KTM RC 250 GP Miller/RC 250 R: ¡Señor, sí señor!
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KTM RC 250 GP Miller/RC 250 R: ¡Señor, sí señor!

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Ya es la segunda vez consecutiva que me subo en una prueba de final de tempo­rada sobre las Moto3 del Team Ajo y alguna de las rookies. Parece que fue ayer, y como una vuelta rápida, ya ha pasado un año. En esta ocasión, el escenario ha sido el circuito de Valencia, coincidiendo con los primeros tests para la nueva temporada 2015 de su nuevo pro­totipo y el estreno de los que las pilotarán en el próximo Campeonato del Mundo. La montura 2014 que he podido pilotar ha sido la que per­tenecía al subcampeón del mundo Jack Miller, una moto evolucionada en su totalidad y deriva­da de la de Salom y Viñales.

Aprendí bien la lección sobre el pilotaje de es­tas pequeñas y rápidas motocicletas en el técni­co circuito de Almería, y en Valencia estaba más esperanzado de poder sacar más conclusiones sobre su pilotaje.

Uno de los anfitriones –además del staff oficial de KTM y de la Rookies Cup– fue Joan Olivé, que realiza las funciones de coordinador depor­tivo dentro del equipo y que, como ex piloto de alto nivel, me aportó crucial información sobre los secretos de estas trepidantes motos.

La sesión constaba de 8 tandas repartidas en­tre tres mecánicas diferentes: la unidad Factory RC 250 GP de Miller, dos RC 250 R Rookies Cup y una RC 250 R estándar, que podemos comprar tú y yo.

La conducción de una Moto3 es tremenda­mente distinta de la que tenemos asimilada la mayoría de los mortales. Son unidades que no llegan a los 50 CV y que no tienen una elevada velocidad punta, pero cuentan con una gran ca­pacidad de retardar la frenada y una velocidad de paso por curva vertiginosa y rompedora de esquemas. Para que esto sea posible, la confi­guración del chasis y los neumáticos son vitales.

Ante una pista vacía y sin referencias, aunque sea una pista conocida, rodar rápido con una maquinita como ésta es una tarea complicada. Una buena referencia sería rodar tras un piloto bregado, y copiar trazadas y puntos de frenada, ya que en realidad están muy lejos de lo que en un primer momento uno imagina.

Salí a la pista animado, ya que el tamaño me venía al pelo. Al no tener el hándicap de estar atento por exceso de potencia, puse el foco de concentración en buscar referencias, tacto de frenada y comprensión de las suspensiones. Mi primera tanda fue sobre la RC 250 R Rookies Cup, una moto totalmente distinta de la Factory. Chasis, suspensiones, un solo freno de más ta­maño, embrague y 500 rpm menos de motor son la mayor diferencia ante la RC 250 GP. Mi sen­sación ante la primera toma de contacto no fue nada mal, nada de fatiga, tiempo de asimilación en cada recta, trayectorias correctas y puntos de frenada adelantados pero decentes. Paré después de la tercera vuelta lanzada y cambié de moto; las tandas eran de salida de pit lane, tres vueltas completas y vuelta a pit lane.

La Factory de Miller me estaba esperando. Habiendo roto el hie­lo, me adentré de nuevo y calentito a pista, con 500 revoluciones más, un chasis diseñado para ser más agresivo, una frenada más precisa y embrague antirrebote.

Llegué a Doohan retrasando la fre­nada y angulando más la trazada. La aceleración era más enérgica y mucho más certera para colocarse sobre los vértices. Imprimí más fuerza sobre el freno y empecé e sentir cómo trabajaba la hor­quilla. Cogí confianza y, tras dos vueltas, llegué frenando tarde al final del curvone de bajada previo a la recta principal. Ante mi sorpresa, la moto se levantó de atrás con pequeños y violentos movimientos de cola. ¡Glups! Entonces entendí la dificultad de llevar esta moto al ritmo debido, ya que encontrar un buen equilibrio no era nada fácil.

Terminé la tanda de la Miller y agarré la RC 250 R Estándar. Entré a pista pensando que mi nivel había aumentado. Esta moto es exacta a la de la Rookies, excepto el escape, que es de sa­lida única lateral, pero igual de revoluciones que la Factory, es decir, 14.000 rpm. La estándar es una moto destinada a la venta para equipos privados y su coste ronda los 42.000 euros.

¡Jo con los ‘niños’!

Su conducción era menos agresiva, más asi­milable y me sentí más cómodo. Cuando creía que estaba rodando a mejor ritmo, que en par­te era cierto, me pasó Hanika, ganador de la Rookies Cup en 2013, en la parte del pif-paf más técnica del circuito. Ante mis ojos más que abiertos lo pasó completamente inclinado, fre­nando hasta muy lejos en total apoyo y dejando correr la moto hacia el centro de la trazada una barbaridad. En ese momento me di cuenta de la cantidad de margen que tenía para mejorar, pero también que para hacerlo me faltaría mucho en­treno y algunos años menos…

En esa misma vuelta también me adelantó el mallorquín Mir, subcampeón de la Cup; éste lo hizo en el curvone, pero no fue tanta la diferen­cia, ya que no es un punto tan técnico, pero sí que descubrí que todavía angulaba mucho más las trazadas para obtener más acele­ración.

Después de una ligera pausa y comida, ya que el timing era bastante apretado, me apetecía más una siesta que rodar, pero al volver a oír los rugidos de los pequeños propulsores, no tuve opción. Ya tenía bas­tante información para buscar un ritmo más decente. Lo malo era que el sol a esa hora de la tarde viene de cara, y en dos frenadas clave, el reflejo de la luz sobre el asfalto per­judicaba la precisión.

A esa hora todos los niños estaban tam­bién en pista; Hanika, evolucionando la moto 2015; Mir, con la Rookies; Oliveira, con la Factory; otros tres probadores más y yo. Apreté los dientes, roté la cabeza, junté las manos y chasqueé los dedos. El rodillo de puesta en marcha empezó a girar la rue­da trasera, motor en marcha, cogí el em­brague, acelerón patinado embrague y a lidiar una situación real.

En la segunda vuelta y sobre la RC 250 GP, mi ritmo había aumentado, mi rendimiento era mayor, no venía nadie por detrás, pero en la última vuelta noté un rumor por mi dere­cha, Oliveira me pasó por el inte­rior del curvone, pero con menos diferencia de velocidad que en tandas anteriores, motivo por el cual pude seguir su rueda en la recta. En ese momento sólo pensaba en cómo entraría al final de ésta. Se hacía en 4, pero ¿dónde y cómo se acometería la maniobra de entrada? Aguanté hasta donde pude, y la frena­da y reducida de las dos marchas no se produjo hasta el mismo momento de giro. ¡Mamma mía! Suerte que llevaba una moto con antirrebote. No lo hice en el mismo sitio que él, y me sacó unos 5 metros de diferencia, pero os aseguro que el estómago se me encogió, o… se me expandió. No lo sé; el caso es que, aunque escapándose pude mejorar mis referencias, hay que ser muy preciso, porque un error en ese momento es comida de polvo segura; si no que se lo pregun­ten a Hanika, que al pasar Doohan de nuevo lo vi desparramado en el suelo, justo en el punto donde se abre el gas de bajada hacia la primera de derechas se le escapó. ¡Mmmmm!

En la reserva

Ya hace décadas que hice la mili y pasé mi instrucción, pero ya estoy en la reserva, una re­serva dorada que me permite ver cómo han evo­lucionado las motos, el pilotaje y cómo son de excepcionales. Lo que queda claro es que KTM está haciendo un trabajo increíble para que los chavales consigan un nivel de pilotaje, puesta a punto y rendimiento óptimos. Los prepara no sólo ante la actitud, sino en cómo evolucionar y cómo plantear ser un piloto profesional.

En el box contiguo a Aki Ajo, Tom Kojic, Ha­nika, Binder, Oliveira y todo el equipo de me­cánicos estaban en pleno trabajo de evolución de la moto 2015. Una moto que ha cambiado totalmente, con un motor de 500 rpm menos por cambios en el reglamento, pero que ya estaba rodando con más rendimiento y mejores tiempos que la 2014.

Habrá que esperar a la apasionante próxima temporada, que se presenta muy emocionante y que con seguridad nadie dejará perder un milí­metro para que KTM vuelva a recuperar el honor de la corona mundial.

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