Los grandes dominadores de la clase reina (y V): El rey Sol
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Los grandes dominadores de la clase reina (y V): El rey Sol

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El reinado de Valentino Rossi en la máxima categoría del Mundial ha quedado enmarcado entre los dos hitos más importantes de la historia moderna del motociclismo español: el título de Álex Crivillé en 500 y el deJorge Lorenzo. Hablamos en pasado porque esta temporada en la que estamos establece un antes y un después en la carrera deportiva de Valentino Rossi en la clase reina, porque nunca antes se había visto apeado de la lucha por el título de semejante manera, tras haber disputado tan sólo tres carreras. Nadie sabe qué nos puede deparar el futuro, y qué será capaz de hacer Rossi sobre la Ducati Desmosedici, pero es evidente que asistimos a una nueva época en el Mundial de MotoGP, y él no aparece como la figura dominante.

Rossi irrumpió en el Mundial de 500 de 2000 como el joven campeón con mayor proyección del campeonato. Llegó a la categoría reina en un momento de incertidumbre, en el  año 1 después de Doohan, reinando Crivillé en medio del desconcierto de HRC y con firmes realidades como Max Biaggi o Kenny Roberts Júnior presentándose como opciones más solventes que aquel joven piloto italiano todavía fresco  y extrovertido. No entró por la puerta de atrás, sino a lo grande, en una estructura independiente que disfrutó de todas las atenciones posibles de HRC y que contó con el equipo técnico más experimentado del campeonato. Fue una decisión inteligente de los gestores de Honda, que querían evaluar al joven aprendiz, a quien arroparon con el equipo que trabajó con Doohan: Burgess y compañía. En aquel entonces, nadie habría reparado en sus nombres más allá del técnico australiano, pero ahora casi todo el mundo los conoce y los recita, como si de la alineación de un mítico equipo de fútbol favorito se tratara: Burgess, Ansiau, Briggs, Smart y Coleman.

Aquella fue una temporada de desconcierto: las Honda oficiales no funcionaron –Crivillé padeció un verdadero calvario-, Yamaha no redondeó la faena y hubo ocho ganadores diferentes en 16 carreras. Fue uno de los Mundiales con mayor número de carreras en mojado que se recuerdan, y al final el campeón fue Roberts, con claridad, merced a su regularidad, aunque alcanzando el porcentaje más bajo de victorias de un campeón de 500 hasta ese momento. Rossi llegó como un torbellino: no terminó las dos primeras carreras, aunque se mostró condenadamente veloz. Y ahí entró en juego la experiencia de la gente que le rodeaba. Después de estrellarse en Welkom y Sepang, Burgess se lo llevó aparte en Suzuka y le dijo: “Termina la carrera”. Acabó en una discreta undécima plaza, y a partir de ahí todo fue mucho mejor.

En Jerez, la cuarta cita, subió por primer vez al podio; en Donington, la novena carrera, ganó su primer GP de 500. Desde entonces ya fue un habitual del cajón, y terminó ganando otra carrera más en Río, y alcanzando el subcampeonato. En HRC estaban satisfechos porque habían hecho la elección acertada.

Resultaba extraña la actitud de HRC respecto a Rossi y los otros pilotos de fábrica. En 2000, el equipo contaba con tres pilotos: Crivillé, Okada y Gibernau. En 2001, Sete se fue a Suzuki y Okada se jubiló, dando paso a otro hombre de la casa, Tohru Ukawa. Pero toda la atención estaba puesta en Rossi y su estructura independiente. Y el talento ilimitado de Rossi permitió que su rendimiento fuera excepcional. Comenzó enlazando tres victorias consecutivas, y ya nadie le pudo frenar. Aquellos primeros años marcaron la explosión de su enfrentamiento con Max Biaggi, cuya rivalidad provocó la ruptura en la afición italiana. Frente a la actitud algo altiva del romano, Rossi ofrecía frescura y espontaneidad, un toque de insolencia. Pero es que estamos hablando de un piloto de sólo 22 años, y también mucha personalidad.

Sus disputas dialécticas con Biaggi se recogían con entusiasmo entre la prensa transalpina, que ofrecía titulares de lo más jugosos -para que luego hablen del sensacionalismo de la prensa británica- que fueron la comidilla del paddock. Esto y su peculiar y desenfadada forma de entender la vida hicieron que Rossi se convirtiera en un personaje muy popular y su fama trascendiera más allá del mundo de la moto. Involuntariamente o no, el Mundial de Velocidad se había encontrado con el mejor embajador posible de este deporte.

Y mientras, Rossi iniciaba el camino hacia la gloria. Intratable en 2001 -venció en 11 de las 16 carreras-, ganó el título con 106 puntos de ventaja sobre Biaggi. Pero en 2002, el Mundial se preparaba para una nueva época. La categoría de MotoGP sustituiría a la de 500, y el campeonato se enfrentaría a una sucesión de cambios.

Llega MotoGP
Nadie dudaba de la capacidad de Honda para realizar una moto competitiva, ni del talento de Rossi para adaptarse a los nuevos tiempos. El 7 de abril se estrenó, bajo la lluvia, en Suzuka, y Rossi ganó con claridad. Ukawa le robó la cartera en Welkom dos semanas después, y eso le hirió en el orgullo. A partir de ahí enlazó siete victorias consecutivas, una racha sólo interrumpida por un neumático defectuoso que se desintegró en Brno, lo que permitió que su archirrival Biaggi mantuviera su reinado en el circuito checo, sin duda, su mayor feudo.

Para entonces, Biaggi ya no era rival de Rossi, y el Mundial asistía impasible a su marcha preguntándose si habría alguien capaz de ponerle freno. Rossi ganó el primer título de MotoGP, de nuevo con once victorias, y ahora 140 puntos de ventaja sobre Biaggi.

La historia de Rossi fue una sucesión de victorias y títulos en los años siguientes, hasta 2006, cuando por primera vez pierde la corona de la máxima categoría. Pero más noticioso que el canto de sus gestas es todo lo demás que ocurre a su alrededor. Firmemente asentado en HRC y contando con el mejor material, pocos se veían en disposición de plantarle cara. Aunque su verdadero enemigo estaba mucho más cerca de lo que él jamás habría podido imaginar. Rossi ganaba con soltura y autoridad, pero con inteligencia, dando rienda suelta al espectáculo. Huía de las cabalgadas en solitario, prefería medirse cara a cara con sus rivales, como jugando, sabedor de que su moto le daría todo lo que necesitaba en el momento que se lo pidiera, y que él mismo tenía la capacidad necesaria para salir airoso de cualquier situación.

Si no había marca que pudiera hacer frente a Honda, ¿qué piloto podría plantar cara a Rossi? La solución tenía que salir de la propia Honda. Y HRC decidió construir unas motos para sus clientes tan efectivas como la propia RC211V de fábrica. En 2003, Rossi estrenó nuevo compañero de equipo, el joven norteamericano Nicky Hayden, enviado al Mundial por empecinamiento de Honda América. Junto a ellos, Daijiro Kato, integrado en el equipo Gresini, sería el único con material de fábrica. Pero las RC211V estándar eran suficientemente buenas como para ganar carreras. En la primera carrera de 2003, en Suzuka, Kato tuvo un accidente fatal y falleció unos días después. Sumido en el dolor pero impulsado por una fuerza especial, Gibernau se imponía a Rossi en la siguiente cita, Sudáfrica, y desde entonces se convirtió en la alternativa a Valentino.

Durante 2003, Rossi y Gibernau sostuvieron una fraternal pugna, aunque el italiano siempre llevó las de ganar, y a la postre volvió a hacerse con el título, pero Sete mostró al mundo que se podía ganar a Rossi, aunque para ganar el título hacía falta, además, tener el apoyo de la fábrica. En Honda estaban muy satisfechos de mostrar su superioridad, pero tampoco tirarían piedras contra su propio tejado, así que Gibernau se quedó allí solo, como predicando en el desierto.

Pero lo que demostró Sete caló hondo en HRC, aunque no sacara ningún beneficio de ello. Honda negociaba con Rossi su renovación ofreciéndole unas condiciones inaceptables, a decir de Valentino. Su “mánager” de entonces, Gibo Badioli, llegó a decir a Rossi que le ofrecían poco más o menos un contrato al mismo nivel que Ukawa. Rossi estaba indignado por lo que consideraba un desprecio hacia su trabajo, ya que para él Honda sólo alababa el éxito de sus motos y no daba suficientes méritos a sus victorias. Y buscó una salida. Tuvo reuniones furtivas, con Ducati -demasiadas condiciones y compromisos-, y con Yamaha, y fue la gente de Iwata la que le cautivó. Aunque llevó con toda la discreción posible sus movimientos, llegados a final de temporada su cambio de bando era una cuestión tratada con absoluta normalidad.

Y así fue. Hubo buenas palabras y una cordial despedida, pero fue todo puro teatro. Para Rossi, todo era cuestión de resentimiento y de orgullo, de rencor y de honor. Bajo su gesto amable y su aparente gentileza se hallaba un verdadero caníbal, un ser dispuesto a devorarse  las entrañas de su enemigo. Y ahora su enemigo era Honda.

Larga luna de miel con Yamaha
Honda sustituyó a Rossi con Alex Barros. El brasileño rompió un contrato con Yamaha -le costaría caro, porque posteriormente perdería un juicio con Altadis por incumplimiento del compromiso adquirido- para subirse a la mágica Honda RC211V. Pero ni él ni Max Biaggi al año siguiente lograrían darle a Honda todo lo que Rossi le había dado. Al final era más importante Rossi que la moto; ésta es una enseñanza que todavía debemos tener presente en el motociclismo.

Rossi tuvo que esperar hasta el mes de enero de 2004 para poder subirse a la Yamaha YZR M1. Honda no permitió que participara en las pruebas de noviembre, tras el último GP de 2003. Eso alimentó aún más su deseo de venganza. Así que tras una intensa pretemporada, seguida con la misma expectación que si se tratara de un GP, Rossi se presentó en Welkom con la intención de demostrar quién valía más: Honda o él. Y en una vibrante carrera frente a Max Biaggi, Rossi logró su primera victoria con Yamaha. La humillación a la que sometió a HRC fue total: las mejores Honda satélite, con Biaggi y Gibernau, quedaron tras él, y éstos, a su vez, batieron de forma escandalosa a los pilotos de HRC, Barros y Hayden.

Pero no fue un camino de rosas. En las dos siguientes carreras, Rossi no pisó el podio y Sete fue el vencedor, colocándose líder del campeonato. A partir de ese momento, Rossi inició una remontada, comenzando por aquella corta y alocada carrera de Mugello, reducida a sólo seis vueltas por culpa de la lluvia y un reglamento poco apropiado que terminaría dando paso al actual “de bandera a bandera”. Rossi ganó en Mugello, en Cataluña y en Assen, y Sete fue segundo. Pero a raíz de la carrera de Assen, esa cordial relación entre Rossi y Gibernau se enfrió. En la disputa por la victoria en la última vuelta, Rossi tocó la rueda delantera de la Honda -el contacto le arrancó el guardabarros-, en una maniobra por la que Sete le pidió explicaciones a Valentino. Aparentemente, la cosa no fue a más, pero algo había cambiado en su relación.

La tensión era grande entre ellos, y cometieron algunos errores. Sete se descolgó de su pugna al caer en Alemania -en Río se fueron al suelo los dos, cada uno por su lado- y enlazar algunas clasificaciones fuera del podio. Y entonces se llegó a Qatar. Era la primera ocasión en que se corría en Losail, y la pista estaba falta de agarre. La gente de Rossi, como hizo también la de Biaggi, limpiaron su posición en la parrilla de salida, con cierta nocturnidad, y la Dirección de Carrera les penalizó con salir desde el final de la parrilla. Rossi encolerizó por esa decisión, acusó a Sete y a su equipo técnico de estar detrás de la sanción, y prometió venganza. Su rabia se hizo más grande tras caerse en la carrera, que fue ganada por Gibernau, que así entraba de nuevo en la pelea por el título. La ruptura entre ambos fue definitiva. Rossi ganó las tres últimas pruebas y no dio opción, ganando su cuarta corona en la clase reina, y la primera con Yamaha. Comenzaba así una larga luna de miel con la marca japonesa.

En 2005, todo apuntaba que sería una repetición de la disputa Rossi-Gibernau, que arrancó con un encendido final de carrera en Jerez. Pasarán años y se seguirá discutiendo sobre la maniobra. En la última curva de la carrera, adonde Sete llegaba en cabeza, Rossi ganó el interior y hubo un contacto entre ambos que llevó a Sete fuera de pista. Dolorido por el golpe recibido en el hombro, hubo mucha tensión en el pit lane y el podio, y por primera vez en su vida Rossi tuvo que soportar una sonora pitada. Sete ya no volvió a ser rival para Rossi, y lo cierto es que ese año nadie estuvo a su altura. Volvió a ganar once carreras, cediendo en lugares puntuales, como la victoria de Barros en Estoril, donde irrumpió la lluvia; el triunfo de Hayden en el regreso a Laguna Seca; las victorias de Capirossi en Motegi y Sepang, y los triunfos de Melandri en Estambul y Valencia, cuando Rossi ya era campeón.

Pero en 2006, las cosas no fueron muy bien. Quizás porque perdió algo de concentración ocupado en otros divertimentos como sus escarceos con la Fórmula 1, quizás porque Yamaha se relajó excesivamente, quizás porque se trabajó más pensando en el futuro cambio a 800 que en el presente de las 990, el caso es que ésa fue una temporada complicada. Tras cinco año seguidos ganando en la máxima categoría, Rossi cayó derrotado por su antiguo compañero, Hayden, y lo que es peor, por Honda. Lo tuvo francamente mal toda la temporada por unas tempranas averías, y no pudo hacer nada frente a la regularidad de Hayden, que ganó un par de carreras. Melandri siguió sumando victorias, Capirossi mostró la competitividad de la Ducati y el joven debutante Dani Pedrosa también se asomó en un par de ocasiones a lo más alto. Ya no era tan fácil ganar en MotoGP. Aunque remontó mucho terreno, lo tenía francamente difícil a falta de dos carreras: Portugal y Valencia. Pero se le puso todo de cara cuando Pedrosa derribó a su compañero en Estoril, en una de las carreras más emocionantes de los últimos tiempos, en la que Toni Elías derrotó a Rossi por dos milésimas. Perder fue un mal menor, porque Rossi llegó a Valencia como líder.

Pero en Cheste, Rossi salió mal y se cayó al inicio de la carrera, y aunque remontó no pasó de la 13ª posición. Hayden fue tercero y ganó el título por sólo cinco puntos. Los cinco puntos que le robó Elías en Estoril. Por primera vez desde su coronación, Rossi caída derrotado, y además por Honda.

El enemigo en casa
La reglamentación cambió en 2007 y la categoría de MotoGP pasó a disputarse con motos de 800cc. La electrónica cobró un peso mayor, y también los neumáticos resultaron claves. Y Ducati, que llevaba trabajando con Bridgestone desde 2005, acababa de contratar al joven Casey Stoner, y acertó de lleno en la combinación de todos estos elementos. Nada se puede objetar a su triunfo. El binomio Stoner-Ducati no dio opción a nadie y ganó el título con todo merecimiento, pero Rossi señaló a Bridgestone como la clave de esa victoria, y removió Roma con Santiago para contar con el suministrador japonés en 2008, aun a costa de romper la homogeneidad dentro del box, ya que su nuevo compañero, Jorge Lorenzo, correría con Michelin.

En 2008, Rossi volvió a jugar duro, como cuando tuvo que enfrentarse con Sete. Su relación con Stoner fue cordial, pero la maniobra protagonizada en el Sacacorchos de Laguna Seca, un arriesgado adelantamiento con salida de pista incluida, provocó la cólera de Stoner. Habitualmente, en la disputa entre dos generaciones de pilotos, es el más joven el que se muestra más agresivo, pero aquí era el veterano el que llevaba la situación hasta el límite. Como si de un novato dispuesto a comerse el mundo se tratara, Rossi luchaba con todas sus fuerzas y ponía en juego todas sus habilidades. Seguramente, aquella maniobra hizo su efecto, y Stoner se descentró, provocando el punto de ruptura del campeonato, en el que Rossi cimentó su sexto título.

En 2009, todos disponían de Bridgestone, pero ya entonces Rossi había visto crecer a un nuevo rival y fortificó su posición para hacerle frente. Era Jorge Lorenzo, el doble campeón de 250 que había entrado en el equipo en 2008, sorprendiendo a todos con su arrollador debut. Y el primer sorprendido fue Rossi, que no debió valorar en su justa medida al mallorquín. Desde que llegó a la clase reina, Rossi siempre había estado solo en su equipo o con un compañero que no le inquietara (Ukawa, Hayden, Checa, Edwards), pero en 2009 Lorenzo se convirtió en su rival.

Ni el muro que levantó en el box ni todos sus esfuerzos pudieron impedir el crecimiento de Lorenzo. La temporada 2009 fue una épica pugna entre ambos, y cuando parecía que los dos errores consecutivos de Lorenzo (Donington y Brno) dejaban libre el camino a Valentino, su caída en Indianápolis revelaba que corría al límite. Quizás, de cara al título, le habría valido con quedar detrás, pero ese afán por no ceder lo más mínimo ante el joven aspirante revelaba la lucha de poder que se estaba sosteniendo dentro del equipo. Rossi había comprendido que Lorenzo era el único que podía poner fin a su reinado, y el único que podía acabar con su favorable situación en Yamaha. Y lo entendió sobradamente cuando la marca japonesa renovó a ambos por una sola temporada. La caída de Lorenzo en Australia, con dos carreras por delante para el final del campeonato, definió el título para Rossi, su séptimo título en la clase reina, permitiendo completar un decenio inigualable: siete títulos y 77 victorias en la máxima categoría.

Lo que ha sucedido en 2010 pertenece ya a otro tiempo, quizás a una nueva época. Seguramente haya sonado ya la hora de España, once años después del título de Álex Crivillé vuelve a haber un campeón español en la clase reina. Pero Valentino Rossi, el rey Sol, absolutista y despótico en el final de su reinado, intentará recuperar el cetro. Dentro de unos meses lo sabremos.

EL REY SOL (2000-2010)

PAÍS

TÍTULOS

VICTORIAS

Italia

7

101

España

1

37

Australia

1

25

Estados Unidos

2

7

Brasil

6

Japón

4

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