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Comparativos

Harley-Davidson FLS Softail Slim vs Victory Hammer 8 Ball, un mismo concepto, una diferente concepción

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Fieles las dos al estilo dark custom, en el que predomina el color negro combinado con la discreción en los cromados y en las fibras, la Softail Slim y la Hammer 8 Ball ocupan un lugar muy diferente en este segmento de las cruiser.

Las dos son cruiser, está claro, si bien la Harley tiende hacia lo bobber y la Victory se inclina más por lo muscle bike. La Slim es clasicismo años cincuenta, sin desvincularse nunca de la aclamada filosofía Harley-Davidson, y la Hammer 8 Ball es modernidad y carácter deportivo. Y es que la filosofía de Victory va por otros derroteros, según nos dicen desde la compañía: Victory tiende más hacia lo que ofrecen marcas como Triumph, por ejemplo, donde el diseño y el encanto se conjugan con unas buenas prestaciones del motor.

La ‘clásica’ ergonomía
Las cruiser son, en su mayoría, motos tranquilas, pensadas para disfrutar de una conducción sosegada. Y por eso la posición de conducción, también en la mayoría de los casos, está muy cuidada.

Así ha sucedido en las de este comparativo, puesto que ambas tratan muy bien al conductor -no tanto al pasajero, ya que la Harley es monoplaza de serie y el lugar del segundo de a bordo en la Victory es prácticamente testimonial-.

La Slim va un paso más allá, sobre todo por las formas y el mullido de su asiento.

La moto es muy ergonómica, pero su asiento lo es todavía más, ya que es de tipo silla de montar y el trasero encaja perfectamente. Luego, con el manillar relativamente cerca y las plataformas reposapiés, las extremidades circulan muy relajadas, en un posición nada forzada.

La Hammer 8 Ball ofrece un asiento diferente, de apariencia más deportiva, de menor mullido, aunque también trata con dulzura al conductor. No es tan ergonómico como el de su rival, pero en suma resulta bastante cómodo. La posición de conducción de la Victory también es diferente: los brazos van algo más abiertos y estirados, y lleva estriberas en lugar de plataformas, otro detalle que indica que estamos ante una muscle bike.

Resumiendo, las dos son unas custom muy indicadas para rutear a ritmo tranquilo, viendo pasar el paisaje y sintiendo el viento en la cara, que en definitiva es de lo que se trata.

Rápido y muy rápido
La configuración de la parte ciclo también es distinta en una y otra. Y buena parte de la culpa la encontramos en las ruedas, quizá el aspecto que más las separa. La Slim se llama así (‘delgado’) por la sección de su neumático trasero, que es incluso más estrecho que el delantero. Todo lo contrario sucede en la Hammer 8 Ball, que lleva un balón de 250 mm detrás. Y en ambas se nota. Luego, las llantas de la Harley son de 16 pulgadas de diámetro y las de la Victory de 17.

A baja velocidad, la Slim se maneja con soltura, por lo que acabamos de ver, por la estrechez de su banda de rodadura y por el menor radio de sus llantas. En carretera sucede exactamente lo mismo: cambiarla de un lado a otro es muy sencillo, y dicha operación puede hacerse con mucha rapidez, sin apenas esfuerzo, y eso que esta Harley pesa más de 300 kg, como la Hammer. El motor ayuda en carretera de curvas porque es todo ímpetu y empuje; y es que es un motor que destaca, sobre todo, por el par más que por la potencia.

La Victory es algo más costosa de mover a baja velocidad, por el enorme neumático trasero: el manillar se muestra más duro que el de la Harley y hay que aplicarse un poco más para tumbarla. En curvas más o menos cerradas sucede lo mismo: requiere una conducción en la que se combine el uso del manillar con el del cuerpo para meterla en la curva, algo que luego, cuando te acostumbras, es incluso divertido. En el paso por curva, en cambio, se muestra más firme y estable que su rival por eso mismo, por el neumático trasero, además de que sus suspensiones son algo más firmes que las de la Harley. El motor de la Hammer es puro nervio, es empuje a bajas vueltas y elasticidad arriba del todo, y de ahí en buena medida ese carácter deportivo que no nos cansamos de recordar.

Detalles que importan

Nadie podrá cuestionarle nunca a Harley-Davidson que no cuida hasta la obsesión la apariencia de sus motos. Llevar haciéndolas más de 100 años suele traer estas consecuencias. Victory, en cambio, es una marca relativamente

joven, pero como decíamos antes, a las prestaciones de su motor suma estilo y, cómo no, también apariencia.

La Slim, para empezar, lleva su cuadro de instrumentos encima del depósito de combustible, todo un clásico en este tipo de motos. A su derecha coloca el tapón de llenado del tanque, mientras que a la izquierda encontramos un falso tapón que hace las veces de discreto indicador de nivel de combustible. Todo muy bien conseguido.

La Harley incorpora, además, sistema ABS de serie, pero no lo apreciamos porque todo el dispositivo se halla oculto en el buje de la rueda, otro buen detalle. Los cables, los cromados… todo muy recogido y muy bien presentado. Su faro es redondo y de pequeñas dimensiones, como buena bobber, cediendo todo el protagonismo a la robusta horquilla con barras cromadas.

La Hammer en versión 8 Ball es la más básica y económica. Por eso ha perdido un disco de freno delante respecto a la Hammer S, aunque la 8 Ball no frena nada mal; casi tan bien como la Slim. El cuadro de instrumentos va colocado en su caso junto al manillar y es de pequeñas dimensiones. No ha sido esto impedimento, sin embargo, para dotarlo de indicador de velocidad insertada y de tacómetro digital, como el de la Harley. El faro de la Hammer presenta un estilo muy diferente, alargado y un poco más grande, que recuerda en parte el morro de los Mustang que se ven por la calle hoy día.

Coste

A la hora de decidirse por una u otra, seguramente el comprador se fije en un apartado tan importante como es el precio. No nos engañemos: algunas Harley no están al alcance de la mayoría, y la Slim es una de ellas. Se comercializa a partir de 20.250 euros. También es verdad que cuando compras una moto como ésta no estás comprando sólo un vehículo de dos ruedas; compras a la vez una marca y una filosofía. Una marca y una filosofía que no son cualquier cosa.

Ya hemos señalado que Victory no pretende parecerse a Harley-Davidson, que va por otro camino, y por eso el precio de la Hammer 8 Ball queda bastante alejado del de la Slim. Esta moto vale 14.900 euros, más de 5.000 euros menos que su rival. Es verdad que es muy difícil competir con una marca centenaria como Harley, pero no es menos cierto que Victory viene pisando cada vez con más fuerza y que Polaris, la casa madre, tiene depositadas muchas esperanzas en ella y le deja hacer. Una buena muestra de ello es la recientemente presentada Victory Judge, una cruiser muy al estilo europeo.

Pero de lo que no cabe duda, en resumidas cuentas, es de que el origen norteamericano de estas motos está ahí, y que son las marcas que mandan en el sector.

Harley-Davidson FLS Softail Slim

Cómo va en…
Ciudad
El centro de gravedad es bajo, como el asiento, el neumático trasero es estrecho, el radio de giro es corto, etc., así que su peso no repercute tanto en su manejabilidad. Buen tacto de frenos a baja velocidad y nobleza del motor en tales circunstancias.

Carretera
El dinamismo en curvas es muy bueno. Las suspensiones se emplean a fondo para que la moto no oscile ni se mueva de forma extraña al apretar la marcha (donde frena con solvencia).

Autopista
Muy cómoda, con una ergonomía muy cuidada y unas plataformas semiadelantadas sobre las que descansan las piernas, a la vez que la posición de conducción no afecta a la penetración aerodinámica tanto como en otras. Las formas del asiento monoplaza te acogen a la perfección. El consumo es correcto.

Solo +

Par motor

Frenada (ABS de serie)

Suavidad general

Diseño clásico

Dinamismo

Ergonomía

Solo –

Monoplaza de serie

Precio

Peso en parado

 

Victory Hammer 8 Ball

Cómo va en…
Ciudad
El neumático trasero de 250 mm de sección afecta a sus movimientos a baja velocidad. Por otra parte, gira bien y su dos en V es elástico, por lo que no hay que jugar con el cambio.

Carretera
Se muestra firme, con unas suspensiones algo más rígidas que las de la Slim. El balón trasero la hace a la vez muy estable. Requiere un tipo de conducción diferente, más con el cuerpo que con el manillar, pero ahí también reside parte de su gracia.

Autopista
No es tan ergonómica como la Harley, ni el asiento es tan acogedor, pero la posición de conducción es bastante natural. Las piernas no sufren y la resistencia aerodinámica no es un problema en torno a los 100 km/h. Consume algo más que la Slim.

Solo +

Elasticidad del motor

Estética

Suavidad de funcionamiento

Cruiser avanzada

Precio

Calidad de marcha

Solo –

Peso en parado

Lugar del pasajero

Maniobras a baja velocidad

Prueba publicada en la revista Solo Moto nº1890
Si quieres el número puedes pedirlo a nuestro departamento de suscripciones

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