Connect with us
Publicidad
Himalayan Challenge Himalayan Challenge

Rutas

Himalayan Challenge: La cordillera más extrema

Publicado

el

Nada más pisar India nos dimos cuenta de que es un país complicado, con una pobreza y suciedad palpable en todos los rincones, y eso que nosotros lo hicimos en Chandigarh, una ciudad de poco más de un millón de habitantes en el Punjab, pero aun así es agobiante, caótica, y con un alto grado de contaminación que se extiende por todo el norte del país.

Queríamos salir de la rutina, conocer la realidad, y lo hicimos a lo bestia, nada más subirnos en las Himalayan. Eran las 6 de la tarde de nuestro segundo día en un país que te advierten que es difícil para conducir y que ni se te ocurra hacerlo de noche, pero decidimos salir hacia Shimla porque eran “solo” 120 km de una carretera, en teoría, buena. Nunca te creas lo que te dicen y el concepto de “buena” es muy relativo.

A los 30 km, la carretera nos la encontramos cortada “a medias”, lo que quiere decir que está hecha un asco por un derrumbamiento, pero la gente pasa sin más porque no hay ningún control que lo impida. Nos hicimos unos 90 km de carretera sin asfalto en más de la mitad y cuando había era roto o en muy mal estado. Encima se puso a llover, se hizo la noche, un barrizal, congestionada, y teníamos que conducir por la izquierda con vehículos de frente con las luces largas. Fruto de dicho caos, Edu se encontró de frente con un camión e instintivamente se fue a la derecha, mientras el atónito conductor demostró la pericia e improvisación de los conductores indios y evitó la tragedia. Pasamos por momentos de mucho estrés, en los que no veíamos nada y, como llegamos a las 22 horas a Shimla, estaba todo cerrado y no encontramos nada para comer, ni para dormir. Por fin dimos con un cuchitril a las afueras habitado por tres tíos que nos colocaron unos camastros en el comedor, por llamarlo así. Primera noche de India en su pureza.

De Shimla a Sarahan

La ruta para ir a Spiti Valley parte de Shimla y el primer día lo normal es dormir en Sharahan, para ello se toma la ruta 5, que como todas la carreteras principales en el noroeste de India están siempre congestionadas por un tráfico que hace difícil disfrutar de un viaje en moto, por ello resulta gratificante desviarse por lugares de los que no hay información, porque ni el turismo ni los habitantes de la zona se adentran en ellos, solo pertenece a las rudas gentes de las montañas. Hay que aventurarse por pistas en las que no hay letreros de ningún tipo, tan solo de vez en cuando un indicador con el nombre de un pueblo. Preguntar a los lugareños es la mejor manera de ir haciendo camino, perderse lo normal, pero siempre encuentras alguna salida.

En Narkand decidimos internarnos en las montañas por unas pistas construidas hace poco para unir aldeas aisladas, que después de varias horas de enduro nos llevaron de nuevo al asfalto en Duttnagard. Unos kilómetros de asfalto y en Rampur de nuevo por pistas hasta Sarahan. Nos llevó todo el día, cuando por carretera son unos 130 km en cuatro horas, pero es una aventura absolutamente recomendable, con la precaución del depósito lleno.

Spity Valley

El antiguo reino tibetano de Spiti conserva la pureza del budismo, ya que India no ha destruido la cultura y sigue intacto el territorio. Es un valle en altitudes por encima de los 3.500 m y está rodeado por impresionantes montañas de más de 6.000 m. Solo tiene dos entradas, una en el este de 4.000 m que pasa por el pueblo de Nako y otra por el oeste que es mucho más larga y peligrosa, ya que hay que franquear los puertos de Kunzum y Rohtang, que significa “montón de muertos” en tibetano, debido a la cantidad de gente que ha perdido la vida tratando de cruzarlo; en moto se tarda unas diez horas en superarlo.

Los accesos a Spiti están cerrados en invierno, ya que desde noviembre hasta junio la nieve lo impide. Si se pretende ir en los meses de verano, hay que tener en cuenta los atascos que se producen, ya que hay larguísimas filas de camiones que llevan suministro después del largo invierno y que hay un nú- mero limitado de entrada de vehículos. Nosotros fuimos en el mes de octubre, algo totalmente recomendable, ya que no hay tránsito y es una pasada poder exprimir la Himalayan por unos parajes de extraordinaria belleza con impresionantes vistas a glaciares y picos, a la vez que precaución por la estrechez de las pistas, los barrancos, las bajas temperaturas y la dificultad del terreno.

En Spiti no hay que limitarse a la carretera principal que une las dos entradas, lo mejor es hacer centro de operaciones en Kaza, el único lugar donde repostar, y de allí fuimos al más desconocido Pin Valley, una ruta de ida y vuelta espectacular hasta el remoto poblado de Mud. Al día siguiente hicimos una ruta circular que pasa por el monasterio de Key y los poblados de Kiber (a 4.300 msnm) y Komic, que con sus 4.587 m de altitud es el asentamiento humano situado más elevado del planeta. Este día nos encontramos con los participantes del Raid del Himalaya, que este año ganó Suresh Rana a bordo de un Suzuki Grand Vitara y no pudimos reprimirnos de seguirlos un rato “a saco”. Fueron cinco días de experiencias inolvidables sobre una moto.

Los peligros de Sach Pass

En la lista de carreteras peligrosas, una candidata al primer puesto es Sach Pass, un puerto de montaña que une el valle de Chamba con el valle de Pangi, que solo está abierto tres meses, ya que abre hacia finales de junio y cierra en la primera semana de octubre. Como llegamos la tercera semana de octubre, nos aconsejaron no ir, porque siempre hay una gran posibilidad de que se cierre en cualquier momento debido a la lluvia, los deslizamientos de tierra o la nieve, que puede caer desde finales de septiembre. Nos comentaron que si emprendíamos la marcha, estaríamos en “modo temerario” , ya que todas las Dhaba-walas (asistencias) se habrán ido. Si tienes una avería o te bloquea la nieve, nadie te va a ayudar y la temperatura por la noche caerá a un frío glacial.

Salimos muy temprano con un cielo despejado, conscientes de que podía empeorar en cualquier momento, pero el placer de circular en soledad por estas inmensas montañas supera con creces el temor a lo desconocido. Tardamos seis horas en cubrir los 160 km hasta Killar, una dura prueba para superar los 4.420 m del Sach Pass por una pista en muy mal estado, con una bajada con mucha pendiente, enormes piedras y un amenazador precipicio. Si tienes la suerte de que esté abierto, la circulación en esta época es nula y la sensación de aventura es inmensa, aunque hay que ser consciente de que se asume un gran riesgo.

El cañón del Chenab

Desde Killar hay una aislada vía que comunica el Himalchal Pradesh con el Kashmir. Hay otras rutas para ir a Jammu y Cachemira y nadie va por la terrorífica pista que sigue el cañón del río Chenab durante 120 km. Es un camino tallado en el lado de un acantilado, angosto, ventoso, sin protección y con vistas al valle en una caída vertical de cientos de metros. Nos encontramos rocas colgando, otras obstruyendo el paso, cascadas de agua y hasta un tajo en el camino que provocó la caída de Carlos Rubio; la rueda delantera quedó a escasos centímetros de un altísimo precipicio. Es un terreno peligroso y difícil, lo que significa que el área está aislada del turismo y tan solo la usan algunos escaladores, que la han apodado Almost Killer Road, para ir al campo base de Kishtwar Kailash, una montaña de 6.451 m. No encontramos ni un solo vehículo en los primeros 80 km y los habitantes de las montañas nos miraban con curiosidad.

El verano de 2016 se intensificó la tensión bélica entre India y Pakistán por el control del agua del río Indo, ya que India quiere construir una presa que disminuiría el caudal de la principal arteria hídrica de Pakistán, y esto llevó a la prohibición a los turistas de visitar el Kashmir. Y nosotros llegamos a un control militar en Kishtwar por el cañón del Chenab, un acceso ¡que no usa nadie! Encañonados nos obligaron a llevar las motos al interior del cuartel. Esta vez sí que teníamos miedo, hasta que nos recibió el coronel con mucha amabilidad y nos explicó que estábamos en una zona en guerra y que en Kishtwar había terroristas, por lo que un turista era presa codiciada y que debíamos abandonar la zona. Era tarde y buscamos un hotel en Kishtwar con bastante recelo, aunque por la noche salimos a cenar y encontramos gente muy amable y buena comida.

A salir de Kisthwar

Lo del terrorismo no era broma y nos lo confirmaron los del hotel, por lo que a las 7 de la mañana estábamos dispuestos a salir. ¡Pero la Himalayan negra no arranca! ¿Qué pasa? Visitamos hasta tres mecánicos arrastrando la moto con una cuerda entre la caótica circulación y durante cinco horas no hubo manera de saber qué pasaba.

Estábamos pasando mucha tensión, cargados de nervios y rodeados de gente cuando eran ya las dos de la tarde. Mientras esperábamos una pick-up para cargar la moto, un mecánico descubrió la avería: ¡había gasoil en el depósito! No podíamos creer que el gasolinero pusiera a dos motos gasolina y a la tercera gasoil. Por fin a las 4 de la tarde salimos de una ciudad de 200.000 habitantes aislada del turismo en una remota zona de Cachemira, pero que nosotros la recordaremos toda la vida.

Punjab y Rajasthan

Dejar las desiertas, limpias y frías montañas de aquella zona del Himalaya y llegar a las calurosas, polucionadas, sucias y congestionadas planicies del Punjab es un impacto emocional que te hace instantáneamente odiar aquel sitio, pero todo se pasa cuando llegas a Amritsar y visitas el famoso Templo Dorado de los Sikh, una magnífica obra por su valor religioso, artístico y cultural, inundado de gente amable vestida con llamativos colores y los famosos turbantes.

Rumbo a las ciudades más visitadas del Rajasthan nos integramos rápidamente en la forma de conducir de los indios. No hay normas, impera la ley de la selva, donde caben dos, caben tres y las vacas tienen preferencia. Para alguien como nosotros que nos gusta la agilidad de la moto y esquivar a los policías, esto es una maravilla, además hay que decir que saben conducir muy bien; eso sí, el mas grande tiene preferencia.

Vale la pena perderse en los salares que hay por la zona. Entras gas a fondo en línea recta, derrapando en círculos, lo que quieras, como esquiar en moto, genial. También visitar Jaisalmer, donde hicimos unos pinitos por la arena en el desierto de Thar. El mayor placer en Rajasthan fue disfrutar de la fascinante arquitectura en las principales ciudades, los palacios ancestrales de riquísimos marajás convertidos en modernos alojamientos, a los que no accedimos por la “pasta” y porque preferimos los hoteles más modestos en el meollo de la ciudad, donde pudimos recorrer esos mercados repletos de gente, tenderetes, comida callejera y monumentales atascos que le dan al viaje una dimensión aventurera.

Delhi, Agra y el Taj Mahal

Delhi es probablemente una de las ciudades más congestionadas y polucionadas del planeta. Conducir aquí es tentar al peligro cada segundo, hay que estar atento al 100 %, ninguna distracción y lo mejor es contratar a un tuc tuc para que te guíe al centro y comprender lo que significa vivir aquí, donde se encuentran lo más lujoso y lo paupérrimo.

Para ir a Agra decidimos ir por la carretera que atraviesa Faridabad, que es una enorme ciudad industrial unida al extremo de Delhi, donde vivimos el mayor atasco que hemos visto jamás, debido a las continuas obras que obligaban a desviarnos y pasar entre los infinitos tenderetes de los abigarrados suburbios.

Después de 100 agotadores kilómetros y ya cerrada noche paramos a descansar en Palwal. Pero de descanso nada, porque acabamos en una animada boda a la que nos autoinvitamos. Agra y su Taj Mahal es una maravilla, pero para salir de lo normal, nos fuimos a la ribera opuesta del río para hacer unas fotos con las motos y la silueta del monumento al fondo. Todo prohibido, pero decidimos “sobornar” a un policía con la ayuda de un chaval al que se unieron dos personajes más al olor del dinero y nos llevaron a una explanada donde hacer unas fotos que con la contaminación no se veía prácticamente nada. Habíamos quedado con el chaval en una cantidad que se multiplicó por diez al llegar allí y el asunto se puso muy feo cuando dijimos que nos íbamos. Salimos gas a fondo y más que asustados. Como extraño colofón a la aventura, cubrimos así los 230 km de vuelta a Delhi… ¡por la autopista!

Texto: Edu Cots / Carles Humet / Carlos Vives

Haz clic aquí para comentar

Publica un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Publicidad
Publicidad
Publicidad ¡Suscríbete a Solo Moto y llévate esta súper oferta!
Publicidad
Publicidad
Publicidad

Facebook

Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad

Solo Moto Nº: 2.038

Suscríbete y recíbela en casa por sólo 1,87€ al més o suscríbete para verla en formato digital.

Los + leídos