Javier Orellana, un piloto entre copas
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Javier Orellana, un piloto entre copas

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Cuando no se dispone del presupuesto necesario como para poder pagar lo que los equipos piden para formar parte de una estructura en ocasiones de dudable solvencia, hay que tirar de copas. Una temporada en el europeo de Superstock 600 puede costar más de 50.000 €, en el Europeo de Moto2 (FIM Repsol) más de 100.000 €. Y en el mundial los números se disparan.

Así que para demostrar el talento la mejor alternativa es correr en copas de promoción como la European Junior Cup, que se disputa en ocho de las pruebas del mundial de Superbike y cuesta 22.000 € por temporada (viajes al margen) y la moto en propiedad.

Tiene la ventaja de que la igualdad mecánica es una buena escuela; luchas con pilotos con la misma moto, se descubren circuitos europeos y además el premio final es poder disputar gratis el Europeo de Superstock en uno de los equipos de Honda.

Javier Orellana, cuyo piloto favorito es Casey Stoner porque “va deprisa con la moto que sea, es tímido y no se mete con nadie”, es un piloto que ha tenido que pasar por varias copas de promoción.

Comenzó en la Rookies Cup cuando tenía solo once años. “Lo pase muy mal, me rompí la clavícula”, recuerda oliendo a cava tras bajarse del podio de Donington. Al año siguiente tomó parte en la edición de la EJC que se disputaba con KTM y acabó tercero. “Gané la carrera de Aragón, hice alguna pole, fue un buen año”. A la temporada siguiente volvió de nuevo la European Junior Cup en este caso con las Honda CB 500. “Un año desastroso, me tiraron dos veces y yo estaba muy descentrado. Estuve a punto de dejar las carreras porque pensé que para hacer el octavo me quedaba en casa”.

Pero volvió porque su padre, un gran tipo que trabaja lo que haga falta para que su hijo siga en esto de las carreras, pensó que Javier tenía que insistir. “Mi padre vio que entrenaba mucho y que me lo curraba, así que volví a la EJC donde hice una muy buena temporada, pero Augusto lo hizo todavía mejor”.

Augusto es su colega de Palma de Mallorca. Ambos compaginan los estudios con los entrenamientos en moto y gimnasio en el Centro de Tecnificación del Gobierno Balear y la Escuela Balear del Deporte. Estudian y entrenan. Entrenan y estudian. Y vivir en Mallorca, que puede parecer un inconveniente para crecer como piloto, para Javier “es una ventaja, tenemos muchos pilotos buenos. Entrenamos juntos”.

Tres de cuatro

Así que de nuevo está por Europa compitiendo contra treinta chavales con la misma moto, pero la gran diferencia es que este año ha ganado tres de las cuatro carreras celebradas. La última este fin de semana en Donington de forma arrolladora, de principio a fin. “Este año vine con la sensación de que sólo me valía ganar y voy por el camino”, dice en voz baja.

En la carrera de Donington, el también español Mika Pérez, que salía desde la pole y estaba entre los favoritos, no pudo evitar una caída en grupo. “No pensaba que me iba a escapar”, me explica Orellana. “No me he dado cuenta de la caída de la primera vuelta, la he visto luego en las pantallas. El francés Raymond ha tirado muy fuerte y cuando quedaban tres o cuatro vueltas he tirado a tope, marcado mi vuelta rápida y me he ido con un par de segundos”.

Ahora quedan tres pruebas de esta edición de la European Junior Cup, y si Orellana se la adjudica, podrá finalmente acceder a un equipo de Superstock 600 después de estar varios años entre copas.

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