Harley-Davidson Project Livewire: Sorprendente
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Harley-Davidson Project Livewire: Sorprendente

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Es una Harley porque en el falso depósito hay un logo que así lo dice, pero si no, nadie se lo creería: es pequeña, deportiva, ¡no tiene cromados!, no hace pot-pam-pum al ralentí, ni el motor se mueve como un tigre enjaulado dentro del chasis. De hecho, no tiene ralentí… Luego, ¿es una auténtica Harley? Los responsables de la marca norteamericana reiteran que sí, que se trata de toda una Harley, simplemente que rompe esquemas, que es una moto que se adelanta a su tiempo, conceptual, ecológica y social, pero con mucha tecnología, personalidad y capacidad para divertir.

Harley-Davidson no va a lanzarse de cabeza a la piscina sin saber si en ella hay agua o no, y por eso la Livewire es, de momento, Project Livewire, y no un modelo que ya haya pasado a la fase de producción. Una movida de esta envergadura podría ser un estrepitoso fracaso si no se hacen bien las cosas, y lo que está haciendo de momento la marca de Milwaukee es recoger información, mucha información, tanto de los profesionales como de los usuarios, algo así como el proyecto Rushmore, que gracias a recopilar las opiniones de miles de moteros se pudieron realizar mejoras en la gama Tourer.

De momento y además de las muchísimas pruebas que ya ha realizado la marca, Harley está realizando un tour por cuatro países europeos (Reino Unido, Francia, Alemania y Holanda), entre mayo y agosto, para que tanto amateurs como profesionales prueben la Livewire y aporten su opinión e ideas.

Tan solo dos medios españoles fuimos invitados a la primera de estas presentaciones (en el Reino Unido y con la prensa británica), y la verdad es que resultó tan atípica como interesante, pues a pesar de que la insistente lluvia inglesa, que nos acompañó durante la breve prueba en las impresionantes instalaciones de Millbrook (una especie de Idiada, pero a lo bestia), nos fastidió y mucho, algunas cosas sí que quedaron meridianamente claras. Pero vayamos por partes.

Misterio

 

Cuando entras en las instalaciones de Millbrook (y como sucede en Idiada) parece que estés traspasando las verjas del Pentágono: un vehículo propio te recoge en la garita de vigilancia y, después de firmar un documento en el que afirmas, entre otras cosas, que no mataste a Manolete ni eres un yihadista disfrazado de hincha del Atleti, te prohíben sacar cualquier tipo de cámara fotográfica y te bloquean las del móvil con una pegatinas demasiado pegajosas (al arrancarlas a la salida se me llevaron parte de la funda).

El motivo de hacer las pruebas de la Livewire allí era tanto por la prohibición de hacer fotos como por la misma imposibilidad de rodar por carreteras abiertas con una moto aún no homologada: ninguna de ellas llevaba matrícula. Aun así, los excelentes acabados de la Harley daban la impresión de que está muy próxima a lo que es una moto de producción definitiva.

Todo este ambiente de misterio siguió al presentar la moto, ya que esperábamos alguna revelación más en lo referente a detalles técnicos, pero todavía hay mucho secretismo, sin duda porque es fácil que la Livewire varíe en algunos apartados hasta que salga definitivamente a la calle.

De momento, la que probamos tiene unos bellos chasis y basculante de aluminio (¡por primera vez en Harley!), lo que demuestra un claro interés en reducir el peso al mínimo. Se mantiene, eso sí, la práctica transmisión por correa.

Las suspensiones consisten en una horquilla invertida Showa tipo BPF multiajustable delante y un amortiguador anclado directamente al basculante –sin bieletas– detrás. Equipa unas bellas y ligeras llantas de aleación, calzando unos Michelin de 120/70 x 18” y 180/55 x 17”.

Toda la iluminación es por diodos led, por eso de minimizar el consumo de la batería, y la instrumentación es digital, con una pantalla TFT a color y de clara lectura, cuyo mensaje de bienvenida nos dará a escoger entre el modo Range, descafeinado y que promete una autonomía de unos 85 km, y el modo Sport, con toda la chicha disponible, pero que limita la diversión a unos justitos 47 km… Un tema a revisar, ya que hoy en día una autonomía inferior a los 100 km es poco o nada tolerable… y aquí empezaría el eterno debate sobre este tema. Cargar las baterías a tope requiere 3,5 horas.

Del motor sabemos que es inducción y de tres fases, realizado en bloque de aluminio y refrigerado por líquido, que ofrece la nada desdeñable potencia de 76 CV y un par de 7,1 kgm desde 0 rpm. En Harley dicen que su Livewire consigue una aceleración de 0-100 km/h en menos de 4 segundos, y eso es ser rápido.

Si la tarde anterior a nuestra llegada el tiempo era agradable, al día siguiente el típico tiempo inglés nos recibió con lluvia y frío. El breve recorrido que haríamos por las instalaciones de Millbrook (unos 20 minutos, porque éramos tres grupos y no nos podíamos quedar sin batería), por una estrecha, revirada, cambiante, pero especialmente muy, muy resbaladiza carretera de pruebas, no era lo ideal ni deseado para probar esta moto con tanto par y carente de control de tracción –y ABS– (por lo menos este prototipo).

Tras contarnos el protocolo de puesta en marcha, muy simple, salimos con notable suavidad bajo la lluvia, lo que demuestra un buen trabajo en la electrónica. Encima de la Livewire aún la sientes más bajita y compacta de lo que parece en parado, pero sobre todo con la sensación de que estás conduciendo una moto de verdad y no un apaño con motor de lavadora, como he sentido con otras motos eléctricas.

El tacto del acelerador es muy progresivo, pero si abres el gas de golpe, todo el par entra sin pensárselo dos veces y la rueda trasera llega a deslizar, máxime si está en las condiciones que nos encontramos. La patada en el trasero es notable, y la Livewire avanza como empujada por una fuerza invisible, mientras el motor eléctrico silba con un sonido que, según Harley, se ha buscado para que tenga personalidad propia.

La horquilla transmite buen tacto, aunque la parte trasera no nos gustó tanto, siempre teniendo en cuenta las difíciles condiciones de la prueba. Parecía rebotona y que transmitía poco, pero cuando la probemos en seco y con buen asfalto sacaremos conclusiones más definitivas.

La moto no es ligera pero parece moverse bien. No nos atrevimos a inclinar, porque aquello tenía toda la pinta de acabar mal: la carretera parecía estar enjabonada. El freno delantero tiene buen tacto y suficiente potencia, pero tras una buena aceleración toqué el freno trasero y la Livewire me obsequió con una serie de derrapes y bandazos que me obligaron a soltar el pedal. Otro tema a pulir.

¿El futuro?

 

Aún no está claro si el futuro será de las motos eléctricas, con motor de combustión por gasolina, o bien por algún otro sistema. Está claro que los motores eléctricos tienen un montón de ventajas (simplicidad mecánica, bajo mantenimiento, par motor, cero emisiones, etc.), pero la asignatura pendiente es el tema de autonomía y la recarga.

Harley no quiere lanzarse al ruedo sin saber perfectamente qué toro tiene que torear, de ahí que todavía esté recabando mucha información, pero esta Livewire es toda una moto y tiene la personalidad que se espera de la marca de Milwaukee.

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