La Triumph Scrambler recupera el espíritu de los años 60
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La Triumph Scrambler recupera el espíritu de los años 60

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Sobre el famoso salto que Steve McQueen hizo en la gran evasión se han escrito miles de historias, pero parece que la estrella de Hollywood sigue siendo una fuente inagotable de inspiración y de ingresos. Menos conocida es su participación en una edición de los ISDE disputados en Alemania del Este en 1964, pero lo cierto es que con el paso del tiempo en lugar de diluirse la leyenda de la Scrambler, ésta sigue creciendo, y no sólo gracias al icono que representa Steve McQueen. Cuenta la leyenda que McQueen se retiró el tercer día de aquellos ISDE tras sufrir una caída, que su obsesión era seguir a un campeón como Jöel Robert, que tomaba parte en la prueba con una CZ y que se lo pasaba tan bien pilotando como al acabar las carreras…

Por otra parte, hay que recordar que hace diez años un preparador italiano llamado Carlo Tamano hizo con la base Bonneville una Scrambler superatractiva y que cuatro años más tarde Triumph comercializó la primera Scrambler de nueva generación.

Una moto cuyo doble escape, que pesa más de 12 kilogramos, es ya todo un signo de identidad y que en 2008 supo adaptarse a los tiempos con un buen gusto exquisito, puesto que se sustituyeron los carburadores Keihin de 36 mm por un sistema de inyección que conserva la estética de los viejos carburadores. Incluso el mando del aire imita perfectamente a los de la época. Todo un detalle, o mejor dicho, un detalle más, de los muchos que hacen de la Scrambler una moto que marca la diferencia y que desde mi punto de vista ha sabido reeditar una estética inolvidable. Es, además, una de las motos que siguen siendo el punto de partida de una inagotable inspiración por parte de preparadores de todo el mundo.

 

Mantiene el mismo espíritu y estilo que encuentras en una Triumph clásica de los 50, pero con tecnología actual; eso sí, camuflada

La primera Triumph TR6 con motor bicilíndrico data del año 1956, pero no fue hasta cinco años más tarde cuando apareció el modelo C. Se dejó de fabricar en el año 1972 y rendía 42 CV a 6.500 rpm. La versión actual del bicilíndrico de 865 cc monta un cigüeñal calado a 270° como la Speedmaster que transmite sensaciones más fuertes que la Bonnie (360°). La relación de cambio es más cerrada, y en definitiva con buen criterio, esta clásica que recupera el concepto Back to Black con algunos acabados en negro tiene un motor alegre que invita a los paseos incluso más allá del asfalto. Siendo claramente una moto casi de bulevar, sus neumáticos tipo trail Bridgestone Trail Wing de tacos invitan a los pasos más allá del asfalto. Montados en las llantas de radios y con cámara, son desde mi punto de vista parte importante de la estética de esta atractiva Scrambler.

Algunos detalles diferencian este nuevo modelo, y entre ellos destaca una placa de aluminio anodizado que protege los bajos del motor o el asiento con el logotipo de Triumph.

Me encantan los protectores de goma de los laterales del depósito –a la vieja usanza–, el faro reducido a la mínima expresión o detalles como los fuelles de la horquilla delantera, que no es regulable (ni falta que hace…), que por cierto está firmada por Kayaba, al igual que los dos amortiguadores. No sólo las suspensiones de esta british vienen de Japón, porque también la pinza Nissin del disco delantero es japonesa.

Vamos de paseo

La llave de contacto está situada en el costado izquierdo, junto al faro, y en el llavero vemos dos llaves más: la que corresponde al tapón del depósito de combustible, que, por cierto, no lleva bisagra, y la del cierre, en el lado opuesto a la de contacto.

El mando del aire es supercómodo y muy auténtico, pues es exactamente igual al que montaban los carburadores de las motos de los años 60. El sonido es discreto y agradable. El asiento es de generosas dimensiones, muy plano, de un solo nivel, y se llega con los dos pies al suelo con comodidad. El manillar ancho es cómodo, y transmite sensación de control en una moto que, pese a que no es muy ligera, es manejable. El cuadro de instrumentos sigue la estética de las Scrambler y no monta cuentavueltas, aunque sí que se sirve como accesorio.

Siendo claramente una moto casi de bulevar, sus neumáticos trail de tacos invitan a aventurarse más allá del asfalto, sin excesos…

El motor es un gustazo y sale desde abajo con facilidad. En realidad se puede salir tranquilamente en segunda velocidad o incluso tercera; su palpitar es sosegado, muy auténtico. No tiene una respuesta agresiva en toda la gama de utilización, y desde mi punto de vista encaja perfectamente con el espíritu de esta Scrambler, que no es otro que el de disfrutar de una moto cómoda para pasear en diferentes escenarios. Eso no significa que no sea divertida ni muchísimo menos, porque incluso con los neumáticos trail entre curvas tiene una buena estabilidad, a pesar de que las suspensiones son excesivamente blandas. Yo entiendo que sea una moto de paseo confortable para disfrutar con la calma, pero en carreteras bacheadas me gustarían unas suspensiones con más capacidad para absorber las irregularidades del terreno.

En definitiva, Triumph sigue alimentando el mercado con una revisada versión de su ya conocida Scrambler, cuyo origen hay que buscarlo en la TR6 y su motor bicilíndrico de 500 cc. Una moto que ganó un montón de carreras en el desierto de California en los años 50, que en las versiones de los años 60 montaba el escape por el costado izquierdo, que sigue siendo todo un mito que no cesa de reeditarse… ¡Viento a favor!

CÓMO VA EN…
CIUDAD
El motor tiene buen tacto abajo, es suave entre el tráfico urbano y agradable a pesar de que resulta un poco lento de reacciones. Un poco pesada para maniobrar, pero fácil de conducir pese a su curiosa posición de conducción.

CARRETERA
Con los brazos abiertos y los pies bastante bajos y adelantados a nivel de parte ciclo, se comporta con naturalidad pese a un ángulo de dirección muy abierto. Entre curvas es divertida a pesar de las limitaciones de los neumáticos.

AUTOPISTA
Con las piernas demasiado arqueadas, los pies muy bajos y el manillar alto, la autopista no es su mejor escenario. Mejor evitarlo y pasear por el campo…

SOLO +
Sin ninguna duda, su estética es su mejor carta de presentación. El motor es muy agradable, y siendo una moto tranquila, es polivalente y divertida
SOLO –
El escape condiciona la posición de la pierna derecha y desprende mucho calor. Es algo pesada. No hay ABS ni en opción

 

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