La despedida de Joan Garriga
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La despedida de Joan Garriga

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Familiares, un grupo de amigos, Joan Abad como único representante federativo, Toni López, el sr. Vilaseca, pilotos que vivieron codo a codo con Joan en la pista y aficionados, hemos dado hoy una despedida sentida a Joan Garriga. Con la música de Carros de Fuego de fondo despedimos a un gran tipo y un enorme piloto.

He leído casi todo se ha publicado estos días sobre Joan Garriga y en absoluto quiero a través de estas líneas volver a recordar sus momentos difíciles.

Desde mi punto de vista la vida de Joan y en esto coincido con Josep Lluis Merlos, quedó marcada cuando Sito se proclamó campeón del mundo en 1988. Desde entonces no pudo enderezar su carrera deportiva y tras una experiencia poco gratificante en la categoría de 500, Joan empezó a dar bandazos. No triunfó en Superbikes y a nivel personal comenzó a perderse, maldita sea, en un cielo amargo.

Un piloto extraordinario

Tal vez en otra ocasión escriba con más detalle sobre la carrera deportiva de Joan Garriga. Hoy no. Pero no puedo dejar de recordarle. A principios de los años 80 en Barcelona el Bar Sant Vicens de Sarria, propiedad de Quique Lopez de Vega y Lluís Ricart, dos pilotos de la época y buenos amigos, era el centro neurálgico de la moto. En su jardín a base de platos y cervezas, se tejían grandes proyectos, comentaban carreras, fichaban pilotos. Se buscaban ayudas, intercambiaban cilindros, prestaban bujías y en definitiva se escribió gran parte del futuro de nuestro motociclismo deportivo del que Joan Garriga formó parte.

Poco más arriba declaro que no voy a escribir sobre la carrera deportiva de Joan. Pero no puedo dejar de recordar cuando le conocí. Por aquel entonces se estaba arreglando un ático en Sarria con sus propias manos. Joan tenía una habilidad increíble para la mecánica y para trabajar con todo tipo de materiales. Aquel tipo divertido, que fumaba como un carretero y era poco amigo de las copas, convirtió un  cuchitril en un ático muy curioso a base de muebles de madera empotrados que el mismo construyó, cuando la preparación de su Yamaha TZ 250 se lo permitía.

Sobre la moto era sencillamente increíble. En 1983 con una Yamaha de Folch en las 24 Horas de Montjuich (así se escribía entonces) acabó cuarto con Prous y Rosa como compañeros de equipo. Verlo subir por Sant Jordi con aquella moto tan elemental ponía la piel de gallina. Posteriormente ganó la edición del 84 junto a Grau y Reyes, además de hacer la pole en la carrera de TT-1. En el 85 volvió a ganar con Grau y De Juan en lugar de Luis Miguel y en el 86 de nuevo subió a lo más alto del podio en este caso con “Min” Grau y Carlos Cardús.

Siempre recordaré cómo aquel tipo fantástico, tuvo tiempo en plena carrera, rodando a un ritmo inalcanzable para la mayoría y sobre todo para un periodista que hizo de piloto con más voluntad que acierto, a enseñarme una trazada, dedicarme un saludo, un guiño, un gesto.

Simplemente creo que es justo recordar que Joan además de ser tan buen tipo como inconformista, fue un enorme piloto. Lo tenía todo. Era rápido, fino, agresivo, técnico, seguro. Insisto, todo.  Pero no siempre teniéndolo todo se puede ganar ni en las carreras, ni en la vida.

Me quedo con muchos recuerdos, con los buenos y desde hoy alguno más: la entereza y cariño de su familia y como hace unas horas un improvisado grupo de motoristas acompañaron el féretro de Joan, con enorme respeto, devoción y sobre todo, admiración.

Joan no te olvidamos

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