticos mixtos se saturan y cuesta controlar la rueda delantera. Aun así, lo superamos con solvencia.

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Tras la pequeña excursión a través del bosque llegamos a la carretera y enseguida llega el momento de parar para la comida. Lo siguiente ya sí es un mero trámite de unos cuantos kilómetros hasta la meta fijada en San Sebastián, adonde llegamos más cansados de lo esperado y con más de 700 kilómetros a nuestras espaldas.

Reto superado. La Montana Experience XR ha resultado un excelente ejercicio de confianza de Motos Bordoy en su producto. La Macbor XR3 ha superado con nota este reto mixto entre asfalto y tierra.

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