Hyosung GD 250 R: Take off
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Hyosung GD 250 R: Take off

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Paré en un claro fuera de la curva donde pretendíamos hacer una foto de acción interesante. Cuando el fotógrafo y yo estábamos discutiendo sobre los ángulos, la velocidad y el encuadre, un señor que había dejado su coche aparcado unos metros en el interior del aparcamiento se dirigió a mí mientras observaba la moto interesadamente. Me preguntó amablemente, qué moto tan bonita, ¿qué cilindrada tiene, 600, 1.000? Sorprendido le contesté, 250, y más sorprendido todavía me contestó con otra pregunta llena de incredulidad, ¿250? Esta pequeña anécdota demuestra el buen trabajo que Hyosung ha realizado para darle un estilo y carácter superdeportivo a una 250 cc de 4T repleta de sorpresas; una moto que sorprende por sus desafiantes formas, prestaciones y sobre todo su precio.

Hace mucho, mucho tiempo atrás, Hyosung entró en nuestro mercado suministrando motos a muy bajo precio y de una calidad discutible. El inconveniente no fueron las motos en sí, fue más el abismo que separaba un mundo de otro. Nuestro país estaba acostumbrado a material de primera y, aunque las Hyosung solucionaban las necesidades básicas de un pequeño segmento del mercado con un producto low cost, la diferencia tecnológica era demasiado alta.

El tiempo pasa y lo que fue blanco ahora es negro y al revés. Nuestro país y el mundo entero han dado muchos vuelcos en estos últimos años, la crisis, la globalización, la evolución tecnológica, etc., y por muchas razones las diferencias entre motocicletas de distintas marcas en cuanto a tecnología y precios ahora es mucho menor.

Mi primera toma de contacto con una Hyosung, hace ya más de una década, no fue demasiado satisfactoria y por tanto mis prejuicios seguían intactos. Cuando se me puso sobre la mesa la posibilidad de probar la GD 250 R, me invadieron recuerdos del pasado que me pusieron en guardia esperando algo parecido, pero inesperadamente me encontré con algo muy diferente.

Como al señor de la cuneta, al entrar en el garaje, lo que me sorprendió inmediatamente fue su impactante estética. Desde ese primer instante enseguida entendí que algo había cambiado en esa relación. Incrédulo me senté en la atractiva R y agarré el manillar para acoplarme y tantear el conjunto. Giré la llave de contacto y la luz del cuadro digital iluminó mi rostro. Con los ojos bien abiertos y las cejas arqueadas al máximo, chequeé todas sus funciones y había de todo; nivel de gasolina, indicador de marcha, temperatura, reloj horario, parciales, revoluciones, vaya, como cualquier moto avanzada que se precie. Impaciente, viendo todo aquello, puse el motor en marcha. Inmediatamente un sonido sordo y seco resonó con personalidad. Por un momento y durante todo el chequeo había olvidado que estaba sentado sobre una 250 4T y ese sonido real me hizo bajar de la nube.

Los primeros kilómetros sobre la GD 250 R estuvieron llenos de asombro constante. Se movía con muchísima soltura y con absoluta rigidez, el cambio funcionaba con finura, los mandos respondían sincronizadamente, en fin, que le hice un examen a conciencia para buscarle las cosquillas que momentáneamente no encontré. Todo iba sobre ruedas, y confiado del todo llegó el momento de apretar al plácido propulsor que hasta el momento me había impulsado con una energía admirable; la verdad es que esperaba bastante menos.

Íbamos de camino hacia algunos tramos de curvas apartados, pero para llegar a nuestro destino fue inevitable la autopista. Al salir de la ciudad preparé bien la mente para un soportable aburrimiento pensando que la velocidad de crucero sería ridícula, pero la estética deportiva de la moto hizo honor de nuevo a su rendimiento. Al llegar a la sexta, empecé a acelerar y buscar velocidad. Llegué a una cifra sorprendente que sobrepasaba con creces la máxima del catálogo y además llegaba hasta el tope una y otra vez en subida o en bajada sin muchos esfuerzos. De todos los motores 250 4T que he probado recientemente, me atrevo a decir en voz alta que el de la GD 250 R es uno de los que más empuje y aceleración ofrece.

Cerca de la meta

 

Finalmente llegamos a nuestro destino, varias secciones de curvas interesantes y asfalto confiado. Habíamos conducido unos 60 kilómetros alegremente, es decir, el motor estaba en su temperatura óptima. Empecé a llevar al límite las revoluciones, alrededor de la 10.000 rpm, y a cambiar de marchas deportivamente; ante estas condiciones y querer hacer cambios rápidos cortando el gas lo justo para engranar, los fallos de entrada de marchas fueron varios; ¿quizás soy yo que conduzco con demasiado ímpetu?, ¿quizás he bebido demasiado café? Me di cuenta de la causa en pocos minutos. Resultó ser que con el motor caliente la caída de revoluciones se volvía lenta, es decir, se quedaba como acelerado lo suficiente como para que la marcha no entrase. La solución fue engranar más despacio y con más margen en los intervalos. Esta diagnosis la obtuve con la moto parada y al ralentí: se quedaba acelerada más de la cuenta.

Durante la conducción, el chasis y la agilidad respondían con precisión a mis órdenes, me daba la sensación, sin exagerar, de conducir una moto de GP con retrovisores, pero ante tanta deportividad apareció un hándicap importante que no me dejó disfrutar de sus extensas posibilidades deportivas. Los neumáticos frenaron la mayoría de las expectativas que había puesto en su conducción, y es que la calidad de las gomas no está a la altura del resto de la moto y por tanto no se puede llegar al rendimiento óptimo de lo que el chasis ofrece. Qué lástima. Estoy más que seguro que la GD 250 R con unos neumáticos adecuados pasaría de ser una moto con posibilidades a ser una moto increíble. Otro detalle que mermó mis expectativas fue la homogeneidad y precisión del freno delantero. No es que no tenga potencia, pero su accionamiento es rudo y con poco feeling.

Continué mi andadura adaptándome a estas eventualidades y triste porque estas decisiones incomprensibles son suficientes para matar una moto que con otro calzado u otro equipo de frenada tendría un resultado global excelente. Aunque estos contratiempos frenaron mi ritmo, no dejé de pensar en el resto del conjunto e intenté seguir disfrutando de una buena conducción con un poco más de atención de la cuenta. Como sus virtudes permitían llevar una conducción fina y precisa, el margen de error disminuía. Después de una sesión de fotos interesante y algunos kilómetros disfrutando de la pequeña Hyosung, me di cuenta de que me había adaptado a una cilindrada poco habitual con un montón de posibilidades.

Cambiando las gomas originales por unas de mayor calidad y rendimiento, la GD 250 R estaría muy cerca o a la misma altura de muchas otras motos de otras marcas consagradas y populares que el mercado ofrece. Lo raro es que durante su producción y desarrollo nadie se haya dado cuenta de que una moto con tantas posibilidades pueda ser repudiada por equiparla de serie con unas gomas de poco agarre. Es verdad que es muy importante competir en costes, pero ¿tanta es la diferencia de una goma incorrecta a una goma aceptable? Estoy seguro de que con un coste de entre 50 o 100 euros más en su precio total, el resultado de aceptación del público y el mercado sería exponencialmente espectacular. De todas formas, animo a cualquier potencial motorista interesado en la GD 250 R a que no se venga atrás por estos comentarios, ya que le aseguro que si se la quiere comprar porque realmente le gusta, que no tenga miedo, vaya a su concesionario y la ordene con unos neumáticos de mayor rendimiento antes de estrenarla, quedará encantado.

Durante mi vuelta al garaje imaginé la misma moto rodando con una frenada mejorada, una desaceleración de la alimentación afinada y unas gomas decentes, pero desgraciadamente solo pasó en mi imaginación.

Es verdad que despegar, aunque sea una maniobra habitual sigue siendo compleja, y que Hyosung con su GD 250 R lo está consiguiendo a bajo coste –en promoción hasta el 30 junio por 3.199 euros–. Están muy cerca de viajar sin pequeñas turbulencias y si no te importan, volarás a gusto.

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