KTM RC 125: ‘Forever Young’
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KTM RC 125: ‘Forever Young’

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La marca de Mattighofen ha puesto la directa y toda su experiencia deportiva sobre su nueva línea de productos de pequeña cilindrada.

Para contentar a un público que estaba huérfano de opciones deportivas, presenta un modelo extraor­dinario de 125 cc 4T derivado de su hermana mayor RC 390 de inminente presentación.

Los argumentos que ofrece para convencer al usuario son muchos. El primero y muy importante es toda la experiencia deportiva de la marca. Le siguen un estilo moderno, alta calidad de componentes, buena ergonomía, chasis de moto, poco mantenimiento, un motor de grata respuesta, multitud de accesorios deportivos y ABS de serie.

El monocilíndrico 4T –LC, 4V, DOHC, IE Bosch– desarrolla 11 kW (15 CV), el máximo permitido para conductores poseedores del carné A1 y con espaciados intervalos de mantenimiento, que habrá que realizar cada 7.500 km.

El bastidor es el mismo que utiliza el modelo superior, la RC 390, que garantiza rigidez y estabilidad. Es un multitubular de acero tipo Trellis con basculante de fundición de aluminio, horquilla invertida WP con barras de 43 mm y un amortiguador también WP directamente anclado al chasis. Si lo comparamos con el que usa la Duke 125, es 1,5º grados más cerrado de dirección, más cercano al suelo y tiene menos recorrido de suspensiones (88 mm). Otras diferencias respecto a la Duke son el carenado completo, nuevas estriberas y el clip-on del manillar.

El equipo de frenada es interesante, con un disco delantero de 300 mm con una pinza de 4 pistones.

Uno de los motivos que convierten este modelo en referencia son detalles extraordinarios. Los intermi­tentes están integrados en los retrovisores, sin que sean perceptibles excepto cuando se iluminan. Las luces led protagonizan el colín trasero y el pico de­lantero. El led trasero está integrado en las formas propias del colín para no perturbar la puras líneas de la carrocería. El led delantero puede funcionar inde­pendientemente de la luz general de la moto. Otro detalle destacable es el color naranja, fetiche de la marca, de los radios de las ruedas. La trasera es de 150 mm de sección, la más ancha de su categoría.

Se ha trabajado la ergonomía con especial detalle, tanto en el asiento del conductor –a 820 mm– como el del pasajero para que se pueda conducir con eficacia y comodidad y, muy importante, sin perder las formas angulosas del colín; el asiento del acompa­ñante no parece que sea un asiento, aunque cuan­do lo tocas, tiene una textura esponjosa y suave. El soporte de la placa de matrícula también está muy logrado.

El depósito de 10 litros está camuflado en el inte­rior de las formas de la carrocería delantera, y frente a él resalta un cuadro de instrumentos totalmente di­gital, donde destacan elementos como avisador de régimen máximo, marcha engranada, nivel de com­bustible, velocidad y cuentarrevoluciones racing. Cabe destacar el ABS de serie, desconectable en conducción deportiva. Si las anteriores razones no son suficientes para convenceros de que la RC 125 es una moto superior, la extensa lista de accesorios opcionales y kits lo corrobora.

Si quieres viajar, KTM ofrece una práctica male­ta blanda, un soporte para GPS y un protector de depósito, entre otras. Pero hay más, como el pack Style, con gráficos más atractivos, un soporte de matrícula más corto, asiento más ergonómico y piezas mecanizadas. Y no podía faltar el pack Race con el que preparas la moto para el circuito: asiento monoplaza, cúpula más envolvente, estriberas re­gulables y silencioso Akrapovic homologado, que aumenta la respuesta en aceleración…

Recuerdo con nostalgia mi adolescencia. Recuer­do la poca disponibilidad de motos decentes a los 16 años. Los más afortunados podían acceder a modelos como Montesa Crono, Bultaco Streaker o Derbi 1001… El resto sólo tenía acceso a prepara­ciones caseras de vespinos o mobiletes trucados.

Llegué a Linz, ciudad austríaca regada por el Danu­bio, preparado para montar en una moto que me ha­cía odiar mi adolescencia. Pero gracias a la RC ima­giné tener otra vez 16 años, cambié mentalmente mi Streaker destartalada, y volví a pensar en los malditos y odiosos afortunados adolescentes de hoy en día.

Testosterona sin acné

Los amigos y staff de KTM tenían preparada una jornada de toma de contacto con dos actividades distintas. Una ruta de unos 70 km de carretera y dos horas en un circuito de pruebas de conduc­ción. Sin ningún esfuerzo, me puse en el papel de adolescente, aunque más responsable que en mi época pasada, e inicié el recorrido tras los pasos del guía y el grupo de probadores. Sorprendentemente el pequeño y escaso motor no parecía tan escaso. Está claro que ponerse en el papel de un principian­te es difícil, pero tuve que hacer ese ejercicio para valorar su rendimiento con la máxima objetividad. La aceleración era la que era, pero la fluidez del motor y sobre todo la manejabilidad de la moto empezaron a hacer brotar sensaciones atractivas y de velocidad. El tiempo anunciaba inminente lluvia, pero el asfalto de las primeras curvas estaba seco. No pasó ni un kilómetro en que el grupo se convirtió en un juego de rebufos y adelantamientos tipo Moto3. La delgada línea roja se convertía curva a curva en un abanico de RC entrando a una velocidad por curva que no recordaba desde mi última y reciente experiencia sobre una Moto3 de circuito.

La RC no requiere ningún esfuerzo ni para girar, ni para inclinar, ni para frenar. A partir de la cuarta velocidad acelera con alegría, y mantener esa iner­cia entre las tres últimas marchas te convierte en invencible.

A través de las viseras de mis interlocutores sólo apreciaba sonrisas, hasta que apareció la temible lluvia. Seguí adelante rodando fino, sin casi disminuir el ritmo, excepto en las frenadas y las curvas más ce­rradas de más inclinación. La RC permanecía entera, solvente, y podía abrir el gas con la misma intensi­dad que en seco. Tener sólo 15 CV a veces es una gran ventaja. Sí que es verdad que los neumáticos dejaban que desear, ya que el agarre en mojado era escaso, aspecto que habrá que mejorar en un futuro. Es más, me comentaron los amigos de KTM que en las próximas producciones saldrán equipadas con unos neumáticos con mejor rendimiento. La produc­ción de esta moto se realiza en India –con control de calidad austríaco–, y éste es uno de los motivos por los que vienen ensambladas con estos neumáticos.

Llegué al circuito, que estaba bañado, y desistí de rodar, por una razón de seguridad, ya que los neumá­ticos no eran los más adecuados.

Después de una suculenta comida austríaca, regre­samos por otro camino hasta el punto de origen de la ruta-test. El asfalto permanecía húmedo pero sin apenas lluvia. Me sorprendió la confianza que tuve du­rante todo el recorrido, incluso con el hándicap de las gomas. Tenía una buena posición sobre la moto, gran movilidad. Incluso los colegas más altos se sentían de la misma manera.

Llegué al hotel todavía dentro del papel de adoles­cente, que me costó dejar atrás, me lo pasé pipa. Acto seguido me imaginé esta moto en un circuito pequeñi­to, con toda la preparación existente, y os aseguro que me entraron unas ganas locas de volver a probarla.

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