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KTM 690 SMC R. Arráncala con nosotros y descubre tu lado oscuro

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Hoy estamos de celebración, todavía tengo carnet de conducir, y creo que con todos sus puntos. Y acabar así, ileso, después de probar la SMC R se puede considerar un éxito. Y lo digo con conocimiento de causa: en casa tenemos a su madre, la LC4 625, de quien hereda todos sus atributos pero elevados a la enésima potencia.

Desde su concepción, este tipo de moto ha sido creado para sacar lo peor de ti mismo, o lo mejor, dependiendo de cómo se mire. Se trata de una moto con la que te pasarás al lado oscuro casi sin querer, porque te va poseyendo poco a poco. La miras y no te seduce como podría hacer otro modelo. Pero te fijas en los detalles y te va cautivando. Unas sugerentes pletinas anodizadas, una horquilla WP, sus preciosas llantas… Y así sigues hasta que te subes a su grupa, disfrutando de cada detalle, como la pequeña bomba del freno delantero Magura. Aunque más significativa es la ubicación del contacto, directo a la pipa de dirección en lugar de cerca del cuadro de instrumentos. ¿Dónde está el tapón del depósito de gasolina? ¿Y el propio depósito? Pues en la parte trasera, justo donde finaliza el asiento, un asiento cuyo otro extremo se prolonga hasta casi el manillar al más puro estilo supermotard u off-road. ¿Y los estribos para el pasajero? No lleva, esta moto se disfruta solo…

Una vez sobre ella, la altura del asiento de esta supermotard nos recuerda sus orígenes off-road, pues dejaremos descansando nuestras posaderas a 890 mm del suelo. Los usuarios por debajo de 1,75 metros de altura tendrán que descolgarse un poco del asiento para hacer pie con solvencia en parado. La posición de conducción es cómoda, con el cuerpo adelantado, las manos asidas a un amplio manillar firmado por Renthal para KTM y las piernas recogidas pero sin estrecheces. Los mandos están a mano, pero en este sentido el equipamiento resulta algo parco, como no podría ser de otra manera en una supermotard. El cuadro de instrumentos es el típico de la 690, que combina un tacómetro analógico con una pantalla digital donde informa de la velocidad, temperatura del motor y kilómetros recorridos, entre otros. Se echa en falta el indicador de velocidad insertada, por el tipo de moto que es, y el del nivel del depósito de combustible; en su defecto cuenta con un chivato de reserva y el indicador de kilómetros recorridos en reserva, para no quedarse seco.

Corazón monocilíndrico
Giramos la llave de contacto y pulsamos el botón de arranque. El bramar del monocilíndrico es una declaración de intenciones. No estamos ante un mono más, no, es el mono con mayúsculas, con sus 690 cc y 67 CV de potencia, casi uno más medido en nuestro banco. Sí, sí: casi 70 caballos para tan sólo 140 kilos de peso. Porque aquí está parte de la clave de su éxito, la otra está en sus componentes. Las dos juntas forman un cóctel explosivo que te acabará envenenando. Después de subirte a su grupa, poner primera y salir, nada volverá a ser lo mismo. El propulsor sube de vueltas con una alegría y fuerza inusitada. Porque este KTM tiene un punch demoledor. Al principio te lo tomas con calma, pero al cabo de un rato resulta imposible resistirse a la tentación de acelerar en primera y que la rueda de delante pierda el contacto con el suelo. Así, sin más, como el que no quiere la cosa: abres gas y todo cambia; estás descubriendo tu lado oscuro, aquel que dormía y la SMC R ha despertado. Porque el caballito involuntario es el preludio de toda una serie de gamberradas, esta vez ya hechas a conciencia. El lado oscuro te ha poseído.

La 690 SMC R está bien armada. Delante cuenta con una horquilla invertida WP con barras de 48 mm y 250 mm de recorrido, mientras que detrás el monoamortiguador va anclado con bieletas, detalle que le va a otorgar una mayor progresividad. Con tal artillería, lo primero que hicimos fue dejarla un poco a nuestro gusto: un par de clicks por aquí, un par de clips por allí para poder exprimir parte de su potencial. Además, para poder afinar al máximo, es regulable en compresión de alta y baja velocidad por separado.

De la frenada se encarga un soberbio disco delantero de 320 mm mordido por una pinza Brembo de cuatro pistones, con cuatro pastillas individuales, y detrás otro disco de 240 mm de un solo pistón. El tacto y la potencia son excelentes y resultan determinantes para disfrutar sin límites. Igual alguien piensa que un solo disco delante no es suficiente, pero os podemos asegurar que no echaréis en falta a su hermano gemelo. En las ruedas encontramos un guiño de KTM, ya que se trata de llantas con radios convencionales pero tubeless, sin cámara, donde calza los Continental SportAttack SM. Además, su ligereza será un aliado más para no tener que luchar contra más peso no suspendido del que toca.

Embrague antibloqueo
Si la parte ciclo es el cuerpo y esqueleto, el motor es el corazón que le da vida. Pero no se trata del 690 de última generación como el que monta la Duke, sino que la SMC R está impulsada por su predecesor. ¿Qué diferencia hay? La más apreciable es la respuesta al acelerador. Las insinuaciones al puño del gas tienen una respuesta inmediata, abrupta y potente, realmente excitante, pero no apta para usuarios noveles. De la misma manera monta un embrague antibloqueo para que la rueda no nos rebote cuando realicemos reducciones fuertes. Y también cuenta con un esmerado eje de balance para minimizar las vibraciones, pero a alto régimen es como una misión imposible porque esta supermotard vibra.

Por la ciudad nos moveremos como pez en el agua. Se trata de un modelo maniobrable y ligero, aunque la altura del asiento (890 milímetros) se deja notar cuando paramos en los semáforos. Y es que en algo se tenían que dejar notar los 250 milímetros de recorrido de las suspensiones. Podremos pasar entre los coches como si lleváramos un scooter ligero y el manillar pasa por encima de los retrovisores de la mayoría de los coches. Pero no nos podemos despistar porque Darth Vader vuelve a entrar en escena para llevarnos al lado oscuro de la fuerza. Asidos al manillar Renthal, y especialmente tras contemplar las robustas pletinas anodizadas en naranja -toda una declaración de intenciones-, resulta casi imposible resistirse a todo lo que nos ofrece una moto de 67 CV y 140 kilos de peso. Lo mejor será que lleguemos sin más demora al trabajo o que abandonemos el tráfico urbano para desafiar a la ley de la gravedad por cualquier carretera, y contra más virada, mejor. Será aquí donde la SMC R no tenga límites, de hecho casi te puede sacar los colores porque los límites prácticamente están en tu cabeza. Los Conti van de cine, mejor de lo que muchos podíamos pensar. Y la parte ciclo no se queja en ningún momento. Sólo en las rectas más allá de los límites legales y en la curvas de radio muy amplio y a alta velocidad, la SMC R puede flaquear. ¿Pero qué quieres con un aparato que pesa menos que un scooter y empuja como un demonio?

¿Circuito? Por qué no
No te cansarás de subir y bajar las carreteras y puertos de montaña de tu zona sacando los colores a las RR de turno. Y si quieres exprimirla al máximo pero con mayor seguridad, vete a un circuito. Con esta misma moto Francesc Cucharrera, Cucha, nos dio una clases magistrales de supermotard en su momento y, a pesar de tratarse de un modelo matriculable y todouso, la SMC R se defiende como una jabata en trazados cerrados. Puede que no sea tan ligera ni viva como la 450 SMR, pero no le hace falta, ya que su hermana es una supermotard de circuito pura y dura. Bien puesta a punto, la SMC R nos transportará a un nuevo mundo de sensaciones, ya sea tu estilo de pierna sacada y adelantada o de descolgarte de la moto. El único pero es que más allá de los límites legales, esta supermotard vibra un poco, de manera que evita en lo posible los desplazamientos por vías rápidas como autopistas y autovías.

Tal vez te parezca que la SMC R es una moto muy radical, pero igual no lo es tanto o tiene más adeptos de lo que parece. KTM España vendió todas las SMC R y, si hubiera traído más, también las habría vendido porque les sorprendió la aceptación y demanda de la SMC R; y eso que no se trata de un modelo económico. Cada vez somos más los que hemos descubierto nuestro lado oscuro. ¿A qué estás esperando?

Cómo va en…
Ciudad
Está como pez en el agua. Cómoda y maniobrable, sólo envidiarás de un scooter la capacidad de carga. A la hora de parar en los semáforos puede resultar alta para hacer pie.

Carretera
Puro vicio. Cuantas más curvas, mejor. Muy ágil, con una excelente estabilidad y frenada. La pegada del motor monocilíndrico es brutal, eso sí, a partir de las 4.000 vueltas. No querrás bajarte de ella nunca, nunca. Es la razón de ser de esta SMC.

Autopista
Tómala sólo si no hay más remedio y a velocidades legales, porque a más velocidad empieza a vibrar un poco y la protección aerodinámica es escasa. No es su terreno ni lo pretende.

Solo +
Agilidad
Estabilidad en curvas
Prestaciones del motor
Frenada
Componentes

Solo –
Vibraciones a alto régimen
Altura asiento

Prueba publicada en el Solo Moto nº1888
Si quieres el número, puedes pedirlo a nuestro departamento de suscripciones

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