Harley-Davidson Sportster 883 Iron: Redescubre tu lado oscuro
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Harley-Davidson Sportster 883 Iron: Redescubre tu lado oscuro

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Hasta la aparición de la Street, la Sportster suponía el modelo de acceso al universo Harley-Davidson con la 883 Iron de punta de lanza, y en cierto modo todavía lo sigue siendo. No en vano fue la custom más vendida el año pasado en España y, por ende, el modelo de más aceptación de la Motor Company en nuestro país. Además, fue una de las motos protagonistas en la presentación internacional de las novedades para esta temporada que Harley-Davidson realizó en Barcelona el pasado otoño. Pues ya la tenemos en nuestras manos y hemos podido confirmar las buenas sensaciones que nos dio en aquella primera toma de contacto. Sigue leyendo.

Harley-Davidson, fiel a su tradición, no se ha complicado la vida para dar brillo a una de sus gallinas de los huevos de oro. Una estética más atrevida haciendo gala de su lado más oscuro, más dark custom; un nuevo asiento más mullido y la suspensión trasera ajustable en precarga son las aportaciones de esta Iron. El color negro gana protagonismo en elementos como el motor y la horquilla, y relega los cromados a los ar­chivos históricos de Milwaukee. También destacan las llantas con nueve radios y la configuración solo (monoplaza) de serie.

Decir que el que escribe es el propietario de una Sportster 883 de 2002 transformada a café racer os puede poner en antecedentes del conocimiento intrínseco de la protagonista de esta prueba. Mirarla, y no cansarte de mirarla, forma parte del encanto de una Harley-Davidson. Después, una vez la ponemos en marcha, el palpitar del bicilíndrico hace el resto. Recuerdo hace muchos años que un día Curro Bultó, director de nuestras revistas hermanas Solo Nieve y Solo Skimo e hijo de Don Paco Bultó, cogió mi Sportster para hacer un recado. A su regreso, mi excompañero de equipo en la Fun&Endurance fue claro y conciso: “Tie­ne algo, no me preguntes qué, pero tiene algo”. Palabra de Bultó. Pues así es la Iron, tiene ese algo que no deja indiferente una vez la pruebas.

La Iron, como todas las Harley-Davidson, tiene un fuerte componente emocional. Son motos que en el momento de la compra, y el resto de tu vida con ella, prevalece la pasión por encima de la razón. ¿No? Fíjate bien es la fotos de la Iron. Si lo tuyo son las motos con un valor añadido y el resto más generalistas (trail, naked, deportivas…) no te convencen, seguro que te habrás fijado en una Iron. Sí, es una custom pero lejos del estereotipo de los cromados. El negro mate domina el conjunto junto, incluso en los escapes, al tono elegido del depósito y guardabarros, y unido a detalles como las llantas se encargan de hacerle destilar una imagen muy fresh.

Si la estética te atrae, el pot, pot, pot del bicilíndrico al tomar vida te acabará de convencer. Es lo que tienen las Harley-Davidson y la melodía de seducción que emite su escape, mejor si es un Screamin’ Eagle, o similar, algo más follonero. En el caso de la Iron no tuvimos que poner ni girar ninguna llave en el contacto. Basta con llevar el mando en el bolsillo y dar al botón de arranque para que se ponga en marcha. Además de más cómodo, con este sistema te evitas dejarla algún día con el contacto en la posición de las luces de avería y posiblemente quedarte sin batería.

A su grupa y en parado no dirías que pesa 256 kilos en orden de marcha. Un centro de gravedad bajo y también una altura del asiento de apenas 775 milímetros la hacen manejable, siempre ayudados por las piernas para remar aunque al principio tendrás que vigilar con tus espinillas, pues tienden a tocar con los estribos al maniobrar. La Iron es una moto cómoda, más todavía con el nuevo asiento y un mayor mu­llido. Vamos asidos a un manillar ancho y nuestros pies descansan en unos estribos que nos hacen dibujar la típica posición de Sportster. El embrague no es de mantequilla, pero casi. Aunque al poner la primera el cloc es inevitable, a pesar de que el cambio, de cinco de marchas, funciona con suavidad.

A través de los retrovisores controla­mos todo lo que sucede por detrás. Las pequeñas vibraciones (qué quieres, es parte del rollo Harley) no se perciben ni en los retros ni en los puños. La bondad del motor queda patente desde el primer momento con unos excelentes bajos. La Iron empuja casi desde el ralentí. La Motor Company declara un par de 70 Nm y la poten­cia os la decimos nosotros, ya que Harley-Davidson rara vez habla en estos términos. La Iron cuenta con 52 CV muy apro­vechables.

Como ya habréis adivinado a estas alturas, la facilidad de conducción es parte de su éxito. Tanto la posición de conducción como la respuesta del motor y otros detalles como la frenada la convierten en una moto muy accesible en este sentido. El motor empuja bien a bajo y medio régimen, que es lo que nos hace falta para movernos con soltura por la ciudad.

Ante nosotros encontramos un cuadro de instrumentos formado por un velocímetro con una pequeña pantalla digital donde podemos consultar pulsando un botón desde la piña izquierda las rpm, la marcha insertada, la hora, así como el total de kilómetros y dos parciales. No hay indicador de nivel de gasolina, pero tampoco se le echa en falta, ya que en la prueba el consumo se situó alrededor de los 4,6 litros y si cuentas que el depósito es de 12,5 litros, tienes una autonomía decente.

Con la Iron serás el rey de la ciudad. Vas subido a una moto que no pasa indiferente y que hará de tus desplazamientos diarios todo un placer. La nueva suspensión trasera se nota, y mucho. No solo por el hecho de ser regulable en precarga sino por el tarado que trae de fábri­ca, pues le ayuda a absorber mejor los baches y no resulta tan seca (y molesta) como podía suceder en versiones anteriores. El ABS –ahora ya de serie– es como un as en la manga que podrás sacar si necesitas hacer una frenada de emergencia. Por cierto, la frenada también es loable. Eso sí, como toda custom, acuérdate de tirar bien del trasero y apoyarte en el delantero. A la hora de poner los intermitentes, la Motor Company deja su sello con pulsadores individuales, uno a cada lado.

Única
 

Por carretera, la Iron nos permitirá disfrutar de tranquilas excursiones. No es una deportiva, es una moto para disfrutar de la carretera y del paisaje al ritmo de pot, pot, pot. Le gusta ir con marchas largas y a bajas vueltas para que notes el palpitar de su bicilíndrico en V a 45 grados. Resulta tan fácil de llevar que puedes acabar animándote y entrar en las curvas más rápido (el chasis y la horquilla te lo permiten), pero deberás inclinar más y rápidamente los avisadores tocarán con el negro asfalto y te devolverán a la realidad. Aquí merecen una mención aparte el buen dinamismo de los Michelin Scorcher que monta de serie, impecables. Lástima que de serie llegue para disfrutarla tú solo, pues es monoplaza y el kit biplaza y la homologación cuesta unos 500 euros.

Con todo, la Iron se postula ya no solo como la llave de acceso al mundo Harley-Davidson, sino como una atractiva opción para moverte por las calles y más allá con estilo propio. Además no olvides que, como dice la Motor Company, difícilmente encontrarás dos Harley iguales, en referencia al amplio catálogo de accesorios para perso­nalizar sus motos. Y la Iron, que fuera de los primeros modelos en dar vida a la corriente Dark Custom, no es una excepción.

Barata, con un precio de 10.240 euros, no es poco, pero tendrás moto para muchos años. Y si te cansas, bastará con abrir el catálogo de acce­sorios de la marca o de firmas alternativas para estrenar moto. Los más exigentes igual reclamarán algún detalle más de serie, como las chicas unas manetas regulables, o los más atrevidos unos escapes recortados en lugar de los clásicos de la Sportster. Pero qué quieres si estás delante de una jovencita que nació en 1957. Ya les gustaría a muchas, y muchos, mantenerse tan en forma y atractivas camino de cumplir 60 años.

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