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Rutas

La vuelta al mundo en una Bonneville

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Kane Avellano inició, con apenas 23 años, un viaje en una Triumph Bonneville 2008, en solitario, que le llevó a dar la vuelta al mundo en 8 meses. Su hazaña, no solo le llevó a batir un record Guinnes, sino que le aportó una experiencia en la vida que difícilmente podrían aportarle otras vivencias.

Todo el viaje en sí fue un regalo para el joven, que sobrevivió a monzones en la India, a fuertes tormentas en América, a desprendimientos y a accidentes y averías en su moto.

Apenas unos días antes de cumplir 24 Kane volvió a casa tras recorrer más de 50.000 kilómetros a través de 35 países y 6 continentes y se convirtió en la persona más joven que ha completado el viaje al mundo de ida y vuelta, solo y sin apoyo.

Todo comenzó cuando pudo permitirse comprar una Bonneville de segunda mano a para aprender a montar en moto.

Los pasos previos a la vuelta al mundo

“Al principio era un piloto horrible”, reconoce. “El curso de un día de CBT me llevó dos días en lugar de uno”. Pero “milagrosamente” lo consiguió, y pasó los siguientes meses usando la moto a diario. Hasta emprendió un viaje de 11.000 kilómetros atravesando Francia, Portugal, Andorra, Italia, Sicilia, Suiza y Bélgica.

Kane apenas había viajado a lo largo de su vida, de hecho solicitó por primera vez el pasaporte a los 21 años. Pero cuando el aguijón de viajar le picó, lo hizo con fuerza: “antes de emprender mi viaje por Europa el máximo tiempo que había conducido seguido en una moto había sido una hora. Europa fue la prueba de fuego para ver si era capaz de aguantar largas distancias”. Ya se lo tomó como un entreno, porque para entonces ya ardía en su mente la idea de dar la vuelta al mundo.

Inició este primer viaje sin una ruta estipulada, sin plan y sin una fecha marcada para finalizar. “Salí solo con una idea general. Por las mañana miraba a ver qué había en un radio de 3 a 8 horas conduciendo, reservaba un hotel y luego simplemente disfrutaba del paseo diario”. Más o menos utilizó el mismo sistema un año después para dar la vuelta al mundo.

“Comencé a planear dónde quería ir unos dos meses antes de mi salida y obtuve los visados. Descarté Rusia y China por el precio de los visados. Además, había países que me parecían más interesantes hacia el sur como Myanmar, India o Pakistán”.

La moto con la que había hecho el viaje por Europa se la robaron, así que usó el dinero del seguro para comprar la Triumph Bonneville de 2008 con la que dio la vuelta al mundo.

Viajas en solitario, pero nunca estás solo

La aventura arrancó un 31 de mayo, y se dirigió hacia el este atravesando Francia, Alemania, Austria, Italia, Croacia y Eslovenia. Pero ya había viajado por Europa y, pese a que cambia mucho de un país a otro, tenía prisas por descubrir lo que le esperaba más allá.

Su viaje continuó por Serbia, Bulgaria, Turquía, Georgia y Armenia, país desde donde cruzó a Irán, lo que él considera el comienzo propiamente dicho de la aventura.

“Irán me confirmó lo que todo el mundo me había dicho, fueron las personas más amables que me encontré en todo el viaje y es un país realmente hermoso”, dice Kane. Si paras más de 5 minutos en un lugar, enseguida llega alguien ofreciéndote comida y alojamiento”.

Para su travesía por el desierto de Pakistán requirió de escolta policial, que además cambiaba cada 20 o 30 kilómetros lo que provocó que una jornada de 200 kilómetros requiriera cerca de 14 horas. Aún así, Kane reconoce que era gente muy amable. Finalmente pasó 4 días en el país con escolta, y otros 10 en los que pudo viajar tranquilo y a su aire sin protección policial.

La idea de Kane era explorar las montañas de Pakistán, pero finalmente hizo caso a la recomendación de un amigo y se dirigió a Gilgit, para recorrer el paso Khardung, la carretera más alta del mundo que está a 5.639 metros sobre el nivel del mar. Y no fue nada fácil: “llevaba una rueda atada a la parte trasera de la moto que probablemente pesaba unos 350 kg. Además, quemé el embrague, así que tuve que empujar la moto de vuelta hasta el pie de la montaña”.

Pretendía esperar a que pasara un camión que le ayudará a transportar la moto por la montaña, pero no apareció ninguno. Afortunadamente la amabilidad de la gente también era pasmosa y unos mecánicos que pasaban por la zona le ayudaron a hacer un apaño que le permitió volver a afrontar el camino.  Pero decididamente ese no era su día. Lo que parecía un pequeño charco resultó ser un gran socavón, y cuando intentó atravesarlo la moto se le quedó clavada, provocando que todo su equipaje saliera por los aires, que él se cayera y que la llanta delantera quedase deformada.

Lo mejor que podía hacer era volver a bajar y pasar allí la noche. Al día siguiente, un hombre le arregló la llanta a base de martillazos por 1 dólar.

Asume riesgos, vive la aventura

Su siguiente destino tras la India fue Myanmar, donde el gobierno insiste en que todos los turistas deben ir acompañados. Pudo atravesar el país con la compañía de 2 guías turísticos, un conductor y un funcionario del ministerio de turismo. El recuerdo más curioso que guarda de esa travesía es que cada vez que se detenía le ofrecían un paquete hielo y una toalla helada.

Tailandia y Malasia cerraron su periplo por Asia, antes de trasladarse a Australia y América, donde viajaría de Canadá a Chile pasando por Estados Unidos, Méjico, Centro América y Perú. Pero no fue hasta que cruzó a Argentina que vivió los dos mejores días de todo su viaje.

La imagen más bonita fue la aparición de una estrella fugaz inmensa mientras atravesaba el desierto. “Encendió todo el cielo, fue increíble”, recuerda. Al día siguiente debía dirigirse a Rosario, pero tenía una impresionante tormenta ante él. El viento era cada vez más fuerte, hasta los troncos de los árboles salían volando, y perdió sus guantes: “sentí que iba a morir si seguía conduciendo bajo esa tormenta”, cuenta Kane. Decidió aparcar su moto, resguardarse bajo una marquesina e intentar dormir. “Sobre las 2 de la mañana desperté y me encontraba en el centro de la tormenta. Los rayos caían a decenas alrededor y los árboles eran derribados con facilidad. Yo estaba durmiendo sobre mi moto, empapado. La fuerza de lo que estaba viendo era increíble”.

Al día siguiente, sintiéndose invencible tras haber sobrevivido a la tormenta, dos perros se cruzaron en su camino y no pudo esquivarlos. Golpeó a uno y en el accidente se le rompió la palanca de cambios. También sufrió una lesión muscular en Ecuador que apenas le dejaba ni respirar. Pero ningún imprevisto acabó con su fuerza ni con sus ganas de continuar con la aventura. Ni una sola vez se planteó abandonar.

Los riesgos forman parte del viaje, y he visto cosas increíblemente maravillosas, por lo que estoy muy agradecido. Al fin y al cabo, tal y como dice el propio Kane: “Las cosas solo dan tanto miedo como tú quieras darle”.

 

 

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