KTM 1290 Super Duke GT: A ritmo de Velociraptor
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KTM 1290 Super Duke GT: A ritmo de Velociraptor

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Viajar se puede viajar de muchas maneras, pero viajar en moto nunca ha sido la más práctica: no puedes llevar demasiado equipaje, estás expuesto a las inclemencias meteorológicas, es más cansado que ir en coche… Y un sinfín de aspectos que no impiden que para muchos de nosotros viajar en moto sea la forma más auténtica de viajar.

El sector de las gran turismo siempre ha tenido un público fiel y exi­gente que, con muchos kilómetros a sus espaldas, sabe lo que quiere y está dispuesto a pagarlo. En motos así importa más la comodidad que el peso, la seguridad que las prestaciones puras. Aunque, desde los noventa, han aparecido algunas desviadas, verdaderas cazarrécords como la Honda CBR1100XX Super Blackbird, la Suzuki GSX-1300R Hayabusa, la Kawasaki ZZR 1400 o la BMW K 1200 S.

Estos masto­dónticos modelos, tetracilíndricos todos, ofrecen bastante comodidad, mucha estabilidad y motores inacabables. No podemos olvidar modelos viajeros, menos radicales, como la Yamaha FJR 1300, la Honda ST 1300 Pan European o la BMW R 1200 RT, verdaderas GT tragakilómetros con las que viajar en moto es una experiencia premium (que diría un publicista) que no pone en peligro las buenas relaciones con tu pareja.

Pero la nueva Super Duke GT, aunque hereda ideas de este tipo de motos, encaja mejor en el sector de las sport-turismo como la Suzuki GSX-S 1000 F, la Honda VFR 1200 F, la Kawasaki Z1000SX o la BMW R 1200 RS. Motos algo más ligeras y bastante más ágiles, muy bien adaptadas a las autopistas y sorprendentemente efectivas en carretera. Y aquí, entre curvas, es donde la nueva Super Duke GT muestra un altísimo rendimiento que nos acerca a escribir el adjetivo imbatible. ¿Una exageración? Bueno… Imagínate una Super Duke pero más fácil de llevar.

Vuelta y vuelta

Confieso que he pecado, Señor. Creía que había madurado lo suficien­te como para no volver a hacerlo, como para realmente coger la moto para ir de un punto a otro, disfrutando, claro está, pero sin pasarse. Pero a lomos de la Super Duke GT no me pude resistir. O no quise…

Después de pasarnos la mañana buscando las mejores fotos con el compañero Santi Díaz, comimos algo en el pueblo al final de la carretera donde habíamos estado trabajando y, él con su coche y yo con la KTM, volvimos cada uno para su casa. Pero cuando estaba llegando al final de la carretera, el demonio de la perversidad se metió en mi cabeza y sugirió… “¿Y si desconectas el ABS en la rueda trasera y haces cuatro curvas a ver cómo va?”. El otro, el que va de blanco, se puso a esgrimir argumentos más que razonables: “Vas a llegar tarde… Ya estás al lado de la autovía y luego te tocará volver otra vez aquí…”.

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Total, que me detuve a un lado, navegué por la pantalla izquierda y pulsé el botón SET hasta ver aparecer el maravilloso ABS Supermoto. Luego, para meterme un poco más en el papel, empujé la pantalla derivabrisas y la bajé hasta su posición más deportiva. A las tres curvas admití que no serían cuatro, sino que llegaría hasta el cruce a mitad de la carretera; cuando llegué ahí había olvidado mi compromiso por completo… Un poquito antes me crucé con el coche de nuestro querido fotógrafo, que me hizo un gesto de sorpresa.

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Yo me estaba poniendo bien a gusto, así que preferí no cometer la temeridad de saludarlo. Estaba muy atento a las reacciones de la Super Duke GT, cuyas suspensiones semiactivas se adaptan en tiempo real a las imperfecciones de la carretera por un lado y a las peticiones de aceleración y freno del conductor por otro. La realidad es que, con este sistema de WP, la transmisión de pesos es más progresiva y aumenta la seguridad, pero mantienes el tacto porque la moto se sigue balancean­do hacia ambos trenes.

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Lo que sientes es que toda la parte ciclo absor­be las fuerzas que recibe la KTM cuando enroscas el gas o aprietas la maneta. Así resulta más sencillo mantener la trayectoria y te parece que pones en menos aprietos a los neumáticos. Lo mejor de todo es que el sistema no resta un ápice de agilidad a la Super Duke GT, cuyo amplio manillar y geometría nos ayuda a cambiarla de dirección con firmeza.

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El motor se nota tan potente como el de la Super Duke R; si en la GT hay algún CV menos, dudo que nadie lo note. Por potencia no será. Lo que sí se aprecia es una respuesta más fina a las peticiones del gas, por lo que resulta más fácil hilar cuando vamos tumbados. Este nivel de precisión ayuda a aplicar el gas justo enlazando curvas. Por cierto, que en tercera podrás hacerlo casi todo: es un placer sentir cómo recupe­ra desde las 4.000 rpm y lo que sientes en su zona alta no se puede escribir en horario infantil. Pero cuando tengas que engranar marchas, podrás hacerlo sin cortar gracias al cambio semiautomático.

Viaja más

Cuando la herramienta para viajar es capaz de cepillarse a cualquier erre con un esfuerzo mínimo, es normal que busques excusas para ir donde sea. Son muchos los cambios que incorpora la Super Duke GT para que puedas hacer kilómetros con co­modidad. El nuevo subchasis en aluminio está preparado para soportar habitualmente pasajero y carga. Las maletas integradas no resultan aparatosas y se descuelgan con suma facilidad.

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La cúpula, regulable manualmente, protege más que bien a velocidades de crucero altas. Lo que nos recuerda otro buen ingrediente del equipamiento de serie, el control de crucero, que se manipula desde la piña derecha; quizás el botón de activación/des­activación podría estar más lejos del de paro de motor.

El completo equipamiento de serie también incluye puños calefacta­bles y luces cuneteras led que trabajan con el sensor de inclinación de sistema MSC. La estudiada ergonomía de la SD-GT sitúa las estriberas más bajas que en la R y, además, permite ajustar el manillar en cuatro posiciones, las palancas de cambio y freno en tres, y las manetas con rosca. El generoso depósito de 23 litros no molesta en absoluto, todo lo contrario, sus formas se han aprovechado para proteger del viento al conductor. Ojo, que si te gusta darle al mango, el bicilíndrico de la GT tragará gasolina con sed de adolescente.

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Lo que no incluye de serie son las maletas, algo que encontramos razonable teniendo en cuenta lo ajustado del precio. Sin embargo, la­mentamos que haya desaparecido la práctica guantera cerca del cuadro de instrumentos que incorporaban las Adventure. Un caballete central tampoco estaría mal.

Más seguridad

La cantidad de electrónica que incorpora la Super Duke GT nos sitúa de lleno en el siglo XXI. Gracias a ella tenemos un importante plus en seguridad y pragmatismo. A destacar el ya conocido MSC con C-ABS, que aúna las virtudes del ABS sensible a la inclinación con las de la frenada combinada. Además de los modos de conducción, que gestio­nan la entrega de potencia y el funcionamiento de las suspensiones, tenemos el efectivo MTC, un control de tracción de última generación.

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A esto hay que añadir el MSR, que evita reducciones demasiado brus­cas y, conjuntamente con el embrague antirrebote, convierte el proceso de frenada en un divertido juego de niños. También tenemos detalles muy prácticos, como el sistema de control de presión de los neumáti­cos, el desconectador automático de intermitentes y la activación auto­mática de los frenos cuando paramos en una pendiente.

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En definitiva, una viajera con garra de velociraptor, una moto con la que viajar se convierte en un deporte de altos vuelos. Mírate bien los mapas porque siempre vas a querer cuatro curvas más.

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