Estrenando moto por el Bierzo y Picos de Europa
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Estrenando moto por el Bierzo y Picos de Europa

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Salí de Mallorca el domingo por la noche con el ferry de Acciona destino Valencia, lle­gamos al puerto a las ocho de la mañana y sin darme cuenta ya esta­ba en tierra para empezar la aventura. Era el primer viaje que realizaba solo, pues siempre había salido con amigos scooteros, pero había llegado la hora de probar un viaje solo, lo recomiendo, me ha servido de mucho.

Por la A-3 dirección Madrid, unas tres horas sin parar, estaba tan fresco y cómodo que habría podido llegar hasta Madrid, pero me paré cerca de Arganda de Rey para asearme y tomar un bocadillo de calamares y, ya que estaba cerca de una gasolinera, repostar.

Llegué del tirón a Monreal del Campo, donde paré a descansar y comer algo ligerito y a repostar, ya me quedaba poco para llegar al primer tramo, donde tenía una reserva en el hotel Aroi Bierzo, en la plaza Mayor de Ponferrada, una ciudad muy bonita y acogedora; vamos, que estuve como en casa. Eran las cinco de la tarde y ya estaba en la habitación. Pensé descansar pero como soy muy inquieto y tenía la moto a buen recaudo en un parking en la misma plaza, di un paseo por el casco antiguo hasta el impresionante castillo de los templarios, junto al río Sil. Tuve mucha suerte con el tiempo, ya que las previsiones eran muy buenas y la temperatura ideal, unos 15º. Estuve cenando en un bar junto al castillo, Casa las Bombas, donde degusté unos productos de la zona, una copa y a dormir. Me esperaba una rutita interesante.

Salí pronto por la mañana, por la carretera de Orense dirección Carucedo, me dirigía a Orellan, don­de hay un mirador desde el que se puede ver el impresionante paisaje de las Médulas, unas minas romanas patrimonio de la humanidad. El aire era superagradable, quería respirar muy fuerte y llevarme todo el aire a Mallorca, espectacular, no se puede explicar, hay que verlo.

Disfrutando de la ruta
 

Luego salgo dirección Orense y en el lago de Carucedo me voy en busca de la N-120, dirección Villafranca del Bierzo; muy buena carretera para enla­zar con la A-6 para llegar a Piedrafito do Cebreiro, subir al alto del mismo nombre, donde, en este lugar impresio­nante lleno de paz y a 8º, me tuve que tomar un caldito gallego. Después de un paseo subí al alto de San Roque, donde se divisan las montañas de Lugo, que bajan hacia Santiago de Compostela. Estoy en la ruta del cami­no de Santiago.

Después de un rato de bajada me paré en Piedrafita para enviar unas postales a mi amiga Pilar de Vol Ras, que le gusta recibir correspondencia de viajeros. Salí de correos y me fui hacia Astorga, unos 115 km por muy buena carretera. Me dirigía a Castrillo de Los Polvazares; vaya lugar bonito, nada de asfalto, todo piedra, prácticamente ningún coche, ya que es peatonal y algunas motos, como la mía.

Comí en Casa Coscolo, donde degus­té un cocido Maragato, un escandalo; al cabo de una hora no podía moverme, mi barriga parecía un balón de básquet. Después paré en Astorga, donde hice un par de fotos del precioso Palacio Episcopal, obra de Gaudí. Solo me que­daba irme hacia el hotel en Ponferrada y dejar pasar el día; al llegar visité el castillo de los Templarios, que está en bastante buen estado. En una hora está visto, me sobró tiempo para dar un paseo por la ciudad, incluso visitar el estadio del Toralín de la Ponfe, don­de me trataron estupendamente y me dejaron ver sus instalaciones.

Bellas vistas
 

Al día siguiente fui hacia la montaña, muy buena carretera, hasta Villablino, luego la carretera se estrechaba un poco, para así llegar a Piedrafita de Babia, menos árboles pero todo muy verde. Me dirigí hacia el puerto para entrar en Somiedo, parque nacional, donde las espectaculares vistas no se pueden explicar. La carretera no era tan buena, supongo que el asfalto sufre las inclemencias del tiempo; en el puerto de Somiedo estaba a 1.486 m. Pasé por el pueblecito de La Peral, parecía de un cuento, con caballos sueltos en la carretera y, por cierto, da nombre a un queso azul típico de la zona. Me dirigí hacia Pola de Somiedo, estaba solo en la montaña, aparte de los caballos no había nadie más, qué gozada, a mi aire, ni muy deprisa ni demasiado despacio.

Voy dirección puerto de San Lorenzo, 1.347 m, para luego bajar por el desfiladero de Teverga, carretera situada en medio de unas paredes enormes de rocas hasta llegar a la zona donde está la senda del oso y llegar a Proaza, pueblo muy tranquilo y muy bonito. Hice una parada para visitar la casa del oso, pero la suerte no estaba conmigo y ese día estaba cerrada. 

Toca volver
 

Ya voy hacia Oviedo, la carrete­ra sinuosa y los colores de la zona espectaculares. Al llegar a los lagos de Covadonga tuve que reponer fuerzas con una exquisita fabada regada con una botellita de sidra, una gozada. De bajada me paré en la basílica para visitar a la Santina de Covadonga y finalmente llegar al hotel.

A la mañana siguiente, el día estaba muy nublado, había llovido por la noche. Fui hacia León por el puerto del Pontón por el desfiladero de los Bellos, donde paré para hacer varias fotos, es precioso. Llegando a la localidad de Oseja de Sajambre, sentí un ruido extraño en la rueda trasera, subí el puerto y me paré a mirarla, tenía un cla­vo enorme, quizás tengo suerte y aguanto hasta un taller.

Llegué a Riaño, un lugar espectacular, con su pantano enorme, no sabes hacia dónde mirar, cualquier foto es muy boni­ta, es tan enorme, que hasta hay barcas y un yate fondeado. Sigo hacia Boca de Huergano y por fin llego a Guardo, donde vi un taller de Euromaster y un joven muy amable me quitó el clavo. Por suerte no había pinchado, no me quiso cobrar, le quise invitar a merendar, dijo que tenía trabajo; vamos, un profesional.

Ya más tranquilo y por carreteras más aburridas, con rectas de hasta 8 km, enlazo con la A-6 hasta Osorno, Palencia y Valladolid, donde hice una pasada por el centro de la ciudad para comprobar lo bonita que me habían dicho que era, no se equivocaron. Continué hacia Segovia, donde me hospedé en hotel Don Felipe, cerca del Alcázar, muy recomendable. Por la tarde di un paseo por la ciudad, cené en casa José María, de donde salí muy satisfe­cho, tanto por la comida como por el trato del personal –de ahí la fama que tiene–, luego descanso y dormir.

Último día de ruta, estaba preocupado por lo del clavo, la rueda trasera perdía algo de aire y solo ansiaba ver la moto en el parking. Salí hacia la granja de San Ildefonso, donde paré a repostar, y subí el puerto de Navacerrada, 1.880 m, donde me sorprendió el consumo 4,1l km. De bajada me paré en Tres Cantos, para visitar un departamento comercial de la casa alemana Carl Zeiss, estuve un rato saludando a unos amigos, uno de ellos motero, que tiene una Guzzi.

Continué dirección Valencia por la M-40 para enlazar con la A-3, de la que salí para repostar en Honrrubia y comer en un bar de carretera. Otra vez en la A-3, antes de llegar a Valencia me paré en el circuito Ricardo Tormo, iba sobrado de tiempo, luego hacia el puerto y esperar el ferry que me devolvía a Palma, para volver a la realidad.

Un viaje estupendo, sin prisas, con un comportamiento de la V-Strom 650 estupendo, la recomiendo, y un consu­mo de 110 euros de gasto en combus­tible en casi 2.400 kilómetros. Ya escri­biendo estas letras estoy pensando en la ruta del año próximo…

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