Indian Chief Dark Horse: Caballo negro
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Indian Chief Dark Horse: Caballo negro

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Parece que el color negro está de moda, pero no solamente como mera decoración de un depósito de combustible o de unas tapas laterales. Y es que el negro de esta Indian se extiende por todos y cada uno de sus rincones… Chasis, motor, llantas… Es el negro en su más pura expresión. Así es la Chief Dark Horse, una cruiser vestida de impecable negro para atraer las miradas de todo el mundo allá por donde pases. Por suerte, la moto de Ghost Rider no es sola­mente fachada o un escaparate para ser disfrutado estáticamente. Y es que la Dark Horse funciona, y muy bien, mucho mejor de lo que se podría esperar de una moto de… ¡357 kilos! en orden de marcha y de una longitud de más de dos metros y me­dio… El buen diseño de su parte ciclo, la calidad de sus componentes y el buen hacer de su motor bicilíndrico en V Thunder Stroke 111 de 74 CV son su secreto.

La Caballo Negro hereda el buen hacer de sus hermanas de gama, las Chief y Chieftain, a las que se le han unido recientemente la Scout y la Ro­admaster, pero se diferencia de las Chief en su decoración negro mate y por la configuración solo (monoplaza) de serie, que remarca su silueta baja y larga, long & low –opcionalmente se ofrece el asiento y los estribos del pasajero.

Vestida de riguroso negro mate, incluso las llan­tas de aleación que prácticamente quedan escon­didas por sus enormes guardabarros, resulta dis­creta, aunque con ella se vive la paradoja de que cuesta pasar desapercibido. La cabeza del indio en el guardabarros, icono de las motos Indian des­de 1947, resulta un sello de identidad que también polariza las miradas de los curiosos, a quienes no les ha pasado por alto el grafismo del depósito. No, no es una Harley-Davidson, ni una Kawasa­ki VN, ni una Moto Guzzi California Custom. Y lo deja patente su emblemático diseño y también su dinamismo.

Bien equipada
 

En un segmento dominado con tiranía por la fir­ma de Milwaukee, Indian propone unos argumen­tos propios para marcar la diferencia. De salida, la Dark Horse cuenta con un buen equipamiento de serie, por ser una custom, donde queda incluido el arranque sin llave (todo un lujo), el ABS y el con­trol de la velocidad crucero. Además, en el cuadro de instrumentos, de corte clásico, encontraremos información tan válida como la marcha insertada y un reloj horario. Lo que parece tan básico, a Harley-Davidson le costó años introducirlo en sus modelos.

La Dark Horse, al igual que la Chief Classic de la que nace, marca un punto y aparte con su compor­tamiento dinámico. En una cruiser jamás buscare­mos prestaciones, pero sí valores como la facilidad de conducción a pesar de su tonelaje, la buena respuesta del motor a bajo y medio régimen y el confort, además de la buena estabilidad y de una buena suspensión. Una cosa es que una cruiser no corra y la otra es que su dinamismo esté a la al­tura de su estética, que no siempre había pasado.

 

Como en su día ya probamos la Chief Classic, no nos sorprendieron las buenas maneras de la Dark Horse. A pesar de sus 357 kilos en orden de marcha, que se dice fácil, maniobraremos en parado con una relativa facilidad remando con las piernas, pues la altura del asiento es de apenas 660 milímetros. Aunque con toda moto de estas características siempre es recomen­dable aparcar dejándola encarada para salir.

El confort es una garantía. La posición de conducción que dibujan el asiento, el mani­llar y las plataformas reposapiés ofrecen una buena ergonomía. La posición resulta de lo más natural, con los brazos estirados hacia un amplio manillar que nos permitirá disponer de una buena palanca y conducir con precisión y seguridad. La elección de las plataformas, que no siempre son de nuestro agrado por su proxi­midad al suelo, es todo un acierto. A tal efecto Indian ya se ha encargado de dejar altura libre al suelo para poder inclinar en las curvas sin que roce nada más tumbar.

Suavidad ante todo
 

El funcionamiento del cambio y del embra­gue es suave, haciendo más agradable su conducción tanto en ciudad como en carre­tera. Parte del secreto de este buen compor­tamiento dinámico radica en el motor Thunder Stroke 111. Estamos ante un bicilíndrico en V a 40º de 1.811 cc (111 pulgadas cúbicas), capaz de ofrecer una potencia de 74 CV a 4.500 rpm, una cifra nada desdeñable por tratarse de una custom, y 138,9 Nm de par a 2.600 rpm. Con estas cifras, os podéis imagi­nar la excelente respuesta de la Dark Horse a bajo y medio régimen. Ofrece un punch que, llegado el momento, si lo necesitamos, lo va­mos a agradecer.

Que el motor nos cautivara desde la prime­ra pistonada tiene se debe en buena medida a que montara un escape más abierto que el original. Tal como nos sucedió con la Classic, solo cambiando el escape es otra moto. Pri­mero por el sonido, tan embriagador como el de Harley-Davison. Y segundo por cómo res­pira el propio propulsor. Por ciudad se mueve con soltura relativa. Su longitud, de 2.600 mm, nos cuarta a la hora de ‘ratonear’ entre coches pero su buen comporta­miento juega a nuestro favor haciendo más fácil de lo que parece moverse por el denso tráfico urbano con una moto de más de 350 kilos. Eso sí, en verano, como en cualquier otra moto, no­taréis el calor del motor de cerca.

En carretera es una delicia, estable en cual­quier situación y más ágil de lo que pueda parecer. La respuesta del motor nos permitirá disfrutar de la carretera sin estar pendientes del cambio. Rodando con ella redescubres el placer de conducir y disfrutar del paisaje, sin prisas pero sin pausas. La horquilla con barras de 46 milímetros aporta la rigidez suficiente al tren delantero para que transmita la sensación de que todo está bajo control. La Dark Horse cambia de dirección con decisión, no es la pera limonera en agilidad pero sí se mueve mejor que otros modelos de la competencia. Aquí jue­gan un papel decisivo sus llantas de 16, que calzan neumáticos Dunlop de 130/90 delante y 180/65 detrás.

ABS de serie
 

La frenada cuenta con un equipo de primer orden con discos de 300 mm y pinzas de cua­tro pistones mientras que detrás, detalle vital en una cruiser, monta otro disco de 300 mm con una pinza de dos pistones. El funciona­miento resulta progresivo y el disco trasero es muy aprovechable pues frena con decisión pero sin tender a bloquear. Además, la Dark Horse sale equipada de fábrica con ABS, bien calibrado, sobre todo en el tren trasero como hemos apuntado.

En vías rápidas, el control electrónico de la velocidad crucero será un aliado en los despla­zamientos largos, un gadget que no echas de menos hasta que un día lo pruebas y lo valoras realmente. Con los pies descansando en las plataformas, el trasero apoyado en un asien­to con un buen mullido y los brazos estirados en una posición natural, solo pedirías un poco más de protección aerodinámica si vas a picar de espuelas los 74 CV. Porque la Dark Horse corre, y mucho. Viendo como acelera y sube la aguja del velocímetro puedes olvidar que llevas una custom.

Si lo que quieres es seguir el camino de la personalización, Indian te brinda la oportunidad con un catálogo con más de 40 piezas entre las que encontrarás un manillar tipo cuelgamonos, el filtro del aire redondo, y el asiento y los estri­bos para el pasajero, entre otros.

Para dar la nota, para ser diferente, para sen­tirse como Ghost Rider, la Chief Dark Horse te irá como anillo al dedo. Funciona bien, es enorme, cómoda, está bien equipada y es dife­rente a todo lo que hay en el mercado. Con el “Caballo Negro” podrás salirte por la tangen­te, pero prepara los 23.650 euros que cuesta. Vale la pena.

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