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¡Eeehhh! ¡Mi retrovisor!

Un día cualquiera, de escapada motera, o de camino o vuelta del trabajo. Vas tranquilamente por tu carril, o no tan tranquilamente -eso ya es cosa de cada uno-, y de repente aparece un coche de frente.

No circulando tranquilamente por su lado, sino a una velocidad que no es capaz de controlar y, por lo tanto, acaba invadiendo tu carril y el coche arranca el retrovisor de la moto.

Una actuación que, en este caso, ‘solo’ le costará al motorista unos cuantos euros. Pero no porque el conductor del coche haya reaccionado lo más mínimo antes la presencia de la moto.

Es el motorista el que puede corregir ligeramente su trayectoria, lo suficiente para evitar acabar chafado por el turismo.

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