Escapada motera de Cantabria a Asturias
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Escapada motera de Cantabria a Asturias

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Ya cargado, parecía que iba a cruzar el conti­nente, los primeros kilómetros discurren por la A8 en dirección a La Cavada, donde pasamos por la famosa portada de Carlos III, que era el antiguo acceso a la Real Fábrica de Artillería allá por el siglo XVII y ascendemos a San Roque de Riomiera hacia el primer puerto de la jornada: El Caracol (815 m). Con un asfalto impecable, coronamos sin más e iniciamos el vertiginoso descenso hacia la localidad de Selaya, que junto con Villacarriedo son los núcleos principales de la comarca y don­de podemos degustar las típicas quesadas y sobaos pasiegos.

Afrontamos el segundo puerto, La Braguía (720 m). Las marcas de frenada en la carretera atesti­guan la subida del Campeonato de Montaña. El buen asfalto y paellas es la tónica hasta coro­nar. La F 800 GSA asciende pausadamente. Naturalmente, es imposible aquí seguir a una deportiva bien llevada o una lige­ra supermotard, pero mi trail me lleva más cómodamente y con menos estrés, ¡seguro! 85 nobles CV y un ancho manillar me son suficientes para disfrutar.

Bordeamos el pantano del Ebro por la CA-171, entrando por Corconte y saliendo en Reinosa. No tiene mucho misterio atra­vesar Reinosa hacia Espinilla. En esta localidad giramos a la derecha para tomar la CA-280. Pasamos la localidad de Fontibre y el bello enclave del nacimien­to del Ebro. Pronto aparece el cartel de puerto de Palombera (1.257 m) y nos adentramos en la Reserva Natural del Saja-Besaya.

El asfalto se encuentra en buen estado. Me detengo en la cima del puerto y realizo unas cuantas fotos de las magníficas vistas. Si unimos a la moto otras de mis afi­ciones, como son la fotografía y el arte, los viajes o salidas se pue­den convertir en eternos. Pero aún queda mucho camino por recorrer hasta llegar a destino: Potes, y luego buscar un cam­ping, así que no nos podemos entretener mucho.

Rápido es el descenso hacia la localidad de Valle, pero al poco de iniciarlo encontramos a la derecha el llamado Balcón de la Cardosa, con unas vistas espec­taculares. De nuevo, el paisaje obliga, nos detenemos. Hacemos unas fotos y continuamos cami­no. Antes, nos desviamos hacia el pueblo de Correpoco, curioso topónimo, y aprovechamos el desviarnos de la ruta principal para continuar unos 15 km más hasta llegar al pueblo de Bárcena Mayor. Típico pueblo en el que parece se haya detenido el tiem­po. De hecho, está considerado Conjunto Histórico-Artístico des­de 1979. Se trata de un conjunto de casas montañesas de dos plantas con soportal en la parte inferior. Todas muy bellas, sin duda. Aquí me detengo a comer y visito el pueblo.

Abandonamos Bárcena Mayor y accedemos enseguida a la ruta principal para seguir hacia CA-182, al collado Carmona (611 m). Puentenansa es la siguiente localidad y una vez pasada nos llevará al collado de Ozalba (556 m). En su descenso, aparece Sobrelapeña y un poco más adelante, a pie de carretera, nos encontramos con la iglesia románica de Lafuente (siglo xXII) de gran belleza. Nos detenemos, naturalmente, para contemplar este magnífico edificio. Llegamos al pueblo de La Hermida, que da nombre al desfiladero, y giramos a la izquierda para tomar ruta hacia Potes.

Llegamos a la localidad a media tarde después de casi ocho horas de moto. Poco después nos instalamos en el camping San Pelayo, una magnífica insta­lación. Aquí pasamos una noche y al día siguiente emprendemos viaje hacia Asturias y, en concre­to, hacia Cudillero. Pero antes debemos desmontar el chirin­guito. Las motos amanecen con una rociada espectacular, pero el sol, según avanza la mañana, las saca de esa “edad de hielo”.

Continuando la ruta
 

Son cerca de las 12 del medio­día cuando emprendemos viaje hacia la localidad de Riaño por el puerto de San Glorio (1.609 m). Antes, durante el ascenso, hace­mos una foto de grupo, así como con el embalse de Riaño como fondo, y de nuevo al manillar para ir en dirección a Cangas de Onís por la N-625, el puerto del Pontón (1.280 m) y el desfiladero de los Beyos. Llegamos a Oseja de Sajambre, con un día real­mente agotador (meteorológica­mente hablando), con tempera­turas que en ningún caso bajan de los 32ºC, y nos detendremos un momento para rehidratarnos y descansar algo. Abandonamos esta localidad dirección Cangas de Onís, donde pararemos a comer.

Con el sol cayendo a plomo, nos acercamos hasta Arriondas, ya que algunos de los compa­ñeros deben repostar. El nivel de combustible de la F 800 GS Adventure aún no baja del pun­to que indica medio depósito. No obstante relleno, pero no lo hubiese necesitado, al menos por el momento. Otra cosa sería de cara a afrontar el viaje de vuelta.

Hay ganas de llegar a destino (Cudillero), así que circulamos unos kilómetros por la N-634. El tráfico es muy intenso y en una parada a pie de carretera decidimos coger la autovía y enlazar posteriormente con la Y asturiana dirección Avilés-La Coruña. Aquí, a los preceptivos 120 km/h el motor va a unas 5.000 vueltas –bastante lejos de la línea roja (señalada en las 8.500 rpm)–. A este conservador ritmo, la GSA habría seguido muchísimos kiló­metros más, tanto como su auto­nomía da de sí.

Llegamos a Cudillero y al cam­ping L’Amuravela. Un bien mere­cido baño en la piscina da por finalizada esta jornada. Hemos necesitado dos días y casi 500 km para llegar hasta aquí. En Cudillero, preciosa villa mari­nera, disfrutamos de dos días de estancia y nos olvidamos de rodar durante este tiempo. Disfrutamos de la localidad, sus paisajes o su cultura, como del conjunto palaciego de Los Selgas (el conocido como El Pito). De claro estilo versallesco son sus bellos jardines bellos. Para un historiador de arte como el que esto escribe, la contemplación de estos edificios es un disfrute.

Pero todo se acaba. Regreso junto a un compañero que va con su Triumph Tiger 800. Alternamos nacional y autovía. A ritmo tranquilo, no hay prisa. A eso de las 16 h, entraba en casa. Han sido un total de 820 km recorridos y disfrutados del primero al último. El resto del grupo sigue en ruta hacia tierras gallegas… pero eso, naturalmente, ya es otra historia.

La F 800 GSA se ha comportado magníficamente. Con un consumo realmente bajo como he señalado y la comodidad y protección en mar­cha… ¡así caigan los kilómetros!, ¡qué grande eres, pequeña!

Gracias a los compañeros por tan­tos buenos momentos. V’s.

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