"If you drink, you"re a bloody idiot"
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“If you drink, you”re a bloody idiot”

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Que las motos y el alcohol son una mala combinación resulta evidente, y por ello la Administración trata de impedir que motoristas y automovilistas tomen alcohol cuando van a conducir sus vehículos.

Los controles de alcoholemia, que día a día aumentan tanto en las zonas urbanas como interurbanas, están consiguiendo disminuir de forma considerable los accidentes provocados por la pérdida de capacidades que se sufre bajo los efectos del alcohol.

Según el Instituto Nacional de Toxicología, el número de análisis que han dado positivo por consumo de alcohol en conductores que perdieron la vida ha disminuido de forma considerable. En el año 2000 era del 36% y en 2004 fue del 28%. De los 1.349 cadáveres que se analizaron, 781 no habían ingerido alcohol o su tasa era menor del 0,03 g, mientras que los que sí superaban esta tasa fueron 487 casos: es decir el 36,1%.

No es nuestra intención aburriros con más cifras, sino que simplemente tratamos de transmitir el peligro que conlleva el tomar alcohol antes de conducir. Y para ello… ¿qué mejor que emborrachar a un colega y medir su capacidad para conducir después de tomarse unos chupitos de ron añejo venezolano? Vamos a ello.

Cronología de una borrachera anunciada

09.00
Desayuna dos tostadas con margarina, acompañadas de jamón. Para beber, un zumo de naranja y limón.

10.00
Llega al circuito del RACC en Avenida Pedralbes, de Barcelona. Está sereno.

10.30
Primera vuelta al circuito. Debe zigzaguear una línea de conos, hacer el trébol, pasar entre las planchas metálicas y los palos y frenar justo en medio de dos conos después de hacer una recta en segunda. La supera de forma impecable.

11.06
Primer test de alcoholemia. Como era de esperar, el resultado es de 0,00 mg/l. La prueba se realiza con la máquina integrada en el coche, cuyo resultado tiene valor evidencial, es decir, sirve como prueba en un juicio. El alcoholímetro de mano, por el contrario, sólo tiene valor discriminatorio, y por eso, cada vez que alguien da positivo con éste se le tiene que practicar después un segundo test.

11.10
Nuestro valiente probador se mete dos lingotazos de ron entre pecho y espalda. Si hiciera el test inmediatamente, daría “error”, pues no ha salivado lo suficiente y la concentración de alcohol en aire es enorme.

11.15
Escoda realiza otra vuelta al circuito. De nuevo, lo borda, pero esta vez lo hace un poco más rápido. Cuando se abre la visera del casco, asoma una sonrisa. “Me empiezo a notar un poco suelto”, nos dice. Y acto seguido empieza a hablar por los codos. “La desinhibición es uno de los síntomas”, comenta el agente. ¡Pues que ni pintado!

11.28
Los agentes proceden con el segundo test: 0,11 mg/l. Todo bien, pues se encuentra, de largo, dentro de lo legal. La medida legalmente válida es la que se da en sangre, pero como se trata de una prueba intrusiva para el individuo, ésta sólo se realiza cuando el afectado lo pide. Normalmente se practica la prueba de alcohol en aire y se convierte a la medida en sangre, justo el doble.

11.35
La tercera vuelta no le ocasiona problemas a “Crazy” Escoda. La hace con comodidad y a muy buen ritmo. Cuando acaba nos comenta que se ha sentido casi más seguro que en las anteriores vueltas. “Pero es que son los efectos del alcohol los que me aumentan la autoconfianza”, añade.

11.45
Ni nos imaginábamos hasta qué punto le aumentaría la autoconfianza. Cuando nos disponíamos a realizar la tercera prueba de alcoholemia, dos jóvenes y atractivas turistas japonesas pasan por nuestro lado de camino a alguna obra gaudiniana. Nuestro probador deja de lado la prueba y empieza a explicar “in english” a las dos chicas la coyuntura que le había llevado a estar bebiendo con los Mossos a las once de la mañana. Después de unas fotos y un trago de ron con las japonesas, conseguimos hacer soplar a Albert de nuevo. Da 0,19 mg/l en aire, o sea, 0,38 en sangre. Todo correcto.

11.55
Hartos de tanta corrección, le damos a Escoda una cerveza.

12.05
Albert se dispone a encarar el circuito por cuarta vez. Pasa la primera zona, y en el trébol se equivoca. Vuelve a empezar. Supera las cuatro primeras zonas, tocando un par de conos, y tocando las planchas. Llega a la recta, acelera y mete segunda pero se pasa, tanto de aceleración como de frenada, y se lleva por delante los conos y a punto está de comerse el coche patrulla.

12.15
Acto seguido, se le hace el cuarto y último test. Da 0,30 mg/l, lo que ya es punible por la ley. Ha pasado una hora desde que se bebió los dos chupitos de ron, y es en ese momento cuando el alcohol afecta más al individuo.

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