La magia de Colombia: De sur a norte, de oriente a occidente
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La magia de Colombia: De sur a norte, de oriente a occidente

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Los protagonistas de esta historia acumulan una larga experiencia en viajes y aventuras. Edu Cots y Carles Humet, que en esta ocasión se acompañaron de Juan Carlos Rubio, se fueron a seguir el Dakar del año 2012 con sus Montesa Impala. Y no contentos con ello, al año siguiente viajaron hasta Japón –lo publicamos también aquí, en Solo Moto, ¿lo recordáis?– y recorrieron 22.000 kilómetros con sus motos de más de treinta años y apenas 10 CV. Y llegaron. No deja de ser curioso que tipos acostumbrados a sensaciones fuertes, pues fueron buenos pilotos de velocidad y rallys de asfalto, disfruten la moto en toda su dimensión en sus aventuras alrededor del mundo sobre motos de pequeña cilindrada…

En esta ocasión, para descubrir la magia de Colombia, eligieron las pequeñas AKT, que utilizan material y tecnología de Taiwán y de la India y se ensamblan en Colombia siguiendo el régimen CKD –Completely Knock Down-, por el que se define el montaje en un territorio ajeno al de su venta pero añadiendo componentes propios. En este sentido, os recomiendo el reportaje que Jaime Alguersuari publicó en el Solo Moto nº 1.972, donde nos dibujó emocionado el panorama industrial de la motocicleta en un país donde se venden 700.000 unidades al año.

Volviendo a nuestros protagonistas, si en su viaje por África estuvieron acompañados por otro exvelocista como Ignacio Guardia, en esta ocasión se apuntó Juan Carlos Rubio. Un expiloto de motocross y pionero en diferentes acciones de ámbito empresarial que fue un buen anfitrión en un país amigo.

Colombia es un país que ha permanecido encerrado en luchas internas durante 50 años, que conserva una naturaleza salvaje por descubrir, a la vez que hoy es uno de los países donde más motos se venden.

“Nosotros planteamos un viaje en una moto colombiana alrededor del país, con el objetivo de conocer y dar a conocer la magia que encierra Colombia, a la vez que probamos a fondo las AKT”, explican. La idea surgió al conocer AKT Motos y el nuevo modelo que lanzaban al mercado, TT250 AdvenTour, en el Salón de las 2 ruedas de Medellín.

“Propusimos el proyecto a Enrique Vargas, director de la ensambladora en Medellín, y enseguida llegamos a un acuerdo por el que nos cedían tres motos durante los 20 días que duraría el viaje y la red de concesionarios para recalar en alguno de ellos, con el objetivo de hacer las revisiones pertinentes, ya que íbamos a llevar la moto a situaciones extremas incluso por zonas para las que no está diseñada originalmente”. Y así fue como tres tipos de Barcelona con cicatrices en todo el cuerpo de mil y una batallas, cogieron tres AKT TT250 AdvenTour de 25 CV cargadas con 20 kg de equipaje y se fueron a descubrir la magia de Colombia…

El desierto de la Guajira: de cabo La Vela a Punta Gallinas

Punta Gallinas es el extremo más septentrional del continente sudamericano. Un impresionante escenario natural desértico, con mesetas, dunas y acantilados rocosos, que emergen del mar. Al llegar, una inmensa duna que alcanza 60 metros de altura se alza como una muralla justo en la orilla del mar. Para llegar hasta Punta Gallinas hay que atravesar un desierto en el que habitan un centenar de integrantes de la etnia wayúu, que bien podría ser una etapa del famoso Rally Dakar. La expedición intentó llegar desde cabo La Vela con brújula y plano. “Nos perdimos en varias ocasiones, un momento difícil que tuvimos que superar. Por suerte, encontramos la pista buena y en ella un todoterreno manejado por Emilio, un wayúu que lleva a los turistas. Lo seguimos, y tenemos claro que no habríamos llegado sin su ayuda. Pistas poco definidas en todas direcciones que son el resultado de ir buscando el mejor lugar de paso en función del estado del terreno, sorteando pequeñas lagunas, pasos entre colinas y montículos”.

En un llano espectacular casi sin horizonte les pilló una cegadora tormenta de arena. “Teníamos que seguir las luces del Toyota que serpenteaba buscando el mejor paso. Por un momento las luces desaparecieron y seguimos recto, pero, afortunadamente, Emilio aflojó la marcha y recuperamos el aliento”.

La última hora de trayecto se complicó más, y por eso los touroperadores dejan a los turistas en una playa en la que hay flamencos y luego llegan en barca hasta el destino. Nuestros protagonistas siguieron al Toyota que rodea la bahía por pistas de arena blanda, donde las TT250 cargadas se hundían inevitablemente… “hay que sacarlas empujando y nos caímos un montón de veces…” .

Llegar a Punta Gallinas fue una maravilla, con un precioso mar en donde se hunde el desierto de colores rojos y ocres. Soledad, silencio, paz en una bahía privilegiada. Y unas cabañas regentadas por wayúu, todo amabilidad.

El Catacumbo Barí

Es esta una zona montañosa prácticamente deshabitada, con un clima que va de cálido a templado y con un paisaje muy quebrado, abrupto, con un ecosistema de bosque tropical, selva, y bosque que se encuentra en el departamento norte de Santander.

La ruta elegida fue una trocha más al sur del Parque Natural Nacional, que saliendo de Ábrego va hacia El Laguito-La Estancia-Gaira-Casitas-Cachira y finaliza en La Esperanza, donde se toma la carretera que va a Bucaramanga. “La TT250 no está diseñada para soportar la dificultad de los tramos que pasamos, pero aguantó como una campeona y los pilotos acabamos pidiendo la hora”.

Los caminos son muy estrechos, suben empinados y repletos de enormes roderas que excava el agua bajando como un torrente, y la bajada es casi peor porque la moto se golpea constantemente contra los socavones. “Duro para el esqueleto de pilotos y moto”.

Llegaron a un lugar en ¡que no había camino! “Por suerte apareció Aliro, un campesino que nos ayudó a subir las motos por el puro campo hasta un sendero de animales, que siguiéndolo durante unos 5 km interminables nos llevó a un caserío, donde nos indicaron por dónde continuar; otra trocha dura y vadeando varios ríos. Hubo una zona que no teníamos claro poder superar, porque era auténtico trial, pero si te lo propones, encuentras la manera: motor parado y te tiras derrapando, pies por los suelos y bien sujeto al manubrio. Si no hemos quemado el embrague de la TT250, es que es muy duro”. ¿Trocha? (vereda) ¿Manubrio? (manillar), resulta evidente que a nuestros protas vienen de muy lejos…

El trampolín de la muerte

La carretera de la muerte colombiana (hay otra en Bolivia), aquí llamada el trampolín de la muerte, une las localidades de Mocoa y Pasto en el sur de Colombia.

Hasta hace unos pocos años, cada semana había varios vehículos que caían al precipicio; hoy está arreglada con guardarraíles en casi todo el recorrido, pero aun así en ocasiones la tierra cede y sigue habiendo accidentes mortales.

En moto es muy dura, siempre sobre piedras, con un continuo traqueteo que castiga motos y pilotos durante las tres o cuatro horas que dura el recorrido. Este serpentea enfilándose arriba de unas montañas que son casi verticales, con continuas curvas, en ocasiones con tramos muy angostos, de manera que solo pasa un vehículo de cuatro ruedas y muy cerca del precipicio. Hay veces que caen piedras de los vehículos que circulan más arriba. Y la bajada es muy dura para los brazos, pero hay que mirar de relajarse un poquito y mantener la concentración.

El espectáculo es el de unas montañas verdes de puro bosque húmedo bellísimo en todo su recorrido. “A nosotros nos tocó viajar lloviendo, algo muy habitual en esta zona, con una niebla que dejaba ver el paisaje muy de tanto en tanto, pero aun así disfrutamos pilotando la TT250 al límite, derrapando en las piedras mojadas y con mucho respeto cuando nos acercábamos demasiado al precipicio. Continuamente hay que cruzar ríos que atraviesan la carretera y que esconden trampas en forma de piedras que fácilmente pueden descabalgarte, hay que entrar con firmeza”.

Se llega al valle de Sibundoy, una preciosidad, con un clima fresco muy agradable. Y con el sancocho de gallina (sopa típica del país) se recuperan las fuerzas.

A partir de aquí acabaron su aventura, no sin antes recorrer unos 600 kilómetros hasta Medellín, que dejó atrás innumerables imágenes y recuerdos de la inolvidable magia de Colombia.

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