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Harley-Davidson Sportster Iron 883 / Forty-Eight

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Todos los fabricantes de motos tienen muy claro que para recoger, antes hay que sembrar. Y para sembrar, necesitan herramientas y buena semilla, como los modelos Sportster. En 2016, en Milwaukee han decidido dar más personalidad a dos de sus mo­delos base, la Iron y la Forty-Eight, ambos de la familia Dark Custom, dos modelos que, tras recibir varios reto­ques, os aseguro que para nada son la hermanita pobre de la gama Harley… Son realmente atractivas y muy personales, y paradas en un semáforo dan mucho jue­go. Aunque los puristas digan que las Sportster no son motos para “hombres duros”, os aseguro que este par me agradan mucho más que el resto de la gama.

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Y ¿qué es la familia Dark Custom? Es una sub­gama compuesta por seis modelos: Street 750, Sportster 883 Iron, Sportster Forty-Eight, Street Bob, Street Bob Special –novedad– y Fat Bob. Es una familia de modelos pensada para ser la más personal, la más customizable, la más espe­cial. Y su color negro no es porque sí. Es como una pizarra sobre la que pintar tu moto con la extensa gama de accesorios disponibles… Sí, en Harley-Davidson tienen un catálogo con 10.000 referencias… Tienes mucha pintura

Volviendo a las novedades que la marca presen­tó en Barcelona –por primera vez en su vida en esta ciudad–, pudimos probar, además de las dos anterior­mente mencionadas, la Softail Slim S y la Fat Boy S, dos modelos especiales de la nueva serie S –top de la gama–, y la Street Bob Special.

Vamos a repasar lo que vivimos con cada una de ellas.

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Softail Slim S y Fat Bob S
 


 

Estas son las motos más espectaculares de la presentación, las que todos los periodistas bus­caban para hacerse una foto con ellas, las dos componentes de la nueva serie S de producción limitada. Y es que las nuevas Slim S y Fat Boy S se fabricarán durante una temporada y luego desaparecerán de la gama. ¿Y qué las hace tan especiales? Principalmente porque adoptan el motor –siempre bicilíndrico en V45º– hasta aho­ra destinado a las CVO, un Screamin Eagle Twin Cam 110B, de 1.801 cc con un montón de CV y unos escapes que suenan de maravilla. Deriva­das de las respectivas Slim y Fat Boy, además del motor, adoptan detalles estéticos personales. En la Slim S destaca sobre todo la decoración de estilo militar en color verde oliva camuflaje, con logos militares a conjunto, una estrella de cinco puntas de los años 40.

Se le añade un filtro de aire circular decorado en negro –ovalado en la Slim–, un nuevo tapizado del asiento monopla­za y el color negro aplicado al motor, silenciosos de escape, horquilla y prácticamente el resto de los componentes mecánicos. Dotada de plata­formas, con la Slim S puedes inclinar poco, toca enseguida, por lo que es una cruiser para rectas. Acelera una pasada y su rugir de escape es de los buenos. No hay Harley de serie que tenga más potencia… Y su peso no es elevado –com­parado con otras cruiser como la Fat Boy–, por lo que es bastante fácil de llevar, aunque en cur­vas va mejor la Fat Boy. Si te la compras –22.800 euros–, serás la envidia…

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Y la Fat Boy S, otro tanto de lo mismo, en la que además de equipar el motor Screamin Eagle Twin Cam 110B, de 1.801 cc, incorpora nuevos silenciosos de escape y una tapa de filtro de aire rectangular redondeada, además de una rigu­rosa decoración en negro. El resto es idéntico. Respecto a una Fat Boy, acelera mucho más y su comportamiento dinámico no varía, salvo que tu cuerpo sufre más inercias cuando mueves el puño de gas hacia atrás… ¡Un gustazo! Esta Fat Boy S cuesta 25.000 euros… Se me olvidaba: en las dos S, el control cruise es de serie.

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Iron 883
 

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La renovación de la pequeña Sportster es real­mente acertado. Las nuevas llantas de aleación con detalles mecanizados en los nueve palos, el filtro de aire redondo con la tapa con un graba­do acanalado, los nuevos amortiguadores con muelles progresivos y válvula separadora del nitrógeno y el aceite, además de otros detalles –ver recuadro–, la convierten en una moto muy atractiva. Ahora también incorpora tacómetro di­gital con dígitos –en la pequeña pantalla LCD– y antirrobo electrónico –todas las Sportster–.

Teniendo como objetivo a los new comers de la marca y un uso 100 % urbano, es una moto ra­cional, estrecha, ligera y fácil de llevar, buena en ciudad. Esta fue la primera moto que probé bajo la lluvia –nos llovió a primera hora, solamente, por suerte– y es realmente asequible para todo tipo de público –el 83 % de los nuevos clientes de la marca compra las Sportster–. Los nuevos amortiguadores amortiguan –redundancia–, ab­sorben bien las tapas de alcantarilla y no son en absoluto secos. Toda una agradable sorpresa. El tacto general de confort de marcha es supe­rior a la anterior Iron, y estéticamente es más atractiva aún. Así que el modelo 2016 es todo un acierto.

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El resto de los componentes mecáni­cos no sufre variación, como el pequeño motor Evolution bicilíndrico en V 45º –883 cc, OHC, 4V, aire, inyección–, que rodando a 100 km/h no se siente cómodo, ya que aparecen vibraciones en el manillar que llegan a a ser molestas. Los mandos de los intermitentes, uno en cada puño, por pulsación, tampoco me acaban de conven­cer –el intermitente del puño de gas es difícil de accionar–. Y en ciudad el motor refrigerado por aire desprende mucho calor, por supuesto.

Aprovechando el día de lluvia, probamos el nuevo ABS –de serie en todas las Sportster– y tiene buen tacto y potencia, además de ser bastante intrusivo. A la mínima entra en funcio­namiento.

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Street Bob Special
 

Otra novedad más englobada dentro de la fa­milia Dyna es la Street Bob Special, una moto que es una variante de la Street Bob actual. Si el manillar cuelgamonos es una de las caracterís­ticas de la Street Bob, que le da esa apariencia de custom radical, la nueva versión Special la convierte en una muscle bike. Y es que equipa un manillar Drag, unas nuevas llantas de alea­ción –de radios en la Street Bob– y un nuevo filtro de aire que la convierten estéticamente en otra moto. El resto de parte ciclo y motor en V45º –Twin Cam 103 de 1.690 cc, OHV, 4V, aire, inyección- no sufre cambios.

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En marcha su comportamiento dinámico es bueno, estable y bastante confortable, incluso sorprendente en carretera de curvas, a pesar de rodar con estribos adelantados. Me gusta más que la Street Bob, aunque no estaría de más una Special con los mismos estribos que esta, más atrasados. Debido a que es una custom normal, que no destaca por nada especial, fue una de las motos que pasaron más desapercibidas en­tre los periodistas y los curiosos que desfilaron ante el lujoso hotel Meliá Sky, el lugar escogido para la presentación. Le falta algo de gancho pese a ser una gran moto.

El universo Harley es muy especial. Sobre sus motos vives una atmósfera muy diferente; no im­portan la deportividad, la potencia o que sea un vehículo práctico… Llevar una Harley en ciudad es marcar territorio, es definir una manera de ser, es dar a entender que eres diferente, no necesariamente cool, hypster o heavy. Y ello lo reflejas también en tu Harley, en los accesorios que le hayas colocado, en tu indumentaria…

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Si vienes del mundo de la moto y te subes a una Harley, realmente entiendes que es otro ro­llo, hay otra manera de vivir las dos ruedas. Y es que rodando sobre la Forty-Eight o la Slim S me sentí como un malo malote pero de buena pasta, ya me entendéis, me sentí diferente, centro de atención en cada semáforo…

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